La miraba como se miran las nubes en verano.
Era un capricho reciente, ella sabía su suerte y se dejaba llevar.
Él era la brisa que se cuela por debajo de tu falda, ya sabes, un beso tonto, un teléfono que suena en mitad de la noche, la canción que pones siempre al subirte al coche… una moneda al aire.
Ella, una cara bonita y poco más.

Sabía de sus momentos tristes, sus malas costumbres, sus días de mierda…
Lo sabía y la seguía mirando como se miran las nubes en verano.
Se le antojó cuidarla.
Se dejó contagiar por su manía de hacer en cada momento lo que más le apetecía, eso de ser hoja arrastrada por el viento. Llamaba a las cosas por su nombre y vivía sin miedo.
Sabía que sería ella la que el corazón le comiera con dientes de leona y se dejaba hacer.

Y si dura la vida un rato, puedes de una puta vez, dejar de mirarla como si fuera tuya la desidia que desprenden sus palabras al caer?

Sólo mírala como se miran las nubes en verano y busca en sus formas la que más te guste ver.

Valentina Maleza

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