Se ha originado un conflicto con un vecino desocupado que no deja de incordiar. Insiste en que saque de ahí el sofá que dejé en el rellano hace un par de días, en un rincón al que nadie accede porque huele a humedad. Estoy haciendo la mudanza que va a cambiar mi vida y en casa, con tanta caja, no me cabía. A los diez minutos de dejarlo allí para empezar a empaquetar, ya tenía una nota pegada con celo en la entrada, otra en el ascensor y otra en el portal. El mismo mensaje en las tres con tres enormes firmas escritas con tanta rabia que casi atraviesan el papel.

Justo en éste momento llama al timbre este elemento.
Hoy tengo un humor de perros. Si salgo y abro….

He salido y si llego a saber que le falta un hervor, no abro aunque lo pidiera de rodillas y por favor.

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Estaba llamando a la puerta como si no hubiera un mañana. He abierto, de pronto, con cara de pocos amigos, le he mirado de arriba abajo y lo he visto tan enervado que he tenido que aguantar la risa apretando muy fuerte los labios.
Presiento que éste amargado viene a descargar sus fobias conmigo.
Como estaba gritando, le he dicho que se calmara, que el viernes me voy y me lo llevo todo.
No me escuchaba y seguía gritando así que he levantado una ceja, he puesto cara de asco y de un portazo me he despedido a ver si así conseguía callarlo.
Sigue gritando con todo lo que dan de si los pulmones mientras subo las escaleras.
Desde mi habitación sigue llegando su verborrea de funcionario frustrado así que he vuelto a bajar y le he pedido que se vaya a casa y se compre un perro o se busque un amigo pero que deje de pagar su infelicidad conmigo.

Si no tiene otra cosa que hacer más que pasarse el día saliendo al rellano a oler un sofá, será que está muy aburrido. Ha enfurecido.
Haciendo aspavientos con los brazos y con las manos, me miraba por encima de sus gafas de alambre, fuera de sí, con ése ridículo peinado, pasillo arriba, pasillo abajo, hablándome del sofá. Que exagerado.

– Que si, que mañana lo quito!. Búscate una afición más entretenida que salir al rellano a oler un maldito sofá.!

He tenido que gritar mucho yo también para hacerme oír.
Me ha dado la risa al verlo tan ofuscado por un sofá en un rellano.
Dice que huele mal, pero si yo cierro la puerta, al momento, él la abre y sale a oler el sofá en vez de obviar su existencia y hacer su vida en caso de tenerla.
¿Qué le importará lo que haya detrás de esa puerta que siempre había estado cerrada?
Es curioso la importancia que le dan algunos a éstas cosas mundanas.
Amenaza con vengarse de mi incívica conducta haciendo no sé qué clase de gamberradas. Cuanta ira contenida aquellos que toman tan en serio éstas tonterías.
Un metro cuadrado de suelo comunitario en un rincón aparcado un sofá, no me parece motivo para venir a casa a montar este escándalo sin sentido alguno, como un energúmeno, pasillo arriba, pasillo abajo.
Si me pone a prueba, va a saber quién soy y de lo que soy capaz si se me provoca así que espero que se tome este asunto con más calma, cese en sus amenazas y ocupe su tiempo en otras cosas más interesantes que la ubicación de esa vieja reliquia tapizada en un gris oscuro que, por cierto,combina con la baranda porque, a mi, él, aún no me conoce a las malas.

He estado liada viviendo mi día a día, leyendo, escribiendo, enamorándome un poquito, aprendiendo, creando, creciendo… en fin,  haciendo las cosas que hace la gente cuando, además de estar viva, también lo parece.

La culpa de éste entretenido desencuentro vecinal la tiene un viejo sofá que ni entiende de guerra ni entiende paz. He perdido casi tres cuartos de hora de mi vida abriendo mucho los ojos, alucinando en un rellano, viendo al funcionario pasillo arriba, pasillo abajo y la verdad es que me ha gustado.
El viernes me voy y el sofá se lo dejo de regalo.

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