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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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El verano de los valientes.

Voy a contarlo.

Escritora frustrada en paro, futura madre soltera y actual embarazada confusa y asustada, residente en Palma mientras echa de menos Marruecos con toda su alma.

Esa soy yo.

Mi barriga es un milagro con el que no contaba y aún a estas alturas me cuesta creer que sea verdad. Pero es MI milagro y he decidido afrontarlo sola.

Aquí estamos, a por todas.

Tengo el tiempo justo para crear el mundo al que quiero verle llegar mientras veo mi cuerpo cambiar muy rápido y lucho contra mis hormonas para evitar que la inestabilidad emocional se interponga en mis planes.

Ardua tarea.

Es cierto que el embarazo es una experiencia única aunque de idílica no tenga nada y sé que muchas me vais a entender.

Y si no es así,  ya lo haréis…

Porque he pasado por las náuseas y la somnolencia sin poder pagarlo con nadie,  porque ya no me entra la ropa y en el espejo sólo encuentro una tripa enorme a la que mi pandero y mis muslos acompañan y no tengo a quien me mienta y me llame guapa, porque mi familia está lejos y lo poco que comparto con ellos es por whatsapp, porque tengo un humor de perros,  luego lloro de alegría y al rato quiero gritar porque no hay espárragos blancos en el supermercado, porque nadie me da la mano en las ecografías, porque estoy en paro y me pregunto quién va a contratar una inminente baja por maternidad, porque tengo miedo, porque tengo dudas y porque sé que no soy la única. 

Por todo eso he decidido contarlo, compartirlo y volver aquí de vez en cuando en busca aún no sé de qué. 

Pasé medio año en Marruecos,  llevo otro medio en Mallorca, mi familia está en Barcelona y yo no sé donde quiero vivir. No sé cómo quiero vivir. No sé cómo voy a organizame para seguir haciendo lo que me hace feliz y ser a la vez una buena madre. 

No sé por donde empezar a construir. 

Sin pretender que sea una entrada magistral, aquí dejo esta declaración para aportar algo de verdad al surrealismo que invade mis días y si de paso alguien se siente identificado, que me lo haga saber, que será agradable tener algo de apoyo virtual en ésta aventura que acaba de empezar. 

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Los días de mierda.

Los días de mierda salgo a buscar guerra donde no la hay.  

Hoy rompo todo lo que toco y, por si fuera poco, 

emulo a Bucay describiendo los amaneceres que me estoy perdiendo.

He vuelto a caer en el segundo asalto y ya no lo intento, 

Ya no soy de arena ni soy de viento.

Ahora soy la tormenta que, con sus truenos, asusta a los malos y advierte a los buenos

de una pesadilla en tres dimensiones. 

Porque estar hasta los cojones,  entra en contradicciones 

con el sosiego de las tardes de verano al sol, en ésta isla.

Los días de mierda aquí, en una ciudad que flota en mitad del mar, 

son sólo una jornada más entre bambalinas. 

Hago como si me diera igual.

Mezclo litro y medio de Brugal con una caja de aspirinas 

y salgo a buscar guerra donde no la hay;

A ver si me pierdo, a ver si me encuentras, a ver si me adivinas…

A ver si se terminan las reservas de paciencia del buen samaritano 

y puedo soltar su mano y echar a volar.

Porque yo era aire y, ser tierra, de siempre me sentó muy mal.

Por eso, los días de mierda, te salgo a buscar.

Un Verano allí donde solíamos gritar. 

Nos dan las tantas en la plazoleta; alargando las horas, guardando las ganas, pecando un poquito…

Nos dan las mil y no hay quien nos haga parar de reír, a las puertas del cuchitril más concurrido del barrio más divertido de toda la isla.

Será que encontré la magia y la conservo como oro en paño, por si vuelve la rutina con intención de hacer daño y se empecina en ordenar cada intento de improvisar. 

Por colores, por estilo, por destino, por tamaño…. Aún recuerdo cuando, antaño, se nos hacía de día en aquel banquito del parque en el que solíamos gritar.

Recuerdo a Love of Lesbian sonando en los altavoces de aquel coche tuyo verde tan poco discreto que nos llevaba al fin del mundo en lo que por aquel entonces nos parecía un momento.

Un verano fatal, como cantaba la Rosenvinge, es lo que pedíamos a gritos desde la barra de los garitos que teníamos por costumbre frecuentar.

Una buena dosis de tardía adolescencia que nos sienta bien. 

Un último intento de recuperar el tiempo que perdimos queriendo crecer antes de saber que la gracia era ser eternamente joven. 

Nos han dado las tantas, una vez más, porque cada verano es Un Verano Fatal, y no lo digo yo, que lo dice Vegas, además. 

Un verano que empezó tan bien que me vine arriba y tu apareciste y me sacaste de mi misma. Me devolviste a la casilla de salida de un soplido, usando un comodín. 

Las tardes de junio huelen a tí. 

Dejemos que vuelva a amanecer por sorpresa mientras tenemos la cabeza entre los tobillos. Tratemos de decidir si dejarla allí o recuperar la cordura que tanto echamos de menos cuando éramos dos memos sin juicio con tanto por descubrir.

Así empezó…

Al subir a la terraza, el viento me despeinó, todo a mi alrededor desaparecía y me sentí cual bucanero sin tripulación, salpicada la cara de agua salada y el pelo revuelto, como se revolvería mi vida años después.

Pero, por entonces, yo no podía saberlo. Mi suerte era un secreto que el destino guardaría como oro en paño y la única pista que me ofrecía fué aquella sensación de libertad pirata, un hormigueo en la barriga y dos lágrimas que solas caían surcando mis mejillas , sabiendo que en tres o cuatro días, la magia terminaría y amanecería de nuevo en mi oscuro piso, en un barrio gris de la gris ciudad en la que nací y que, sin encanto alguno, me tenía presa.

Y ahora estoy aquí, desaprendiendo a una velocidad que asusta, empezando de cero, creando lazos que me unan a ésta tierra, siendo cada día un poco mejor, un poco más ligera…

.

Desde el primer relámpago hasta la última gota del agua que moja la ropa que cuelga de un cordel en la azotea, truena el cielo y se moja la tierra que todos pisamos. 

Y ahora estoy aquí… y aquí, no pasa nada.

Ya regresé del viaje que empezó en aquella plaza, en aquel país, a aquellas horas…

Nada más llegar, fuimos dos catalanas, un sevillano, una ecuatoriana, un madrileño y una italiana, bebiendo whisky irlandés, bailando salsa y hablando de la vida y del karma, en Marrakech, en una terraza. Hasta las tantas.

Así nos recibió la ciudad más ruidosa jamás visitada y, hasta el último momento, fué todo tan intenso que me costaría relatarlo de forma ordenada.

Un día allí, nos pareció una semana.

Fueron más de dos, ésta vez. 

Hemos hecho autoestop bajo la lluvia en una carretera olvidada, hemos dormido en cuevas, caminado durante horas para encontrar agua…

He aprendido a escucharme, he conocido a personas que me oyen sin que les hable, he sacado escorpiones de mis zapatos, hemos pedido tantos deseos como estrellas fugaces cruzaron el cielo…

Hemos conversado durante horas con un reportero alemán, hemos tenido curiosos compañeros de asiento en los autobuses, hemos corrido por callejuelas sin orden, siguiendo a un hombre, cuyo nombre, ya no recuerdo .

Hemos sobrevivido a varios ataques de risa, perdiendo la ropa que se llevó una ráfaga de viento en las montañas….Hemos vivido con sus familias, en sus casas…

Y regresé. 

Regresé. Y ahora estoy aquí… y aquí, no pasa nada.

Él sabía que jugar conmigo era jugar con fuego.

 El Verano de los Valientes. 4.

Él sabía que jugar conmigo era jugar con fuego. Sabía lo cortas que tienen las patas las mentiras, que hay cosas que se perdonan pero no se olvidan, que hay heridas que dejan cicatrices, que puedo ser feliz y comer perdices sin perder de vista lo que es de justicia, sin dejar que bailen sobre mi tejado con los pies sucios, sin callarme un solo engaño, guardando cada palabra como oro en paño, descubriendo todas y cada una de sus dobleces…

Me río de sus memeces por no gritar a los cuatro vientos que a mí también me mintió, que he sido casi tan tonta como ella, que jugó al despiste y abusó de mis días más tristes.

Me río por no asomarme a la ventana y aprovechando una ráfaga de viento, lanzar panfletos con las mismas fotos que ahora se hace con ella en blanco y negro.

Me quería, o eso decía, y yo le creí, le esperé, le olvidé… Volví a caer, mucho más abajo ésta segunda vez y lloré y me convenció y le esperé otro millón de años.

La tercera fué la vencida. De aquella no salí herida, salí hecha añicos y, con los trozos que quedaron en el suelo, se hizo un sombrero y lo lleva puesto cuando duerme con ella entre las mismas sábanas a las que a mi también me invitaba.

He pasado del drama a la comedia romántica americana, cambié de cama, me hice con un escudo de acero inoxidable y, desde entonces, lo llevo conmigo. Ahora lo miro desde la torre más alta y es divertido ver cómo ha elegido a la más tonta y ahora me escribe, atormentado, usando métodos rudimentarios. Ridículos después todo…

Le miro y le veo caer tan bajo…él, que se burlaba de ella conmigo, que tanto nos hemos reído de su estupidez elegida, tan evidente…

Él sabía que jugar conmigo era jugar con fuego, que se quemaría, que un día me curaría y ya no querría salvarle.

Hace sólo unas semanas aún no era capaz de decir que no me quería y dormía, desde hace meses, con aquella pobre diabla que, por ser lo suyo un evidente bajo coeficiente, no da más que para observar desde otro continente como se tejen historias de traidores y de valientes.

Imagen:@yaaaizamor

Ya no escuece.

El Verano de los Valientes. 3

Hace sólo una semanas que, teniendo que arrancarle las palabras de entre los dientes, pronunció al fin, aunque a trompicones, un “te quiero, pero ya no como antes”. Así decidió liberarme. Desde aquel momento, hace si llega, apenas un mes, bebo de otras fuentes cuando tengo sed.

Situémonos en el tiempo para entender a los héroes y a los villanos. Ni los buenos son, ni mucho menos, tan santos, ni los malos fueron siempre tan crueles. Dos años jugando al perro y al gato dan para desquiciar a cualquiera y, vosotras, las que cuando amáis, amáis con locura, como se amaba cuando quererse era escuchar su nombre y no poder respirar, ya lo sabréis .

Después de todo, aún no sé cómo se atrevió a volver la última vez pero más culpa tengo yo por abrirle la puerta a esas horas, por callarme las cosas, por cargar contra los demás cuando sacaban tarjetas amarillas. La culpa fue mía por dejar que una lealtad incondicional se convirtiera en una humillación pública tras otra pero no importa porque estoy en otra y ya no escuece.

Primero fuí Barbie Rambo, luego quise ser su amiga y ahora que estoy curada de espantos puedo ser quien me dé la gana. Puedo ser un koala si se me antoja y pasarme el día comiendo hojas o puedo ser una cobra y merendarme a tres como tú esta tarde.

El caso es que ahora, viendo un ejemplo de lo que espera él en una mujer, no puedo contener la risa y para que yo volviera a caer, tendría que volver a nacer.

Lo que más le molestó de mi reacción fué la sonora carcajada que solté al saber de quién se trataba esta vez. No es que me crea yo más lista que la mayoría pero, en ésta ocasión, sin caer en la exageración, se trata casi de una minusvalía. Yo también tengo las mias. En ella, es tan evidente que le falta una primavera, que entiendo que quiera cuidarla. Pobre diabla. Por más que le creciera el pelo, ésa mediocridad no hay melena que pudiera taparla.

Vi en ése mismo instante la famosa luz al final del túnel.

Para ser quien él quería que yo fuera, tendría que desaprender, olvidar, ignorar y lobotomizar, ser más simple que una zapatilla, tirar de apellido y dejar el cerebro al sol.

Y de aquí, de ésta revelación, parte la decisión más drástica de mi vida.

Un billete sólo de ida.

Escribiré a medida que encuentre las cosquillas que busco y tendrá que ser un cambio muy brusco porque, como dice la canción, quiero acción y aquí no pasa casi nada.

El Verano de los Valientes II . Un vecino exasperado.

Se ha originado un conflicto con un vecino desocupado que no deja de incordiar. Insiste en que saque de ahí el sofá que dejé en el rellano hace un par de días, en un rincón al que nadie accede porque huele a humedad. Estoy haciendo la mudanza que va a cambiar mi vida y en casa, con tanta caja, no me cabía. A los diez minutos de dejarlo allí para empezar a empaquetar, ya tenía una nota pegada con celo en la entrada, otra en el ascensor y otra en el portal. El mismo mensaje en las tres con tres enormes firmas escritas con tanta rabia que casi atraviesan el papel.

Justo en éste momento llama al timbre este elemento.
Hoy tengo un humor de perros. Si salgo y abro….

He salido y si llego a saber que le falta un hervor, no abro aunque lo pidiera de rodillas y por favor.

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Estaba llamando a la puerta como si no hubiera un mañana. He abierto, de pronto, con cara de pocos amigos, le he mirado de arriba abajo y lo he visto tan enervado que he tenido que aguantar la risa apretando muy fuerte los labios.
Presiento que éste amargado viene a descargar sus fobias conmigo.
Como estaba gritando, le he dicho que se calmara, que el viernes me voy y me lo llevo todo.
No me escuchaba y seguía gritando así que he levantado una ceja, he puesto cara de asco y de un portazo me he despedido a ver si así conseguía callarlo.
Sigue gritando con todo lo que dan de si los pulmones mientras subo las escaleras.
Desde mi habitación sigue llegando su verborrea de funcionario frustrado así que he vuelto a bajar y le he pedido que se vaya a casa y se compre un perro o se busque un amigo pero que deje de pagar su infelicidad conmigo.

Si no tiene otra cosa que hacer más que pasarse el día saliendo al rellano a oler un sofá, será que está muy aburrido. Ha enfurecido.
Haciendo aspavientos con los brazos y con las manos, me miraba por encima de sus gafas de alambre, fuera de sí, con ése ridículo peinado, pasillo arriba, pasillo abajo, hablándome del sofá. Que exagerado.

– Que si, que mañana lo quito!. Búscate una afición más entretenida que salir al rellano a oler un maldito sofá.!

He tenido que gritar mucho yo también para hacerme oír.
Me ha dado la risa al verlo tan ofuscado por un sofá en un rellano.
Dice que huele mal, pero si yo cierro la puerta, al momento, él la abre y sale a oler el sofá en vez de obviar su existencia y hacer su vida en caso de tenerla.
¿Qué le importará lo que haya detrás de esa puerta que siempre había estado cerrada?
Es curioso la importancia que le dan algunos a éstas cosas mundanas.
Amenaza con vengarse de mi incívica conducta haciendo no sé qué clase de gamberradas. Cuanta ira contenida aquellos que toman tan en serio éstas tonterías.
Un metro cuadrado de suelo comunitario en un rincón aparcado un sofá, no me parece motivo para venir a casa a montar este escándalo sin sentido alguno, como un energúmeno, pasillo arriba, pasillo abajo.
Si me pone a prueba, va a saber quién soy y de lo que soy capaz si se me provoca así que espero que se tome este asunto con más calma, cese en sus amenazas y ocupe su tiempo en otras cosas más interesantes que la ubicación de esa vieja reliquia tapizada en un gris oscuro que, por cierto,combina con la baranda porque, a mi, él, aún no me conoce a las malas.

He estado liada viviendo mi día a día, leyendo, escribiendo, enamorándome un poquito, aprendiendo, creando, creciendo… en fin,  haciendo las cosas que hace la gente cuando, además de estar viva, también lo parece.

La culpa de éste entretenido desencuentro vecinal la tiene un viejo sofá que ni entiende de guerra ni entiende paz. He perdido casi tres cuartos de hora de mi vida abriendo mucho los ojos, alucinando en un rellano, viendo al funcionario pasillo arriba, pasillo abajo y la verdad es que me ha gustado.
El viernes me voy y el sofá se lo dejo de regalo.

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