Llegar descalza a casa, respirando lluvia, calando olores… amontonándose las cosas pequeñas, de las que inspiran canciones.
Llegar a casa descalza y perversa, de saber que son sólo mías todas éstas anécdotas.
Mías y vuestras, pero sólo a medias, como la media sonrisa cuando, sin hablar, las miradas pesan.

Llego a casa descalza, siendo yo sin morir en el intento, abriendo las aguas como antes otros las abrieron, sintiéndome libre, sabiéndome guapa, resurgiendo de lodos que ahora son playas…

Algo ha cambiado y tal vez me calce, por vicio… Pero la huella que dejo ésta vez en la arena cuenta una historia que no va a borrarla ni la más alta de las mareas, ni la más trágica de las escenas.
Guardo éstos días como un alquimista, enfrascando detalles que seguro bañaré en tinta.

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Valentina Maleza

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