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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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domingos

A mi Judas.

Si vuelvo a decir que le quiero, atadme a una farola, a las afueras.

Dejadme allí hasta que los gritos se confundan con el silbido del fuerte viento, que llega desde mar a dentro, vengativo.

Luego, dad media vuelta y tapaos los oídos.

Si vuelvo a confiar en su palabra,  agarradme bien del pelo y encerradme en el sótano más oscuro. 

No sintáis remordimiento alguno. 

Si caigo en sus trampas una vez más, lanzadme desde un quinto piso, a ver si el golpe me devuelve la cordura y puedo reencarnarme en un insecto diminuto y venenoso.

Si salgo a correr descalza, no me pareis. 

Pero si me veis, a través de las rendijas de la persiana de mi habitación, llorar con la cabeza entre las rodillas, bajo el edredón, dejadme tranquila.

No soy tan dura como creía; estoy al borde de ser borde, en vez de corazón, tuve una ensaimada que devoró una manada de lobos hambrientos y he cometido sutiles delitos de los que no me arrepiento. 

Como escribía aquella a quien yo leía buscando consuelo, con el alma en un tetrabrik…

Dame mesura, Dios,
dame mesura,
mesura chapucera y cotidiana.

Hazme mediocre, Dios
hazme mediocre.

Yo he perdido el norte y tú, la esencia. 

Si cojo ése avión, me iré tranquila. 

Porque, almenos, he sido honesta conmigo misma, he cumplido con cada palabra que te regalé cuando éramos de arena y de viento y he sido de verdad. Para bien, o para mal. 

Me he abierto en canal y te he entregado el corazón, aún palpitante. 

En  bandeja de plata.

Para que lo comáis los dos juntos.

De entrante.

He abierto la caja de Pandora y dejado que se oigan los tambores desde la otra orilla.

He cambiado mi dignidad por un beso en la frente.

He tragado el dolor, que se hace un ovillo en la garganta, y he hecho con él una enorme manta que lo cubre todo y esconde las ojeras, los temblores… las cicatrices.

He llegado hasta aquí, tan valiente y tan tonta como de costumbre.

He venido a saber si aún desprendes aquel encanto y, por una estrecha grieta en tu coraza, creí haberlo visto.

Pero no hablemos de tus mierdas, que me despisto.

No se si me voy o me quedo pero, por favor, no dejes nunca de ser aquel trovador.

No vendas tu alma por ser como esperan que seas.

Permítete ser especial como lo eras cuando con una mirada eras capaz de hacer temblar el cielo y la tierra.

Eras el duende que habita en mi mente y agita los recuerdos al compás de una guitarra que hoy ha sido olvidada en un salón.

Eres tan especial que con quererte no basta y dueles y hieres y amas…

Y entre tanto, te olvidas de ser quien eras.

Me duele la piel de echarte de menos teniéndote al lado y, aunque ya nunca vaya a recuperarte,  no voy a dejar de amarte hasta que, con mis propias manos, diga adiós a mi tiempo entre los humanos.

Si cogiera ése avión, estaría matando al duende, al trovador y casi diez años de un amor que nadie entiende.

Sería una mierda de final.

No se quién eres tú ahora, pero me niego a aceptar que  eres uno más, que yo he perdido el norte y tú la esencia …

Que eres como el resto; un coleccionista de bragas con mucho labia y poco criterio .

Me niego a dejar de creer en tí porque hasta ahora, es a tí  a quien reza una agnóstica aspirante a persona.

Porque eras lo más parecido al cielo en mi memoria, aunque te conviertas en un monstruo sin escrúpulos, ni empatia, ni conciencia, siempre veré en tí al trovador que revolvía  mis sueños al compás de una guitarra que hoy ha sido olvidada en un salón .

Te quiero y puedo decirlo sintiendo la fuerza de cada letra en el esternón .

Por eso te busco cuando tengo miedo aún estando lejos.

Ahora que estoy cerca, aprenderé a respetar tus mentiras, acariciaré tus miedos y tus pesadillas desde el otro lado de un corazón al que tengo el acceso denegado.

Estés donde estés  y con quién fuera, el  duende que eras, sigue conmigo .

Sea quien sea la persona en la que te has convertido , voy a ser fiel a mis promesas y a mis principios  porque son lo único que me queda.

Respiro a través de tus pulmones y aprenderé a cantarte a escondidas.

Estoy entre ser loba o ser cordero degollado.

Estoy entre ser buena o ser lista y no me decido.

Quiero ser realista y no lo consigo y estoy a punto de cualquier cosa.

Me veo venir.

Soy la hija de un deseo por cumplir y estoy entre ser loba o ser cordero degollado.

Ciclotímica intermitente, descendiente de algún bucanero sin presente, sin pasado, sin futuro…

Sin nombre.

Nacida allí donde se esconden los secretos mejor guardados.

Crecida sin prisa pero sin pausa entre cientos de páginas por escribir.

¿Qué podría yo contarte a tí  de mí, a éstas alturas?

Sé cuando empieza y como termina el ciclo lunar y desconozco por completo en qué afecta ello a las mareas.

Tal vez por eso precisamente sea que, de lo que soy , a lo que veas, hay un abismo y nunca sepas quien lo habita.

Tal vez no te pierdas nada y de cada una de mis caras olvides su nombre en un suspiro.

En lo que tardas en bajarte las bragas hasta los tobillos, en lo que canta el gallo que vive en la terraza del vecino,…

En lo que dura un rezo.

El tiempo que tarden en ponerse de acuerdo tu intención y tus principios y dejen de hacer sombra a mi ciclotimia intermitente.

Tus valores son una leyenda a la que sobrevivo a trompicones. Y no siempre.

Estoy entre ser loba y ser cordero degollado y me contengo. Por miedo.

Miedo, más que a nada, a romper un día el silencio y ser el ojo del huracán.

Porque yo soy tierra y, ser aire, me sienta muy mal.

Son las diez de la noche de la víspera del día en que todo cambie. 

No voy a ser ojo ni voy a ser huracán, por ahora, porque tengo ropa tendida y hay un poco de mí en todo aquello que podría yo arrasar.

Puedo ser buena, ser lista, realista y cordero degollado.

Puedo lanzar la piedra y esconder la mano como tu lo harías. Sin despeinarte.

Estoy entre ser buena o ser lista y, mientras tanto, guardo tus dedos meñiques en un frasco y ensayo cada día la caligrafía con la que un día se escribirá una carta de despedida que desatará los huracanes que ya no podrán arrasarme.

Pero vuelvo…

He estado viajando, aprendiendo, arriesgando y tomando decisiones de aquellas que giran la piel, detienen el tiempo y te convierten en alguien capaz de cualquier cosa.

Domingos de insomnio.

…y hacerle fotos mientras duerme, así, con mi nombre colgado en el pecho, una respiración pausada, el olor del aire al regresar de él a la habitación otra vez, el color de la tinta que dibuja una vida en su brazo, sus manos descansando entre las mías y las ganas contenidas de despertarle a soplidos, a sorbos, a mordiscos… 

@valentinamaleza

Un aplauso para todos los tontos felices.

Se dicen tantas cosas…
Se habla por hablar o por joder, según cuando y con quién y si no se sabe, se inventa, que aguantaremos lo que venga, antes, durante y después de la tormenta.
Se juzga mucho y se folla poco.
Cada pobre diablo con su propia verborrea sigue al rebaño sin pena ni gloria.

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Dicen que hay un peaje a pagar para llegar a molar.
Será la identidad ése peaje pues desde aquí, en fila india, las veo a todas iguales; las mismas melenas recién planchadas, las mismas puntas decoloradas, la misma ropa, idénticos zapatos, la misma cara de nada, morritos en las fotos, tatuajes clonados, selfies en el baño y hasta escuchan la misma música, la que esté de moda, la que forre más carpetas, la que puedan bailar borrachas en las mismas discotecas.
Es como un virus esto de la moda y si te infecta, va directo a tu identidad y te la roba y así en fila india no las distingo ni les pongo nombre a ninguna de ellas.
Se habla por no saber cada uno reconocer sus propias mierdas.

El fin del mundo también está en mi cabeza.

Escribo por no estallar en mil pedazos.
¿Sabes cuantos botes de mercromina se necesitan para curar un ventrículo izquierdo?

Escribo por la misma necesidad por la que respiro haciendo de cada suspiro una sutil porción de universo que por un instante es sólo mía y en su regreso al mundo lleva en ella algo de mí y en silencio lo comparte.

Desde que no duermes conmigo, hay un gato negro en el pasillo y un enjambre en el colchón. Desde que asaltas cunas, paso las noches despierta buscando excusas para no romperme del todo y, ni a grandes trazos, cuento aquello que mastico y trago por no incendiar el bosque que rodea el lago en el que ahogaste mi sonrisa aquella noche.
Escribo por no llorar y no siempre lo consigo.
El fin del mundo también está en mi cabeza; ¿acaso no has visto murciélagos desorientados salir de mis orejas?

Si desprendo nostalgia, será cuestión de tiempo, o cosa de magia, hasta que sienta firme el suelo bajo mis pies de plomo.
De momento, voy dejando que los libros me devoren, que salga lo malo y entre nuevo y lo bueno, si aparece, tal vez me lleve a bailar un tango con el enemigo, siendo yo el único testigo de algo tan parecido al holocausto.

Estoy entre la risa y la vehemencia y no me decido.
Escribo por no saber dibujar ni tengo otra habilidad más que la de rimar de vez en cuando, cantar en la ducha, liar cigarros, hacer pompas con un chicle que se deshace al masticarlo…
Escribo por gusto y por costumbre, evitando que se derrumben castillos de arena en días de viento.

Valentina Maleza

Podrías irte a por tabaco y no volver.

Piensas tan alto que puedo oírte.

Una pregunta incómoda dilata las pupilas de unos ojos curtidos en batallas de nuevos ombligos. Tan indecentes y tan fríos.

Lo que quieres, no es más que sexo entre cuatro paredes, hablar de nada…

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Cuando tú vas a por chicles, yo vuelvo haciendo pompas y no vas a ser mis domingos de resaca.
Llevo toda una vida desaprendiendo.
Ya me vestía sola antes que tú llegaras a revolverlo todo, a salir corriendo, a pintar de negro las paredes, a tentar de nuevo la suerte…

Podrías irte a por tabaco y no volver.

Que más dará, si lo poco que me queda está en esas dos viejas maletas y te tengo en frente, con esa cara que pones cuando te toca ser valiente y no sabes por donde empezar.

Él te diría que no hay una fina línea entre el amor y el odio, que hay una muralla china con francotiradores apuntando directamente a mi intuición femenina.

Piensas a gritos.

Valentina Maleza

La dignidad intacta.

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Parece que va a llover.
Es otro sábado cualquiera en una ciudad que duerme, pero poco.
No es la mía ésta ciudad que devora todo lo que alberga. Es la de todos, la gran arteria. Y te acoge, pero tan fría, tan seria, tan inmensas las vistas desde mi pecera, que siento las piernas cortas, limitada la sesera, y me busco en tu ancha frente, cuadradas tus ideas, tus sueños barrocos.
Parece que va a llover y me voy ahora que aún estoy a tiempo de mantener la dignidad intacta, mi alargada sombra y un bonito recuerdo.
Prefiero no echarte de menos.
Duermes como el niño que sigues siendo. Tus sábanas adornadas de rimmel y besos te darán los buenos días y no me habrás visto coger mis cosas y salir huyendo.
Llueve de dentro a fuera y de fuera a dentro.

De tus costumbres inamovibles, tus mentiras que, aunque piadosas, son casi un don que a pocos se otorga, son consecuencia justo a tiempo mi retirada, los mensajes que nunca llegan, las medias verdades, lo que das por hecho y no ha sido, lo que está a punto de pasar y aún no has entendido que aquí llueve de dentro a fuera y de fuera a dentro, que estamos cruzando la línea entre el vente conmigo y el echar de menos lo que nunca has tenido.

Valentina Maleza

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