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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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bipolar

Estoy entre ser loba o ser cordero degollado.

Estoy entre ser buena o ser lista y no me decido.

Quiero ser realista y no lo consigo y estoy a punto de cualquier cosa.

Me veo venir.

Soy la hija de un deseo por cumplir y estoy entre ser loba o ser cordero degollado.

Ciclotímica intermitente, descendiente de algún bucanero sin presente, sin pasado, sin futuro…

Sin nombre.

Nacida allí donde se esconden los secretos mejor guardados.

Crecida sin prisa pero sin pausa entre cientos de páginas por escribir.

¿Qué podría yo contarte a tí  de mí, a éstas alturas?

Sé cuando empieza y como termina el ciclo lunar y desconozco por completo en qué afecta ello a las mareas.

Tal vez por eso precisamente sea que, de lo que soy , a lo que veas, hay un abismo y nunca sepas quien lo habita.

Tal vez no te pierdas nada y de cada una de mis caras olvides su nombre en un suspiro.

En lo que tardas en bajarte las bragas hasta los tobillos, en lo que canta el gallo que vive en la terraza del vecino,…

En lo que dura un rezo.

El tiempo que tarden en ponerse de acuerdo tu intención y tus principios y dejen de hacer sombra a mi ciclotimia intermitente.

Tus valores son una leyenda a la que sobrevivo a trompicones. Y no siempre.

Estoy entre ser loba y ser cordero degollado y me contengo. Por miedo.

Miedo, más que a nada, a romper un día el silencio y ser el ojo del huracán.

Porque yo soy tierra y, ser aire, me sienta muy mal.

Son las diez de la noche de la víspera del día en que todo cambie. 

No voy a ser ojo ni voy a ser huracán, por ahora, porque tengo ropa tendida y hay un poco de mí en todo aquello que podría yo arrasar.

Puedo ser buena, ser lista, realista y cordero degollado.

Puedo lanzar la piedra y esconder la mano como tu lo harías. Sin despeinarte.

Estoy entre ser buena o ser lista y, mientras tanto, guardo tus dedos meñiques en un frasco y ensayo cada día la caligrafía con la que un día se escribirá una carta de despedida que desatará los huracanes que ya no podrán arrasarme.

Ahora que ni tú ni yo somos ya la sombra de lo que fuimos.

No puedo pasarme la vida entera llorando por tí.

En algún momento tendré que olvidarte o fingir que es así, que ya no echo de menos que me despiertes a besos cuando vuelves de tus paseos por el puerto, al alba… 

Que ya no me flagelo, casi literalmente, por haberte dejado ir…

 Que ahora soy de piedra y me importa una mierda a qué cinturas se ciñan tus manos,
de quien hablen tus canciones, ahora que hay un océano entre tus talentos y mis manías…

Ahora que ni tú ni yo somos ya la sombra de lo que fuimos…

Encontramos el norte y lo perdimos en menos de lo que tarda en consumirse mi cigarro cuando fumo, nerviosa, calculando los metros que me separan de la tragedia.

Tendré que inventar una excusa para ordenar las letras y que no falte en tu nombre ninguna de ellas.

Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

Volvió a temblar la Luna .

Sigo siendo el incómodo silencio entre tu nombre y el suyo.

Soy todavía el murmullo que puedes oir a tu paso cuando corres calle abajo queriendo ser normal y no lo consigues…
Una vez conté los adoquines que hay desde tu casa hasta la mía. Hoy la luz de la Luna me guiaría y es tan corto el camino…

Pero ahora somos el sonido que hacen las llaves cuando las dejas sobre el mueble del recibidor, dos versiones de una misma historia, los trescientos sesenta grados que gira una noria, pasar por debajo de una escalera…
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Tiembla la luna y se quiebra.
Alguien vuelve a mirarse en el mismo retrovisor, me pierde, me asfixia, me alejo, le veo encondiendo la cabeza entre los hombros… y el ruido que hizo la Luna al quebrarse, rompió el espejo y dejó de nuevo una conversación a medias, te resumí en una palabra que no existía y, por culpa de la ironía, no me sobra, te juro que no me sobra… Precisamente…
Simpatía.

Lo + leído en 2015…

Me lo voy a tomar a risa.

Cada palabra tuya es una discreta despedida soltada al aire como globo de helio a la deriva.

Te pienso a menudo, pese a los silencios.
Sé exactamente en qué medida te descuadro. Te confundo y atraigo a partes iguales; soy más de lo que crees, menos de lo que esperabas, aveces me odias, a ratos me amas…
Dramas.
Ésa delgada línea roja entre la curiosidad y la enajenación mental, una inmadurez electa que a ti te afecta pero a mi me hace tan inmensamente libre…

Tan libre como para reconocer que encontré en tí un ancla y quise soldarla a mi inestable y ridícula piragua, que me inspiraste sobremanera y me sentí Gala peinando tus bigotes; observaba con ojos laicos sin más pretensión que compartir rarezas.
Tenía que pasar y no podía ser más que en ése preciso instante.
Limerencia.
Se alinearon los astros, cruzaron cientos de gatos negros y así la suerte iba y venía; jugando a bastos, haciendo trampa, queriendo ser también globo de helio, como nosotros, a la deriva.

Demasiado alto para quien teme desde arriba la caída.

Valentina Maleza

Un año de mierda lo tiene cualquiera.

Éste 2016 fué un frotarse los ojos con las manos al despertar de un largo letargo, tomar conciencia de la velocidad a la que se mueve el planeta en el infinito espacio, “sentir el corazón lleno de arena”, gastar toda la tinta ahogando en ella las penas y meterlas todas en una botella que lancé al Atlántico.

Como directora de mi propia película basada en hechos reales, puedo decir que éstos trescientos sesenta y cinco días han sido una revelación , doce meses de transformación, unas pupilas acostumbrándose a la luz… un año de mierda al fin y al cabo .

Pero de la mierda siempre se aprende o se crea algo.

Un año y medio encerrada en una buhardilla fué una parálisis en el corazón, un incendio, una explosión en el pecho cuando la casa estaba en silencio.

Los recuerdos dolían, las paredes se agrietaban, el suelo se abría y pude ver de verdad cuanta oscuridad aguarda allí abajo.

Cientos de cuervos negros me sobrevolaban, una manada de hienas me seguía a todas partes y fué un arte olvidarte, una suerte salvarme y casi un milagro salir del barro agarradita a aquella rama.

Hubo también un par de terremotos y un tsunami entre la cocina y el comedor. Una sombra habitaba en el pasillo y ni en el espejo más grande de la habitación lograba yo encontrarme cuando más me necesitaba.

Un desastre merecido, un ceño fruncido , una cojera, un desequilibrio…  una cicatriz que luciré para siempre con orgullo de excombatiente.

Y me despedí de mí tal y como me conocía , amaneciendo un día como si fuera el primero. Y me corté el pelo y me dejé las venas largas y , mientras crecían, yo renacía y me despedía a la vez.

Era como un pez fuera del agua que empezaba a pudrirse en su pecera. Si aquel no era mi sitio , habría alguno que lo fuera.

Volví a empezar, hice las maletas, guardé el miedo en el segundo cajón de la izquierda y en dos horas y media aterrizaba en otra ciudad .

Otra realidad y distintos colores.

Ni por un segundo esperé que alguien me entendiera. Sólo los locos y los suicidas dan un vuelco así a sus vidas sin despeinarse y, tras año y medio en aquella maldita buhardilla , poco importaba que me pidiesen de rodillas que me quedase.

Han pasado ya varios meses desde aquella resurrección que fué la mejor decisión que jamás tomase.

Podría ser normal pero tengo sueños por alcanzar  y, aunque no lo lograse, prefiero morir en el intento a ser la oveja que siguiendo al rebaño perdió de vista el firmamento.

No ha nacido pastor a cuyas normas yo pudiese acostumbrarme y yo no he nacido para agachar la cabeza y conformarme.

Así como mis rizos crecen, salvajes, hay algo de indomable en mí y renací el día que al fin hallé el coraje, ” fui loba y quebré con el rebaño hastiada del llano”.

Tampoco eres cualquiera.

De momento, sólo llueve ahí fuera.

Mira la bombilla que parpadea en el callejón y le da un toque de misterio a esta noche sin luna.

Pasa y escucha la canción que inventé pensando en el ruido que haces con los nudillos sobre la mesa cuando te enfadas.

¿Puedes oír ésa guitarra?  Así sonaba tu risa cuando bajabas las escaleras de dos en dos, cuando observabas a la gente desde arriba cuando subías a la azotea.

Tu tampoco eres cualquiera.

Ésta canción era para ti pero no hay manera de decirle adiós, de dejarla ir…

Cierra ésa ventana. No hay forma humana de dormir en ésta habitación en la última planta de la casa más bonita de la medina.

Pon de nuevo ésa canción, llévala contigo y no te despidas.

Quédatela antes de que me arrepienta y borre la letra y desmonte la melodía.

Tú tampoco eres cualquiera y quiero soltarte pero ahora estoy aquí delante y, aunque quisiera, no hay manera.

No soy cualquiera

He perdido las formas, el respeto, la vergüenza, el peso y la elocuencia en un suspiro que aún recuerdo y puedo notar en mi oído si alguien te nombra.

Es ése mismo sonido, ése hormigueo molesto, que detesto, el mismo que me interrumpía cuando trataba de cerrar los ojos y ser normal, a mi manera.

No soy cualquiera .

He matado monstruos casi sin querer y una vez muertos, he querido resucitarlos para tener una excusa, una explicación que pudiera entender la mayoría.

Yo me rompía fácilmente y él era tan amable con la gente…

Nunca he tenido muy claro cuál era mi sitio pero sí, tengo derecho a intentarlo, a volver a equivocarme, a desubicarme de nuevo. Tengo derecho a dejarme llevar y seguirle a la vida el juego.

Llevo tiempo buscando algo que, a éstas alturas, todavía no sabría decir qué es.

He levantado piedras que realmente pesaban, buzeado en mares que secaron ya, removido la conciencia a ver si agitando los recuerdos saltaba la pieza que sobraba… He sido frágil y he sido también brava.

Ahora me voy y puedo sentir un escalofrío al recordar aquel suspiro que me interrumpía cuando trataba de ser normal, a mi manera.

Sigo siendo de plastilina pero ahora no soy la misma, no tengo la piel tan fina, no soy cualquiera.

Reto// Dia 2.

“Lo vuestro durará el tiempo que puedas seguir fingiendo que me has olvidado”

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