He vuelto a comprar La Elegancia del Erizo.

No he podido evitar cogerlo de la estantería en la que permanecía, por su apariencia, desde hacía largo tiempo a la espera de ser leído.

Cada vez que ha caido en mis manos, Muriel Barbery me ha acompañado dia y noche, a sol y a sombra, a todas horas, a todas partes.

Estoy devorando cada página como el primer día y siempre hay un fragmento que quiero subrayar.

…”a fin de cuentas, quizá la vida sea eso, mucha desesperación pero también momentos de indescriptible belleza, donde el tiempo ya no es igual.
Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo… un siempre en el jamás. (…)
A partir de ahora buscaré los siempre en los jamases.
La belleza de este mundo”

Y en ello estoy.

Hoy que he perdido un poco el norte y la esencia, voy a dedicar mi tiempo a dejarme absorver, como tantas otras veces, por esta mujer a la que admiro por hacer que olvide que a mi alrededor hay un ligero hedor a hipocresía.

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