Éstos ojos dicen a pies juntillas lo que les dicta el alma, en un brote de sinceridad dantesco que me convierte en la mala de todos los cuentos, de narradores ebrios, casi siempre y, pese a ser muy amiga de la ironía, me molesta sumamente la hipocresía que se te escapa entre los dientes.

Eres tu propia caricatura.
Adicta a los elogios, te vendiste a cualquier precio y parece que tienes lagunas, tontuna, así que te recuerdo que todo aquello de lo que presumes te fué cedido, heredado o reconstruido, que los principios y valores no son sólo cosa de pobres y la vida es algo más que botox y ginebra.
Tu tienes cien bolsos, pero yo tengo más calle y eso no hay quirófano que lo cambie, te lo aseguro.

No pretendo engañar a nadie con caras angelicales ni pomposos planes; se me ve venir de lejos y deberías agradecerlo, pues es un regalo la transparencia, justo lo opuesto a tu dedicación por guardar las apariencias.
Las cosas son bonitas porque son como son: sin artificios, sin trampa ni cartón… y a esto juego con ventaja, señorita.

Mi suerte te irrita, a mi me aburre tu discurso de reina destronada…. Que pesada.
Cada fin de semana, con dos copas de más, la misma cantinela que sólo revela un preocupante y bochornoso narcisismo que, si no te lleva al abismo, te llevará a mi, que es casi lo mismo.

Si hay dos mundos opuestos tienen que ser los nuestros, cada vez más, y yo que me alegro.

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Valentina Maleza

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