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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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fragmentos

Limitación personal.

<< Siempre necesito que me cojan y me abracen fuerte y me digan que no pasa nada, que todo está bien, que nunca más volverá a pasarme nada malo, que ya está, que eso ya quedó atrás y que poco a poco dejaré de sentirme un objeto, que las pesadillas serán cada vez más cortas, que volveré a dormir, que podré perdonarme, que lo peor ya lo he vivido y eso solo puede hacerme más fuerte, que la rabia que llevo en la piel se evaporará cuando se curen las heridas, que dejará de doler y podré dejarme querer… Necesito que alguien esté de mí parte  y me abofetee si es necesario, pero para hacerme parar, ayudarme a escapar y ser luz otra vez. >>

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Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

Siempre puedes no mirar.

Esto tenían que ser dos despedidas y un último intento.

Dos notas que, sobre la mesa, explicaran por qué tiro la toalla.

Yo vine a dejarme morir o  llenarme de vida, según se diera.

Venía a despedirme de mi, tal y como un día me conocieran.

Coger aire tras una carrera en la que nunca quise participar, era cambiar de mar y pisar otra orilla.

Pero siempre puedes no mirar.​​

Siempre puedo dejarme llevar hasta que se consuman todas las mechas y, en una explosión, se escribieran solas las letras de las canciones que todavía nadie compuso. 

Tras la gota que colma el vaso, alguien vio venir la catástrofe emocional que sería colmar un corazón .

No olvides nunca que, lo que siempre quise, fué quedarme contigo hasta que el cuerpo aguantase, aunque no bastase con un cuerpo para pedirle al universo que vuelvas a quererme como lo hacías cuando eran tuyas mis pesadillas .

Aunque no pueda borrar tus encuentros y las caderas que los mecieron.

Aunque sepa que no puedo dejar en manos de cualquiera mis secretos, serás lo más parecido al cielo en mi memoria .

Una vez fuimos parte de la misma historia, escrita con la mano izquierda por un trovador.

Un día , entre mis piernas hubo un abismo y cada vez que haces temblar la tierra, se despeina mi cabellera y vuelvo a empezar. Así mismo.

Siempre entre la pragmática imagen del hombre que eras y las virtudes por descubrir bajo tu piel curtida y tus ojos tristes.

Siempre entre la cocina y el comedor, donde hubo un terremoto que arrasó con las paciencias .

Vuelve a quererme como antes lo hacías y prometo no romper jamás las promesas que, a orillas del Mediterráneo, se forjaron y oxidaron en lo que duró el ocaso.

Vuelve a ser la gota que colmó el vaso aunque ya no sean tuyas mis pesadillas .

Vuelve a entrar de puntillas y a revolverlo todo con tus ojos tristes y tu piel curtida, a darme problemas, a ser mi problema favorito, a ser mi mariachi las tardes de domingo, a regalarme una sonrisa por cada tropiezo, a ser la casilla de salida de todos mis juegos, a darme un motivo, a recoger los pedazos, a darme el abrazo más largo, a cantarme bajito… 

Vuelve a colmar el vaso otro ratito.

(…)

Todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.
Milan Kundera.

En todas tus dimensiones.

Quiero que sepas que, si hago mis propios planes, es porque intuyo que, si me quedara, iba a doler volver a despedirme.
Eso, … y que sea quien fuere quien te mire desde su objetivo, no podrá verte en todas tus dimensiones, desde cualquier planeta, en cualquier vida, como yo lo hago.

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Y que el día que definitivamente me despida,
aún siendo por una buena causa…
No quedará ni rastro de lo que fuimos.
Una ventisca se llevará muy lejos las manías, los talentos y una hija albina.

.

Yo te cuidaría como si fueran mías las pesadillas que interrumpen tus sueños cada noche.

Ahora que ni tú ni yo somos ya la sombra de lo que fuimos.

No puedo pasarme la vida entera llorando por tí.

En algún momento tendré que olvidarte o fingir que es así, que ya no echo de menos que me despiertes a besos cuando vuelves de tus paseos por el puerto, al alba… 

Que ya no me flagelo, casi literalmente, por haberte dejado ir…

 Que ahora soy de piedra y me importa una mierda a qué cinturas se ciñan tus manos,
de quien hablen tus canciones, ahora que hay un océano entre tus talentos y mis manías…

Ahora que ni tú ni yo somos ya la sombra de lo que fuimos…

Encontramos el norte y lo perdimos en menos de lo que tarda en consumirse mi cigarro cuando fumo, nerviosa, calculando los metros que me separan de la tragedia.

Tendré que inventar una excusa para ordenar las letras y que no falte en tu nombre ninguna de ellas.

Tunante.

Sin pena ni gloria, partió sin amigos a los que extrañar, sin rozar siquiera los corazones…
Se fue atropellando todas las emociones hasta convertirlas en una prisa que lo acompañó calle abajo y subió con él al autobús que, por fortuna, se lo llevó tan lejos.

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Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

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