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ValentinaMaleza (@esttelaw)

"ciclotimia intermitente"

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Escupiendo purpurina.

Podría escribir una cursilada sin sentido, diciendo moñadas que no van conmigo.
Podría adornar la verdad con promesas y nuevos propósitos hasta sonar como uno de esos libros de autoayuda que tanto detesto y así contentar a la mayoría.
Podría hacer de esto un discurso de año nuevo que nadie leería, clonando palabras muy bien elegidas.
Podría sumarme al resto y convertir este texto en una farsa, escupir purpurina, ser muy elegante, muy fina… muy mentirosa.
Pero soy más de espinas que de rosas , más de lamentar que de aparentar, más de existir que de fingir, más de arriesgar, más de equivocarme.
Una vez has cometido casi todos los errores es más fácil acertar.

Y ahora te hablo a ti, que formas parte de la larga lista de dudas que me acechan porque hay cosas de las que es mejor no hablar.
Tú que de tanto callar vas a tener que aprender a dibujar para expresarte, o hacer del silencio un arte y guardar las cuerdas vocales en un cajón que no pueda abrirse.
Tú que apareciste cuando menos te esperaba, y no es un decir.
¿Hasta cuando voy a tener que fingir que creo en las casualidades?
En una misma historia siempre hay dos realidades y, aunque podría escribir una cursilada sin sentido, de ésas que no van conmigo, hasta hacer de este texto una farsa, he preferido que sea una carta sin destinatario.
Ya he quemado todos los diccionarios para no caer en la tentación y perder algo que ha sobrevivido a tsunamis y terremotos.
Si no sale bien, me conformaré con mirar de vez en cuando aquellas fotos.
Ahora, para no escupir purpurina y ser elegante, fina y mentirosa, me quedo con las espinas y regalo la rosa, me guardo el secreto, me callo la boca, me salto las normas y escribo una carta que nadie leerá.

Ya no escuece.

El Verano de los Valientes. 3

Hace sólo una semanas que, teniendo que arrancarle las palabras de entre los dientes, pronunció al fin, aunque a trompicones, un “te quiero, pero ya no como antes”. Así decidió liberarme. Desde aquel momento, hace si llega, apenas un mes, bebo de otras fuentes cuando tengo sed.

Situémonos en el tiempo para entender a los héroes y a los villanos. Ni los buenos son, ni mucho menos, tan santos, ni los malos fueron siempre tan crueles. Dos años jugando al perro y al gato dan para desquiciar a cualquiera y, vosotras, las que cuando amáis, amáis con locura, como se amaba cuando quererse era escuchar su nombre y no poder respirar, ya lo sabréis .

Después de todo, aún no sé cómo se atrevió a volver la última vez pero más culpa tengo yo por abrirle la puerta a esas horas, por callarme las cosas, por cargar contra los demás cuando sacaban tarjetas amarillas. La culpa fue mía por dejar que una lealtad incondicional se convirtiera en una humillación pública tras otra pero no importa porque estoy en otra y ya no escuece.

Primero fuí Barbie Rambo, luego quise ser su amiga y ahora que estoy curada de espantos puedo ser quien me dé la gana. Puedo ser un koala si se me antoja y pasarme el día comiendo hojas o puedo ser una cobra y merendarme a tres como tú esta tarde.

El caso es que ahora, viendo un ejemplo de lo que espera él en una mujer, no puedo contener la risa y para que yo volviera a caer, tendría que volver a nacer.

Lo que más le molestó de mi reacción fué la sonora carcajada que solté al saber de quién se trataba esta vez. No es que me crea yo más lista que la mayoría pero, en ésta ocasión, sin caer en la exageración, se trata casi de una minusvalía. Yo también tengo las mias. En ella, es tan evidente que le falta una primavera, que entiendo que quiera cuidarla. Pobre diabla. Por más que le creciera el pelo, ésa mediocridad no hay melena que pudiera taparla.

Vi en ése mismo instante la famosa luz al final del túnel.

Para ser quien él quería que yo fuera, tendría que desaprender, olvidar, ignorar y lobotomizar, ser más simple que una zapatilla, tirar de apellido y dejar el cerebro al sol.

Y de aquí, de ésta revelación, parte la decisión más drástica de mi vida.

Un billete sólo de ida.

Escribiré a medida que encuentre las cosquillas que busco y tendrá que ser un cambio muy brusco porque, como dice la canción, quiero acción y aquí no pasa casi nada.

El verano de los valientes. I

Bajo el sol de medio día, en una pequeña plaza ubicada en un antiguo barrio judío, hay un bar con terraza y allí, en una mesa sin sombrilla, tres hijos de los 90 fuman y beben cerveza y planean un viaje sin presupuesto.
Una cerveza y otra cerveza y el sol ardiéndonos en la cara.
De fondo suena La Flaca.
En la puerta, un señor muy vivaracho, viste un polo blaugrana y baila xibeca en mano. Agita los brazos animando a la gente a levantarse de sus sillas y abandonar sus mesas y unirse a él en esa coreografía trasnochada.
Un perro ladra y otro le sigue y se arma un escándalo.

La chica pelirroja de la esquina, sentada sola en una mesa con cinco sillas, no levanta la cabeza de su libro pero sonríe escondida detrás de sus enormes gafas como si en el fondo quisiera alzarse y brindar por la vida con ése desconocido que parece tan contento y contagia al resto.
Justo en frente de esa terraza tan concurrida, en un banco sentado como si con él no fuera la cosa, un punky legendario abre una lata de comida para perros, coge con sus manos ennegrecidas por el tiempo grandes trozos de carne, viscosos, los mete en su boca y se chupa después los dedos.
Uno que anda cerca descargando su vejiga para hacer sitio a otra litrona, lo mira y le espeta:
– ¿Que haces tío? No te comas eso.
– Está muy bueno. Prueba un poco.
– Que asco, joder. Estás loco.
Y en esas se sube la bragueta, hacer caer la lata de un manotazo y se aleja con el ruido de la lata rodando calle abajo.
La gente mira, curiosa.
He visto de todo en este barrio. Aquí suceden cosas bastante más interesantes que en los sitios elegantes.

El camarero de pelo canoso, patillas gruesas y cejas espesas, se mueve ajetreado entre las mesas. Otra ronda para los hijos de los 90.

En lo que se refiere a los tres tunantes que fuman y beben al sol y planean un viaje sin presupuesto, no puedo avanzar nada por el momento. Sólo diré que se estaban buscando y se han encontrado.
Éste será el verano de los valientes.
Según como se den los acontecimientos, éste libro tomará un rumbo u otro y prometo ser fiel en la descripción de los hechos que los caprichos del destino tengan a bien traer a éste pueblo que quiere volver a ser ciudad y no lo consigue.

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