Él tiene sus rarezas y contradicciones, su ciclotimia intermitente, su encanto involuntario, sus días de mierda, tonterías y exigencias.
Él sabe cómo, cuando y dónde, sabe estar sin estar y que no se note, hablar sin decir y que no importe.
Por precaución, sostiene tu mano sin capturar el alma.
Te muestra el camino y deserta. Existe sólo a medias.

Puede parecer meditado, estudiado al detalle hasta alinear los astros y hacer coincidir la primera palabra del crucigrama con ése nombre tan nuestro, una clave tan propia y tan privada como la historia que cuenta lo tonta que he sido, cruzada de brazos, de cemento los tobillos…

Él es la causa perdida y la más temida consecuencia.

Valentina Malezaimage

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