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ValentinaMaleza (@esttelaw)

"ciclotimia intermitente"

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diario

Improvisaremos.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy; como al principio, pero sin cintura.

Soy la misma extraña criatura pero sin pómulos, sin tobillos, sin miedo.

Nadie me avisó de que estaría por completo volcada en tu previa existencia, que mis cinco sentidos tratarian de percibir cada pequeño cambio de mi cuerpo al crear el tuyo, que no saldría tu imagen en blanco y negro de mi cabeza, que invadirías mis noches y mis dias sin dejar espacio a planificación alguna en otros campos de una vida que quedó pausada por completo ante el anuncio de tu llegada.

¿Y qué plan voy a urdir si no pienso en otra cosa que no sea en ti y en cumplir con lo que el mundo espera que yo sea?

Improvisemos.

¿Ves ese bosque frondoso en estado vaporoso, a nuestros pies?

Es así como se ve nuestro mundo del revés.

Te acostumbrarás.

No recordarás nuestras charlas pero espero te suene mi voz para que no sean en vano las horas que paso inventando escenarios y personajes, historias de reyes, princesas y pajes, de niños salvajes, de dragones, de enanos y de gigantes, como en los cuentos de antes.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy, sin cintura y sin miedo porque no dejo de pensar en ti.

Lo haga mejor o lo haga peor, tendrá que ser así.

Improvisaremos y no seremos como los demás esperan y eso será lo que nos haga especiales.

Tercos, valientes y reales.

Y ahora estoy aquí… y aquí, no pasa nada.

Ya regresé del viaje que empezó en aquella plaza, en aquel país, a aquellas horas…

Nada más llegar, fuimos dos catalanas, un sevillano, una ecuatoriana, un madrileño y una italiana, bebiendo whisky irlandés, bailando salsa y hablando de la vida y del karma, en Marrakech, en una terraza. Hasta las tantas.

Así nos recibió la ciudad más ruidosa jamás visitada y, hasta el último momento, fué todo tan intenso que me costaría relatarlo de forma ordenada.

Un día allí, nos pareció una semana.

Fueron más de dos, ésta vez. 

Hemos hecho autoestop bajo la lluvia en una carretera olvidada, hemos dormido en cuevas, caminado durante horas para encontrar agua…

He aprendido a escucharme, he conocido a personas que me oyen sin que les hable, he sacado escorpiones de mis zapatos, hemos pedido tantos deseos como estrellas fugaces cruzaron el cielo…

Hemos conversado durante horas con un reportero alemán, hemos tenido curiosos compañeros de asiento en los autobuses, hemos corrido por callejuelas sin orden, siguiendo a un hombre, cuyo nombre, ya no recuerdo .

Hemos sobrevivido a varios ataques de risa, perdiendo la ropa que se llevó una ráfaga de viento en las montañas….Hemos vivido con sus familias, en sus casas…

Y regresé. 

Regresé. Y ahora estoy aquí… y aquí, no pasa nada.

Como el rítmico goteo que marcaba el tiempo en una cueva con vistas al mar una noche de verano, suenan mis arterias bombeando un corazón mediocre que ni aprende ni se atreve a dar consejos .

https://valentinamaleza.wordpress.com/2016/02/23/poco-y-a-ratos/

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