Como a un gato asomado al trampolín de una piscina olímpica,

 teme mi pequeño mentiroso que alguien abra los ojos y, con sus últimas reservas neuronales,

 entienda que ella y yo somos iguales.

Yo sólo tarareo verdades. 

Ya le regalé las sábanas y me quedé con los recuerdos. 

Ya bailo en otros tejados.

A mi ya no me tiembla el pulso, ni me duelen las costillas de tanto amar en dirección prohibida.

Hace tiempo que soldaron los huesos rotos y, hasta hace poco, tú no eras más que un secreto muy bien guardado. 

Por si un dia se arrepentia y le apetecía retomar la historia donde la había dejado.

Qué sabrá de amor si, cada vez que le olvidaba, aparecia y desmontaba mis planes de vida

 para asegurarse de que me tenía donde quería. 

Ahora se retuerce al leer porque sabe que como me quiso a mí, nunca volverá a querer.

Te llega envuelto en celofán.

Te lo puedes quedar.

Te lo regalo.

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