Qué sabrás tú de amor, si te arde todavía la nostalgia entre las piernas. 

Qué sabrá ella de cuantas veces me he forzado a sonreír por no darte a ti el gusto de ver las cicatrices que dejaron nuestras guerras civiles. 

Escondías todas tus sirenas de piernas de neón en una habitación a la que también a mi me invitaste. 

Aún no sé si me quisiste o eso también te lo inventaste.

Tú y yo conocemos nuestras verdades universales; las que duelen y las que curarían todos los males.

El tiempo cura o tortura según quien lo gaste.

 Tu jugaste a hacer arder las horas en mis muñecas y ahora pretendes también borrar mis letras, tus huellas dactilares, la memoria… toda un historia.

Dicen que todo pasa por algo. 

A mi, el rencor me dio el valor necesario para escribir desde lo más profundo de mis ovarios cuando la otra opción era agachar la cabeza y dejar que bailaras sobre mi tejado.

Entraste en mi cama con los pies sucios y te llevaste después las sábanas. 

Hiciste con ellas el disfraz de fantasma que llevas puesto en ésas fotos en blanco y negro. 

Te regalo las sábanas y me quedo con los recuerdos .

No te voy a olvidar porque quiero pensar que en algún momento fueron verdad tus miradas de cordero degollado.

Sé, de tu propia boca, que aunque te vayas lejos me sientes muy cerca. 

 El rencor me dió el valor y el tiempo me dió la fuerza para aceptar mi error, asumir las consecuencias 

y usar el dolor para levantar y reconstruir los castillos de arena que, contigo, se elevaron, temerarios, 

en días de viento sobre cimientos de plastilina.

Qué sabrá ella de nuestras promesas y nuestros secretos. 

Qué sabrá ella de amar con los ojos abiertos si no estaba allí, entre nuestros cuerpos.

@valentinamaleza

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