Éste 2016 fué un frotarse los ojos con las manos al despertar de un largo letargo, tomar conciencia de la velocidad a la que se mueve el planeta en el infinito espacio, “sentir el corazón lleno de arena”, gastar toda la tinta ahogando en ella las penas y meterlas todas en una botella que lancé al Atlántico.

Como directora de mi propia película basada en hechos reales, puedo decir que éstos trescientos sesenta y cinco días han sido una revelación , doce meses de transformación, unas pupilas acostumbrándose a la luz… un año de mierda al fin y al cabo .

Pero de la mierda siempre se aprende o se crea algo.

Un año y medio encerrada en una buhardilla fué una parálisis en el corazón, un incendio, una explosión en el pecho cuando la casa estaba en silencio.

Los recuerdos dolían, las paredes se agrietaban, el suelo se abría y pude ver de verdad cuanta oscuridad aguarda allí abajo.

Cientos de cuervos negros me sobrevolaban, una manada de hienas me seguía a todas partes y fué un arte olvidarte, una suerte salvarme y casi un milagro salir del barro agarradita a aquella rama.

Hubo también un par de terremotos y un tsunami entre la cocina y el comedor. Una sombra habitaba en el pasillo y ni en el espejo más grande de la habitación lograba yo encontrarme cuando más me necesitaba.

Un desastre merecido, un ceño fruncido , una cojera, un desequilibrio…  una cicatriz que luciré para siempre con orgullo de excombatiente.

Y me despedí de mí tal y como me conocía , amaneciendo un día como si fuera el primero. Y me corté el pelo y me dejé las venas largas y , mientras crecían, yo renacía y me despedía a la vez.

Era como un pez fuera del agua que empezaba a pudrirse en su pecera. Si aquel no era mi sitio , habría alguno que lo fuera.

Volví a empezar, hice las maletas, guardé el miedo en el segundo cajón de la izquierda y en dos horas y media aterrizaba en otra ciudad .

Otra realidad y distintos colores.

Ni por un segundo esperé que alguien me entendiera. Sólo los locos y los suicidas dan un vuelco así a sus vidas sin despeinarse y, tras año y medio en aquella maldita buhardilla , poco importaba que me pidiesen de rodillas que me quedase.

Han pasado ya varios meses desde aquella resurrección que fué la mejor decisión que jamás tomase.

Podría ser normal pero tengo sueños por alcanzar  y, aunque no lo lograse, prefiero morir en el intento a ser la oveja que siguiendo al rebaño perdió de vista el firmamento.

No ha nacido pastor a cuyas normas yo pudiese acostumbrarme y yo no he nacido para agachar la cabeza y conformarme.

Así como mis rizos crecen, salvajes, hay algo de indomable en mí y renací el día que al fin hallé el coraje, ” fui loba y quebré con el rebaño hastiada del llano”.

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