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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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alter ego

Un aplauso para todos los tontos felices.

Se dicen tantas cosas…
Se habla por hablar o por joder, según cuando y con quién y si no se sabe, se inventa, que aguantaremos lo que venga, antes, durante y después de la tormenta.
Se juzga mucho y se folla poco.
Cada pobre diablo con su propia verborrea sigue al rebaño sin pena ni gloria.

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Dicen que hay un peaje a pagar para llegar a molar.
Será la identidad ése peaje pues desde aquí, en fila india, las veo a todas iguales; las mismas melenas recién planchadas, las mismas puntas decoloradas, la misma ropa, idénticos zapatos, la misma cara de nada, morritos en las fotos, tatuajes clonados, selfies en el baño y hasta escuchan la misma música, la que esté de moda, la que forre más carpetas, la que puedan bailar borrachas en las mismas discotecas.
Es como un virus esto de la moda y si te infecta, va directo a tu identidad y te la roba y así en fila india no las distingo ni les pongo nombre a ninguna de ellas.
Se habla por no saber cada uno reconocer sus propias mierdas.

Mi reflejo en una tapa de yogur recién lamida.

Paró la música y me quedé sin silla.
Hoy, desde aquella muralla china con francotiradores apuntando a mi intuición femenina, me declaro un corazón insolvente.
Aquí dejo el arco con casi todas las flechas.

Renuncio también a mis privilegios por ser tu talón de Aquiles, abdico de mis funciones como amante intermitente y me voy sin romper ningún espejo, sin malgastar un sólo minuto más de mi tiempo en pedir, hasta en coreano, más peras al olmo.
Me despertaste y ahora soy un murciélago sin farola.

Todo terminaba en puntos suspensivos en una duda constante, un problema de identidad delirante que se colaba de cama en cama.
Estoy buscándome y sé que tengo que estar por aquí cerca.
Hubo un antes y un después de aquella tarde y habrá un a continuación del desastre.

El cenicero hasta arriba, mi reflejo en una tapa de yogur recién lamida, la taza que alguien me regaló cuando sus neuronas seguían activas y un teléfono al que no llamar en caso de urgencia.
Vuelvo siempre, por inercia, a pedirle a Robin que haga de Batman, a esperar que se cumplan promesas que no valen nada, como dirían Los Piratas en una canción que tomé prestada cuando lo que más me apetecia era salir a la calle armada.

Paró la música y me quedé sin silla pero donde hubo acordes siempre sonará la misma maldita melodía.

Valentina Maleza

Pesada.

Éstos ojos dicen a pies juntillas lo que les dicta el alma, en un brote de sinceridad dantesco que me convierte en la mala de todos los cuentos, de narradores ebrios, casi siempre y, pese a ser muy amiga de la ironía, me molesta sumamente la hipocresía que se te escapa entre los dientes.

Eres tu propia caricatura.
Adicta a los elogios, te vendiste a cualquier precio y parece que tienes lagunas, tontuna, así que te recuerdo que todo aquello de lo que presumes te fué cedido, heredado o reconstruido, que los principios y valores no son sólo cosa de pobres y la vida es algo más que botox y ginebra.
Tu tienes cien bolsos, pero yo tengo más calle y eso no hay quirófano que lo cambie, te lo aseguro.

No pretendo engañar a nadie con caras angelicales ni pomposos planes; se me ve venir de lejos y deberías agradecerlo, pues es un regalo la transparencia, justo lo opuesto a tu dedicación por guardar las apariencias.
Las cosas son bonitas porque son como son: sin artificios, sin trampa ni cartón… y a esto juego con ventaja, señorita.

Mi suerte te irrita, a mi me aburre tu discurso de reina destronada…. Que pesada.
Cada fin de semana, con dos copas de más, la misma cantinela que sólo revela un preocupante y bochornoso narcisismo que, si no te lleva al abismo, te llevará a mi, que es casi lo mismo.

Si hay dos mundos opuestos tienen que ser los nuestros, cada vez más, y yo que me alegro.

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Valentina Maleza

Ella también se tatúa libélulas negras.

Ella también se tatúa libélulas negras por todo el cuerpo, deja mensajes secretos en los espejos, se hace el amor a versos…
Nunca siguió un rumbo concreto y va a la deriva varios metros por encima del resto.

Siempre confundió el hambre con las ganas, sabe que donde pone el ojo, pone la bala, sabe de casi todo, casi nada y se inventa el resto.

Es el centro de todas las miradas y da por hecho que en ésta vida eres lo que haces justo en este preciso momento.

Podrían llegar a parecerse, las más osadas, en un absurdo intento de abrir las alas y darse al viento una mañana clara.

Podrían sólo parecerse y nada más.

Te habré contado alguna vez, que tengo un lado siniestro, como todas, que paso mucho tiempo a solas y en un gesto heroico, en ocasiones, me dejo ver por los bares con la intención de mezclarme con otras personas.

No le gusta la gente, pero ella también se tatúa libélulas negras por todo el cuerpo, pierde a propósito el norte, infringe las normas de su propio universo paralelo…

Valentina Maleza

Qué bonita eres, coño!

Soy muy bonita. Más que la mayoría, según mi madre; más que ninguna, según mi abuela y del montón tirando para arriba según mi hermana, que le cuesta un piropo la misma vida y de las guapas es ella la que más.
Soy bonita, como todas.

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Soy de las que sale de casa sin intención de comerse el mundo, sólo con un saquito de ilusión parvularia y varias capas de paciencia infinita, sabiendo que todo llega, que se trata, sobre todo, de abrir bien los ojos, de estar atenta a los cambios y de practicar ese egoísmo suave y traslúcido que separa la lealtad y el compromiso del más puro y opaco egocentrismo.
Soy bonita cuando río y cuando lloro, siendo en cada momento tan real, coherente y oportuna como frágil, transparente e incontrolable.
Soy bonita porque sí, porque soy, que ya es mucho.
Es bonita la que enamora por lo que calla, la que mira fijamente y se ahorra el discurso, la que se sabe especial, la que se guarda un as en la manga y nunca lo saca.
Soy bonita porque soy de verdad … Y las cosas son bonitas porque son como son.

Mis mierdas.

Yo también tengo mis mierdas.

Soy la calma y la tormenta, alérgica a la rutina, coleccionista de historias, tan real como imperfecta.

Una hija de vecino, con mis miedos y rarezas.

Tal vez una loca del coño, tal vez seas tú el demente… Siempre nos quedará la duda, como el final de todos aquellos libros que nunca llegué a leer y con sus tres últimas páginas hice aviones de papel.

Tonta mía.

No te has dado cuenta, marinera, que no hay apartada orilla, que aquí no se juega a nada, que sólo apuesta el que gana, que hay silencios imperturbables, corazones inalcanzables y besos que no pueden esperar a mañana?

No te has dado cuenta, alma de cántaro, que el cerebro se deja en casa, que las ideas no se regalan, que hay mucha hiena entre el rebaño y aunque guardes tus secretos como oro en paño siempre hay un tonto en cada esquina, seres de mediocridad divina, que ocupan todo el día a ocultar su inanición y su naturaleza mezquina?

No te enteras, tonta mía, que se exhibe la hipocresía y se castiga todo aquello que molesta o incomoda pese a ser tanto o más cierto y hablar bajo juramento no te va a garantizar que se pueda eternizar en el tiempo tu verdad.

Nos fabrican en serie y te matarán de aburrimiento.

Valentina Maleza

Me comprometo a:

 

  • Perder la moralidad cada vez que el egoísmo llame a mi puerta.
  • Dar la importancia justa a cada embrollo, solucionable o no.
  • Leer la letra pequeña de las promesas y compromisos adquiridos tan frescamente por terceros.
  • Ceder un 40% de mi capacidad cerebral al subconsciente mas impulsivo, dándole total libertad de maniobra.
  • Vivir en pecado tanto cómo la ética me permita.
  • Amortizar la libertad que te da una mala reputación. (Benditas malas lenguas).
  • Provocar.
  • Desesperar.
  • Desquiciar.
  • Enamorar.

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