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ValentinaMaleza (@esttelaw)

"ciclotimia intermitente"

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Cierta tensión. 

Hay cierta tensión sexual no resuelta entre la cordura y la sensatez.

Hay un abismo de inmadurez bajo el colchón que no compartimos, entre las líneas de todo aquello que no nos decimos, bajo la alfombra, en los trazos que dibuja tu sombra sobre la acera, en el agua de la pecera en la que nadas, en las miradas que no hemos cruzado, en los mensajes borrados, en la absurda prudencia que deja en evidencia toda cobardía.

Hay cierta magia escondida en los secretos mejor guardados.

El reto al que aspira el enamorado se escapa de unas manos que son las mías.

Tal vez preferirías que fuera discreta, invisible, lejana…. que fuera lo que nunca pude ni quise ser, para no ofender, para no asustar, para rozar una normalidad en la que nunca he creído.
Hay un nudo en la garganta si cierro los ojos y, a la espera de una tregua merecida, estoy mucho más perdida que cuando te encontré y lo revolviste todo.

Improvisaremos.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy; como al principio, pero sin cintura.

Soy la misma extraña criatura pero sin pómulos, sin tobillos, sin miedo.

Nadie me avisó de que estaría por completo volcada en tu previa existencia, que mis cinco sentidos tratarian de percibir cada pequeño cambio de mi cuerpo al crear el tuyo, que no saldría tu imagen en blanco y negro de mi cabeza, que invadirías mis noches y mis dias sin dejar espacio a planificación alguna en otros campos de una vida que quedó pausada por completo ante el anuncio de tu llegada.

¿Y qué plan voy a urdir si no pienso en otra cosa que no sea en ti y en cumplir con lo que el mundo espera que yo sea?

Improvisemos.

¿Ves ese bosque frondoso en estado vaporoso, a nuestros pies?

Es así como se ve nuestro mundo del revés.

Te acostumbrarás.

No recordarás nuestras charlas pero espero te suene mi voz para que no sean en vano las horas que paso inventando escenarios y personajes, historias de reyes, princesas y pajes, de niños salvajes, de dragones, de enanos y de gigantes, como en los cuentos de antes.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy, sin cintura y sin miedo porque no dejo de pensar en ti.

Lo haga mejor o lo haga peor, tendrá que ser así.

Improvisaremos y no seremos como los demás esperan y eso será lo que nos haga especiales.

Tercos, valientes y reales.

Aprendí a ser invisible cuando todos miran.

Porque tengo una sola vida, vísteme de loba y sácame del rebaño, que el puente mil veces cruzado lleva al estanque donde todos duermen.

Quiero estar bien despierta cuando el frío llegue y lo cambie todo.

Quiero ser muy consciente de aquello que digan los versos que surgen de los tropiezos de quien más veces se puso en pie. 

Allí donde perdí la dignidad encontré el sentido de las frases que, de tantas veces repetidas, llegaron a ser lo más parecido a la verdad.

Estaré, sin ser vista, en todas las canciones que hablen de libertad y entre las páginas de ése diario tan personal que cerraste con veinte candados justo antes de lanzar la llave al fondo del mar sin pararte un segundo a pensar si era la mejor de las ideas. 

Y puede que lo fuera.

Hacer borrón y cuenta nueva era una opción inteligente.

Barrer las cenizas, dejar un corazón hecho trizas en urgencias,  sacar a pasear todas las caras de la misma jodida moneda …

Aprendí a ser invisible cuando todos miran y allí,  al fondo a la derecha, clavé la flecha que habrás de arrancar.

Me lo tomo a risa porque, de escribir lo que mereces que escriba, te nacerían sapos en la barriga y el gato que vive abajo, treparía hasta la rama más alta del sauce que llora en el patio.

Pobre diabla. Por más que le creciera el pelo, tal mediocridad no hay melena que pudiera taparla.

Fragmento de: El Verano de los Valientes.3 / Ya no escuece.

https://instagram.com/valentinamaleza

Ya no escuece.

El Verano de los Valientes. 3

Hace sólo una semanas que, teniendo que arrancarle las palabras de entre los dientes, pronunció al fin, aunque a trompicones, un “te quiero, pero ya no como antes”. Así decidió liberarme. Desde aquel momento, hace si llega, apenas un mes, bebo de otras fuentes cuando tengo sed.

Situémonos en el tiempo para entender a los héroes y a los villanos. Ni los buenos son, ni mucho menos, tan santos, ni los malos fueron siempre tan crueles. Dos años jugando al perro y al gato dan para desquiciar a cualquiera y, vosotras, las que cuando amáis, amáis con locura, como se amaba cuando quererse era escuchar su nombre y no poder respirar, ya lo sabréis .

Después de todo, aún no sé cómo se atrevió a volver la última vez pero más culpa tengo yo por abrirle la puerta a esas horas, por callarme las cosas, por cargar contra los demás cuando sacaban tarjetas amarillas. La culpa fue mía por dejar que una lealtad incondicional se convirtiera en una humillación pública tras otra pero no importa porque estoy en otra y ya no escuece.

Primero fuí Barbie Rambo, luego quise ser su amiga y ahora que estoy curada de espantos puedo ser quien me dé la gana. Puedo ser un koala si se me antoja y pasarme el día comiendo hojas o puedo ser una cobra y merendarme a tres como tú esta tarde.

El caso es que ahora, viendo un ejemplo de lo que espera él en una mujer, no puedo contener la risa y para que yo volviera a caer, tendría que volver a nacer.

Lo que más le molestó de mi reacción fué la sonora carcajada que solté al saber de quién se trataba esta vez. No es que me crea yo más lista que la mayoría pero, en ésta ocasión, sin caer en la exageración, se trata casi de una minusvalía. Yo también tengo las mias. En ella, es tan evidente que le falta una primavera, que entiendo que quiera cuidarla. Pobre diabla. Por más que le creciera el pelo, ésa mediocridad no hay melena que pudiera taparla.

Vi en ése mismo instante la famosa luz al final del túnel.

Para ser quien él quería que yo fuera, tendría que desaprender, olvidar, ignorar y lobotomizar, ser más simple que una zapatilla, tirar de apellido y dejar el cerebro al sol.

Y de aquí, de ésta revelación, parte la decisión más drástica de mi vida.

Un billete sólo de ida.

Escribiré a medida que encuentre las cosquillas que busco y tendrá que ser un cambio muy brusco porque, como dice la canción, quiero acción y aquí no pasa casi nada.

Como el rítmico goteo que marcaba el tiempo en una cueva con vistas al mar una noche de verano, suenan mis arterias bombeando un corazón mediocre que ni aprende ni se atreve a dar consejos .

https://valentinamaleza.wordpress.com/2016/02/23/poco-y-a-ratos/

Una sobredosis de cafeína.

Una sobredosis de cafeína,  una calle transitada y a lo lejos, un perro que ladra. Una lluvia incómoda, el ruido que hace el sonido al romperse,  un debate sobre la vida y sobre la muerte,  un intento de homicidio, un galgo hambriento… Un portazo.

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Dos unicornios azules, rosas y blancos. Un carlino,  una fuente en una plaza, el señor que duerme en su banco de siempre y la presión en el esternón que me acompañaba a todas partes y era molesta y amarga, diluyéndose y bajando por mi garganta hasta hacerse agua corriente que no sabe a nostalgia ni sabe nada.

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El fin del mundo también está en mi cabeza.

Escribo por no estallar en mil pedazos.
¿Sabes cuantos botes de mercromina se necesitan para curar un ventrículo izquierdo?

Escribo por la misma necesidad por la que respiro haciendo de cada suspiro una sutil porción de universo que por un instante es sólo mía y en su regreso al mundo lleva en ella algo de mí y en silencio lo comparte.

Desde que no duermes conmigo, hay un gato negro en el pasillo y un enjambre en el colchón. Desde que asaltas cunas, paso las noches despierta buscando excusas para no romperme del todo y, ni a grandes trazos, cuento aquello que mastico y trago por no incendiar el bosque que rodea el lago en el que ahogaste mi sonrisa aquella noche.
Escribo por no llorar y no siempre lo consigo.
El fin del mundo también está en mi cabeza; ¿acaso no has visto murciélagos desorientados salir de mis orejas?

Si desprendo nostalgia, será cuestión de tiempo, o cosa de magia, hasta que sienta firme el suelo bajo mis pies de plomo.
De momento, voy dejando que los libros me devoren, que salga lo malo y entre nuevo y lo bueno, si aparece, tal vez me lleve a bailar un tango con el enemigo, siendo yo el único testigo de algo tan parecido al holocausto.

Estoy entre la risa y la vehemencia y no me decido.
Escribo por no saber dibujar ni tengo otra habilidad más que la de rimar de vez en cuando, cantar en la ducha, liar cigarros, hacer pompas con un chicle que se deshace al masticarlo…
Escribo por gusto y por costumbre, evitando que se derrumben castillos de arena en días de viento.

Valentina Maleza

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