He conocido suficientes cobardes como para dudar de nuestra especie y tirar la toalla, maldecir un millón de veces sus huesos, ser impaciente, apretar la mandíbula hasta perder los dientes…

Ahora quiero conocer valientes que me acompañen todas las lunas crecientes como si fuera la primera, que sean capaces de pasar la vida entera bailando al ritmo de unos latidos que no sean los suyos, que puedan mirarme y ver lo que hay dentro, que no lleven una duda tatuada en la frente, que coincida lo que dicen con lo que sienten, que pueda tocar la verdad con mis manos al tenerles cerca, que me hagan reír cuando me pongo terca, que sean de arena y de viento cuando la mediocridad hace acto de presencia y busco el arte en todas partes para que me salve de ser como el resto.

Yo también era capaz de hacer hasta seis cosas imposibles antes de desayunar y no he perdido las ganas de conseguirlo.

Porque no soy la sombra de lo que fuí pero no me rindo.

No voy a desperdiciar mi tiempo con cualquiera y sé que encontraré la manera de volver al punto de partida, de ser mi mejor amiga… De no maldecir sus huesos.

He conocido tantos cobardes como estrellas hay en el cielo una noche de verano a las afueras, pero volveré a ser quien era y habrá valientes que me acompañen sin mentiras que empañen el cristal tras el que escondo una fragilidad que pocos intuyen.

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