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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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bipolar

Escupiendo purpurina.

Podría escribir una cursilada sin sentido, diciendo moñadas que no van conmigo.
Podría adornar la verdad con promesas y nuevos propósitos hasta sonar como uno de esos libros de autoayuda que tanto detesto y así contentar a la mayoría.
Podría hacer de esto un discurso de año nuevo que nadie leería, clonando palabras muy bien elegidas.
Podría sumarme al resto y convertir este texto en una farsa, escupir purpurina, ser muy elegante, muy fina… muy mentirosa.
Pero soy más de espinas que de rosas , más de lamentar que de aparentar, más de existir que de fingir, más de arriesgar, más de equivocarme.
Una vez has cometido casi todos los errores es más fácil acertar.

Y ahora te hablo a ti, que formas parte de la larga lista de dudas que me acechan porque hay cosas de las que es mejor no hablar.
Tú que de tanto callar vas a tener que aprender a dibujar para expresarte, o hacer del silencio un arte y guardar las cuerdas vocales en un cajón que no pueda abrirse.
Tú que apareciste cuando menos te esperaba, y no es un decir.
¿Hasta cuando voy a tener que fingir que creo en las casualidades?
En una misma historia siempre hay dos realidades y, aunque podría escribir una cursilada sin sentido, de ésas que no van conmigo, hasta hacer de este texto una farsa, he preferido que sea una carta sin destinatario.
Ya he quemado todos los diccionarios para no caer en la tentación y perder algo que ha sobrevivido a tsunamis y terremotos.
Si no sale bien, me conformaré con mirar de vez en cuando aquellas fotos.
Ahora, para no escupir purpurina y ser elegante, fina y mentirosa, me quedo con las espinas y regalo la rosa, me guardo el secreto, me callo la boca, me salto las normas y escribo una carta que nadie leerá.

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Aprendí a ser invisible cuando todos miran.

Porque tengo una sola vida, vísteme de loba y sácame del rebaño, que el puente mil veces cruzado lleva al estanque donde todos duermen.

Quiero estar bien despierta cuando el frío llegue y lo cambie todo.

Quiero ser muy consciente de aquello que digan los versos que surgen de los tropiezos de quien más veces se puso en pie. 

Allí donde perdí la dignidad encontré el sentido de las frases que, de tantas veces repetidas, llegaron a ser lo más parecido a la verdad.

Estaré, sin ser vista, en todas las canciones que hablen de libertad y entre las páginas de ése diario tan personal que cerraste con veinte candados justo antes de lanzar la llave al fondo del mar sin pararte un segundo a pensar si era la mejor de las ideas. 

Y puede que lo fuera.

Hacer borrón y cuenta nueva era una opción inteligente.

Barrer las cenizas, dejar un corazón hecho trizas en urgencias,  sacar a pasear todas las caras de la misma jodida moneda …

Aprendí a ser invisible cuando todos miran y allí,  al fondo a la derecha, clavé la flecha que habrás de arrancar.

Adictiva-mente insoportable 

Soy tu problema favorito y si en vez de escribirlo, lo grito, sabrás que es verdad.

Soy tu mejor enemiga y eso puedo firmarlo ante notario o declararlo, habiendo jurado antes con la mano sobre la biblia, en un tribunal. 

Como un animal, sigo mi instinto y desmonto tus planes de amante empírico en mitad del ciclo lunar.

Trepo por tu espalda, arremangándome la falda, hasta mi pedestal.

Soy tu bicho preferido y te dejas ver conmigo para alardear de tu azaña al domesticar una fiera tal como la que yo he sido.

Lo siento, mi amor, pero no soy normal. No haberme elegido.

Jugar conmigo es jugar con fuego y a veces anhelo un incendio que apagar. 

Como un ave rapaz sobrevuelo el perímetro de seguridad que establecimos cuando eras capaz de soñar con los ojos abiertos.

Ahora estás demasiado despierto, aburres a los muertos y ya no quiero cazarte aunque muriera yo de hambre en mi liberadora condición. 

Visto piel de serpiente los días festivos y sigo siendo tu bicho preferido pero, conmigo, no vuelves a jugar. Nunca más. 

Querido dueño mío, siento decirle que ni soy suya ni soy mía siquiera. 

Soy una fiera salvaje,  una loba, un cervatillo, un ave rapaz y un enemigo tenaz cuando se trata de los míos. 

Trepo por tu espalda y no oigo queja alguna. Será que al llenarse la luna no eres tan valiente y ante la gente prefieres callar.

Sobrevuelo el perímetro de seguridad que establecimos aquella vez, cuando fuimos salvajes los dos, justo antes de convertirte en el alcornoque que a medias tintas vive y se deja trepar porque, por no saber, ni sombra sabe dar.

Un Verano allí donde solíamos gritar. 

Nos dan las tantas en la plazoleta; alargando las horas, guardando las ganas, pecando un poquito…

Nos dan las mil y no hay quien nos haga parar de reír, a las puertas del cuchitril más concurrido del barrio más divertido de toda la isla.

Será que encontré la magia y la conservo como oro en paño, por si vuelve la rutina con intención de hacer daño y se empecina en ordenar cada intento de improvisar. 

Por colores, por estilo, por destino, por tamaño…. Aún recuerdo cuando, antaño, se nos hacía de día en aquel banquito del parque en el que solíamos gritar.

Recuerdo a Love of Lesbian sonando en los altavoces de aquel coche tuyo verde tan poco discreto que nos llevaba al fin del mundo en lo que por aquel entonces nos parecía un momento.

Un verano fatal, como cantaba la Rosenvinge, es lo que pedíamos a gritos desde la barra de los garitos que teníamos por costumbre frecuentar.

Una buena dosis de tardía adolescencia que nos sienta bien. 

Un último intento de recuperar el tiempo que perdimos queriendo crecer antes de saber que la gracia era ser eternamente joven. 

Nos han dado las tantas, una vez más, porque cada verano es Un Verano Fatal, y no lo digo yo, que lo dice Vegas, además. 

Un verano que empezó tan bien que me vine arriba y tu apareciste y me sacaste de mi misma. Me devolviste a la casilla de salida de un soplido, usando un comodín. 

Las tardes de junio huelen a tí. 

Dejemos que vuelva a amanecer por sorpresa mientras tenemos la cabeza entre los tobillos. Tratemos de decidir si dejarla allí o recuperar la cordura que tanto echamos de menos cuando éramos dos memos sin juicio con tanto por descubrir.

A mi Judas.

Si vuelvo a decir que le quiero, atadme a una farola, a las afueras.

Dejadme allí hasta que los gritos se confundan con el silbido del fuerte viento, que llega desde mar a dentro, vengativo.

Luego, dad media vuelta y tapaos los oídos.

Si vuelvo a confiar en su palabra,  agarradme bien del pelo y encerradme en el sótano más oscuro. 

No sintáis remordimiento alguno. 

Si caigo en sus trampas una vez más, lanzadme desde un quinto piso, a ver si el golpe me devuelve la cordura y puedo reencarnarme en un insecto diminuto y venenoso.

Si salgo a correr descalza, no me pareis. 

Pero si me veis, a través de las rendijas de la persiana de mi habitación, llorar con la cabeza entre las rodillas, bajo el edredón, dejadme tranquila.

No soy tan dura como creía; estoy al borde de ser borde, en vez de corazón, tuve una ensaimada que devoró una manada de lobos hambrientos y he cometido sutiles delitos de los que no me arrepiento. 

Como escribía aquella a quien yo leía buscando consuelo, con el alma en un tetrabrik…

Dame mesura, Dios,
dame mesura,
mesura chapucera y cotidiana.

Hazme mediocre, Dios
hazme mediocre.

Limitación personal.

<< Siempre necesito que me cojan y me abracen fuerte y me digan que no pasa nada, que todo está bien, que nunca más volverá a pasarme nada malo, que ya está, que eso ya quedó atrás y que poco a poco dejaré de sentirme un objeto, que las pesadillas serán cada vez más cortas, que volveré a dormir, que podré perdonarme, que lo peor ya lo he vivido y eso solo puede hacerme más fuerte, que la rabia que llevo en la piel se evaporará cuando se curen las heridas, que dejará de doler y podré dejarme querer… Necesito que alguien esté de mí parte  y me abofetee si es necesario, pero para hacerme parar, ayudarme a escapar y ser luz otra vez. >>

Yo he perdido el norte y tú, la esencia. 

Si cojo ése avión, me iré tranquila. 

Porque, almenos, he sido honesta conmigo misma, he cumplido con cada palabra que te regalé cuando éramos de arena y de viento y he sido de verdad. Para bien, o para mal. 

Me he abierto en canal y te he entregado el corazón, aún palpitante. 

En  bandeja de plata.

Para que lo comáis los dos juntos.

De entrante.

He abierto la caja de Pandora y dejado que se oigan los tambores desde la otra orilla.

He cambiado mi dignidad por un beso en la frente.

He tragado el dolor, que se hace un ovillo en la garganta, y he hecho con él una enorme manta que lo cubre todo y esconde las ojeras, los temblores… las cicatrices.

He llegado hasta aquí, tan valiente y tan tonta como de costumbre.

He venido a saber si aún desprendes aquel encanto y, por una estrecha grieta en tu coraza, creí haberlo visto.

Pero no hablemos de tus mierdas, que me despisto.

No se si me voy o me quedo pero, por favor, no dejes nunca de ser aquel trovador.

No vendas tu alma por ser como esperan que seas.

Permítete ser especial como lo eras cuando con una mirada eras capaz de hacer temblar el cielo y la tierra.

Eras el duende que habita en mi mente y agita los recuerdos al compás de una guitarra que hoy ha sido olvidada en un salón.

Eres tan especial que con quererte no basta y dueles y hieres y amas…

Y entre tanto, te olvidas de ser quien eras.

Me duele la piel de echarte de menos teniéndote al lado y, aunque ya nunca vaya a recuperarte,  no voy a dejar de amarte hasta que, con mis propias manos, diga adiós a mi tiempo entre los humanos.

Si cogiera ése avión, estaría matando al duende, al trovador y casi diez años de un amor que nadie entiende.

Sería una mierda de final.

No se quién eres tú ahora, pero me niego a aceptar que  eres uno más, que yo he perdido el norte y tú la esencia …

Que eres como el resto; un coleccionista de bragas con mucho labia y poco criterio .

Me niego a dejar de creer en tí porque hasta ahora, es a tí  a quien reza una agnóstica aspirante a persona.

Porque eras lo más parecido al cielo en mi memoria, aunque te conviertas en un monstruo sin escrúpulos, ni empatia, ni conciencia, siempre veré en tí al trovador que revolvía  mis sueños al compás de una guitarra que hoy ha sido olvidada en un salón .

Te quiero y puedo decirlo sintiendo la fuerza de cada letra en el esternón .

Por eso te busco cuando tengo miedo aún estando lejos.

Ahora que estoy cerca, aprenderé a respetar tus mentiras, acariciaré tus miedos y tus pesadillas desde el otro lado de un corazón al que tengo el acceso denegado.

Estés donde estés  y con quién fuera, el  duende que eras, sigue conmigo .

Sea quien sea la persona en la que te has convertido , voy a ser fiel a mis promesas y a mis principios  porque son lo único que me queda.

Respiro a través de tus pulmones y aprenderé a cantarte a escondidas.

Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

Siempre puedes no mirar.

Esto tenían que ser dos despedidas y un último intento.

Dos notas que, sobre la mesa, explicaran por qué tiro la toalla.

Yo vine a dejarme morir o  llenarme de vida, según se diera.

Venía a despedirme de mi, tal y como un día me conocieran.

Coger aire tras una carrera en la que nunca quise participar, era cambiar de mar y pisar otra orilla.

Pero siempre puedes no mirar.​​

Siempre puedo dejarme llevar hasta que se consuman todas las mechas y, en una explosión, se escribieran solas las letras de las canciones que todavía nadie compuso. 

Tras la gota que colma el vaso, alguien vio venir la catástrofe emocional que sería colmar un corazón .

No olvides nunca que, lo que siempre quise, fué quedarme contigo hasta que el cuerpo aguantase, aunque no bastase con un cuerpo para pedirle al universo que vuelvas a quererme como lo hacías cuando eran tuyas mis pesadillas .

Aunque no pueda borrar tus encuentros y las caderas que los mecieron.

Aunque sepa que no puedo dejar en manos de cualquiera mis secretos, serás lo más parecido al cielo en mi memoria .

Una vez fuimos parte de la misma historia, escrita con la mano izquierda por un trovador.

Un día , entre mis piernas hubo un abismo y cada vez que haces temblar la tierra, se despeina mi cabellera y vuelvo a empezar. Así mismo.

Siempre entre la pragmática imagen del hombre que eras y las virtudes por descubrir bajo tu piel curtida y tus ojos tristes.

Siempre entre la cocina y el comedor, donde hubo un terremoto que arrasó con las paciencias .

Vuelve a quererme como antes lo hacías y prometo no romper jamás las promesas que, a orillas del Mediterráneo, se forjaron y oxidaron en lo que duró el ocaso.

Vuelve a ser la gota que colmó el vaso aunque ya no sean tuyas mis pesadillas .

Vuelve a entrar de puntillas y a revolverlo todo con tus ojos tristes y tu piel curtida, a darme problemas, a ser mi problema favorito, a ser mi mariachi las tardes de domingo, a regalarme una sonrisa por cada tropiezo, a ser la casilla de salida de todos mis juegos, a darme un motivo, a recoger los pedazos, a darme el abrazo más largo, a cantarme bajito… 

Vuelve a colmar el vaso otro ratito.

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