He ganado la medalla a la más tonta y la luzco con orgullo.

Tantas horas, tanto insomnio, tantos planes, tanto jugar con fuego… tantas mentiras al fin y al cabo.

Éste es mi premio y me lo he ganado por cerrar los ojos y creer en los finales felices sin haber curado aún las cicatrices de un pasado muy presente.

No tengo dos dedos de frente.

Hay que ser muy torpe para volver a tropezar con la piedra que yo misma puse en el camino.

Yo que presumía de manejos felinos en esto que algunos llaman amor y es solo una trampa, sé que he sido valiente por hacer frente a lo que sentía aunque de valentía murieron ya unos cuantos.

Soy la más tonta y puedo gritarlo si me apetece.

No me miré al espejo antes de salir de casa y así olvidé mi forma y mis circunstancias y salí a librar esta batalla sin escudo, sin espada… sin sentido.

Antes de llegar, ya la había perdido.

Pero luzco orgullosa mis galardones porque almenos tuve los cojones de perderle también el miedo a las verdades.

He sido muy poco avispada al quedarme atrapada en una mirada que ya conocía.

He sido muy tonta y, además, repetiría.

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