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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

Casi comemos perdices

https://valentinamaleza.com/2015/12/15/cambiar-las-sabanas/

Podría algún día olvidar, pero me niego.

Quiero un cerebro sano que no sepa caminar a mi lado sin cogerme de la mano, quiero mis besos de buenos días, cambiar las sábanas, ser tu talón de Aquiles, subir de cientos a miles los versos, hacer las paces, recuperar el peso que perdí en plena guerra de egos y volver a reír, como si nada…

Sería perfecto pero es sólo una ilusión parvularia que nos llevaría, sin remedio, al punto de partida, cuando dejé de parecerte divertida y me cambiaste por cerveza.

Ni perdono ni olvido que me hayas vendido y caiga en mis hombros el peso de las excusas que inventaste en tu última huida hacia delante, que no te llevó a ninguna parte, más que al mismo portal de siempre; el mío.

Una vez me quisiste como se quiere en los libros y casi comemos perdices.

Podrías volver a leerlo y buscar un método, un antídoto a la ironía, un clavo ardiendo al que podamos agarrarnos para salvar lo que ya no queda.

Soy de las que suben a la noria por estar lejos del suelo, por sentirse a medio camino del cielo, ya lo sabes.

Podrías hacer tantas cosas y no haces nada más que meter el dedo en la llaga y salir corriendo….

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La Elegancia del Erizo.

He vuelto a comprar La Elegancia del Erizo.

No he podido evitar cogerlo de la estantería en la que permanecía, por su apariencia, desde hacía largo tiempo a la espera de ser leído.

Cada vez que ha caido en mis manos, Muriel Barbery me ha acompañado dia y noche, a sol y a sombra, a todas horas, a todas partes.

Estoy devorando cada página como el primer día y siempre hay un fragmento que quiero subrayar.

…”a fin de cuentas, quizá la vida sea eso, mucha desesperación pero también momentos de indescriptible belleza, donde el tiempo ya no es igual.
Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo… un siempre en el jamás. (…)
A partir de ahora buscaré los siempre en los jamases.
La belleza de este mundo”

Y en ello estoy.

Hoy que he perdido un poco el norte y la esencia, voy a dedicar mi tiempo a dejarme absorver, como tantas otras veces, por esta mujer a la que admiro por hacer que olvide que a mi alrededor hay un ligero hedor a hipocresía.

No tengo dos dedos de frente.

He ganado la medalla a la más tonta y la luzco con orgullo.

Tantas horas, tanto insomnio, tantos planes, tanto jugar con fuego… tantas mentiras al fin y al cabo.

Éste es mi premio y me lo he ganado por cerrar los ojos y creer en los finales felices sin haber curado aún las cicatrices de un pasado muy presente.

No tengo dos dedos de frente.

Hay que ser muy torpe para volver a tropezar con la piedra que yo misma puse en el camino.

Yo que presumía de manejos felinos en esto que algunos llaman amor y es solo una trampa, sé que he sido valiente por hacer frente a lo que sentía aunque de valentía murieron ya unos cuantos.

Soy la más tonta y puedo gritarlo si me apetece.

No me miré al espejo antes de salir de casa y así olvidé mi forma y mis circunstancias y salí a librar esta batalla sin escudo, sin espada… sin sentido.

Antes de llegar, ya la había perdido.

Pero luzco orgullosa mis galardones porque almenos tuve los cojones de perderle también el miedo a las verdades.

He sido muy poco avispada al quedarme atrapada en una mirada que ya conocía.

He sido muy tonta y, además, repetiría.

La menos indicada.

Duró lo que tenía que durar; una efímera eternidad que cambió la forma de las sombras y el color de los atardeceres.

De todas las mujeres, ella era la más dura y la más frágil.

También era la más curtida, la más ingenua, la más entregada…

La menos indicada.

Duró lo que tenía que durar y sin preguntar y sin hacer ruido, ella se marchó por donde había venido.

Con la sonrisa en el bolsillo.

Con la misma pregunta en la misma garganta que hasta hoy aguanta sin soltar reproche alguno, no quiso molestar en el momento menos oportuno y se marchó cuando la forma de las sombras cambió y los atardeceres ya no eran los mismos.

Sin preguntas y sin ruido.

.

Fué una estupidez repasar las lecciones una a una.

La misma canción.

Te reconocería entre cientos de miles de humanos clonados malgastando el tiempo en buscar un alma gemela que no encontrarán.

Te perdería sin rechistar una y mil veces mas, sólo para volver a encontrarte.

Ha tenido que pasar una eternidad para que volviera la magia que generas, el insomnio que altera las noches en vela porque tú no estás, las preguntas sin contestar, la risa tonta, el miedo justificado, los nervios previos a encuentros furtivos tan primitivos como lo eran antes.

Ha tenido que sonar Turnedo para hablar de lo prohibido y aún sabiendo que no tenía sentido, fuimos dos insensatos que se hacían los locos y tal vez lo estaban.

O tal vez se necesitaran, pero tantas despedidas ya son demasiadas.

He sabido leer entre líneas tan finas como la línea que nos separa, he interpretado miradas, he puesto la mano en el fuego para que me la quemara, he llorado sin soltar una sola lágrima, he vuelto a escuchar la misma canción sin prestar atención por si el silencio me ganaba, he saltado del vagón en marcha, he rascado la escarcha de los cristales cuando te confiesas en un discurso sin puntos ni comas…

Te reconocería entre cientos de miles de humanos y volvería a cometer los mismos errores.

Te perdería sin rechistar porque volverte a encontrar siempre me hace saltar en marcha de los vagones.

Cierta tensión. 

Hay cierta tensión sexual no resuelta entre la cordura y la sensatez.

Hay un abismo de inmadurez bajo el colchón que no compartimos, entre las líneas de todo aquello que no nos decimos, bajo la alfombra, en los trazos que dibuja tu sombra sobre la acera, en el agua de la pecera en la que nadas, en las miradas que no hemos cruzado, en los mensajes borrados, en la absurda prudencia que deja en evidencia toda cobardía.

Hay cierta magia escondida en los secretos mejor guardados.

El reto al que aspira el enamorado se escapa de unas manos que son las mías.

Tal vez preferirías que fuera discreta, invisible, lejana…. que fuera lo que nunca pude ni quise ser, para no ofender, para no asustar, para rozar una normalidad en la que nunca he creído.
Hay un nudo en la garganta si cierro los ojos y, a la espera de una tregua merecida, estoy mucho más perdida que cuando te encontré y lo revolviste todo.

.

Si fueran fiables las malas lenguas, hablarían de ti y de mí. 

Improvisaremos.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy; como al principio, pero sin cintura.

Soy la misma extraña criatura pero sin pómulos, sin tobillos, sin miedo.

Nadie me avisó de que estaría por completo volcada en tu previa existencia, que mis cinco sentidos tratarian de percibir cada pequeño cambio de mi cuerpo al crear el tuyo, que no saldría tu imagen en blanco y negro de mi cabeza, que invadirías mis noches y mis dias sin dejar espacio a planificación alguna en otros campos de una vida que quedó pausada por completo ante el anuncio de tu llegada.

¿Y qué plan voy a urdir si no pienso en otra cosa que no sea en ti y en cumplir con lo que el mundo espera que yo sea?

Improvisemos.

¿Ves ese bosque frondoso en estado vaporoso, a nuestros pies?

Es así como se ve nuestro mundo del revés.

Te acostumbrarás.

No recordarás nuestras charlas pero espero te suene mi voz para que no sean en vano las horas que paso inventando escenarios y personajes, historias de reyes, princesas y pajes, de niños salvajes, de dragones, de enanos y de gigantes, como en los cuentos de antes.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy, sin cintura y sin miedo porque no dejo de pensar en ti.

Lo haga mejor o lo haga peor, tendrá que ser así.

Improvisaremos y no seremos como los demás esperan y eso será lo que nos haga especiales.

Tercos, valientes y reales.

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