He vuelto a soñar que salía al parque que se ve desde la ventana de mi habitación. Saco al perro y dejo que corra y juegue, arriba, en el cesped, con otro montón de chuchos hiperactivos.
Estoy de pié tratando de evitar que mi mascota fecunde a todas las hembras del barrio cuando en mitad de ese caos de ladridos y cortejo canino, se hace el silencio.
Frente a mi se han sentado un galgo y un carlino. Quietos los dos, uno al lado del otro, me miran fijamente a los ojos.
De pronto el galgo se inclina y engulle a su gracioso amigo de un solo bocado. Veo bajar la silueta del carlino como si se tratase de una anaconda en vez de un perro raquítico de mirada triste y aspecto vulnerable. Resultó que además de parecerlo, estaba realmente muerto de hambre.
Me despierto gritando, avisando al dueño, mas fascinada que asustada y tan convencida de que nadie va a creer lo que alli acaba de suceder, que sólo quiero desaparecer.
Cuando abro los ojos veo desde la cama el parque al otro lado de la ventana.

Anuncios