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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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instinto

Improvisaremos.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy; como al principio, pero sin cintura.

Soy la misma extraña criatura pero sin pómulos, sin tobillos, sin miedo.

Nadie me avisó de que estaría por completo volcada en tu previa existencia, que mis cinco sentidos tratarian de percibir cada pequeño cambio de mi cuerpo al crear el tuyo, que no saldría tu imagen en blanco y negro de mi cabeza, que invadirías mis noches y mis dias sin dejar espacio a planificación alguna en otros campos de una vida que quedó pausada por completo ante el anuncio de tu llegada.

¿Y qué plan voy a urdir si no pienso en otra cosa que no sea en ti y en cumplir con lo que el mundo espera que yo sea?

Improvisemos.

¿Ves ese bosque frondoso en estado vaporoso, a nuestros pies?

Es así como se ve nuestro mundo del revés.

Te acostumbrarás.

No recordarás nuestras charlas pero espero te suene mi voz para que no sean en vano las horas que paso inventando escenarios y personajes, historias de reyes, princesas y pajes, de niños salvajes, de dragones, de enanos y de gigantes, como en los cuentos de antes.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy, sin cintura y sin miedo porque no dejo de pensar en ti.

Lo haga mejor o lo haga peor, tendrá que ser así.

Improvisaremos y no seremos como los demás esperan y eso será lo que nos haga especiales.

Tercos, valientes y reales.

Un Verano allí donde solíamos gritar. 

Nos dan las tantas en la plazoleta; alargando las horas, guardando las ganas, pecando un poquito…

Nos dan las mil y no hay quien nos haga parar de reír, a las puertas del cuchitril más concurrido del barrio más divertido de toda la isla.

Será que encontré la magia y la conservo como oro en paño, por si vuelve la rutina con intención de hacer daño y se empecina en ordenar cada intento de improvisar. 

Por colores, por estilo, por destino, por tamaño…. Aún recuerdo cuando, antaño, se nos hacía de día en aquel banquito del parque en el que solíamos gritar.

Recuerdo a Love of Lesbian sonando en los altavoces de aquel coche tuyo verde tan poco discreto que nos llevaba al fin del mundo en lo que por aquel entonces nos parecía un momento.

Un verano fatal, como cantaba la Rosenvinge, es lo que pedíamos a gritos desde la barra de los garitos que teníamos por costumbre frecuentar.

Una buena dosis de tardía adolescencia que nos sienta bien. 

Un último intento de recuperar el tiempo que perdimos queriendo crecer antes de saber que la gracia era ser eternamente joven. 

Nos han dado las tantas, una vez más, porque cada verano es Un Verano Fatal, y no lo digo yo, que lo dice Vegas, además. 

Un verano que empezó tan bien que me vine arriba y tu apareciste y me sacaste de mi misma. Me devolviste a la casilla de salida de un soplido, usando un comodín. 

Las tardes de junio huelen a tí. 

Dejemos que vuelva a amanecer por sorpresa mientras tenemos la cabeza entre los tobillos. Tratemos de decidir si dejarla allí o recuperar la cordura que tanto echamos de menos cuando éramos dos memos sin juicio con tanto por descubrir.

Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

En todas tus dimensiones.

Quiero que sepas que, si hago mis propios planes, es porque intuyo que, si me quedara, iba a doler volver a despedirme.
Eso, … y que sea quien fuere quien te mire desde su objetivo, no podrá verte en todas tus dimensiones, desde cualquier planeta, en cualquier vida, como yo lo hago.

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Y que el día que definitivamente me despida,
aún siendo por una buena causa…
No quedará ni rastro de lo que fuimos.
Una ventisca se llevará muy lejos las manías, los talentos y una hija albina.

Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

Tiembla la Luna y se quiebra.

Alguien se mira en un retrovisor, tu vecina se queda atrapada en el ascensor entre el segundo y el tercero…
Unas tijeras cortando un pelo que llegaba hasta la cintura, una distancia prudencial entre tus dientes y mis costillas convexas, una conversación a medias, dos sillas vacías en una clase de literatura…
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El peso de las notas que se repiten en una canción, un suspenso en simpatia, una batalla que ganó aquella vez la ironía, resumirte en una palabra que no existía…
Desde cualquier rincón en el que sentarse a observar, puedes ver la vida pasar en dirección prohibida.

Decidí hacer de mi vida una anécdota entretenida.
Y lo logré.

Escribo desde Essaouira y aquí me quedo, por ahora, regando todo cuanto sembré, vendiendo a peso cada hueso de mi cuerpo.
Los dientes y la piel también.
A granel.

No necesito más de lo previsto para llegar a mañana. Así, despacio, se van haciendo los dias semanas en una ciudad que no es la nuestra pero nos recibe siempre con las mismas ganas.

Si me notan distinta, será que la brisa me secó las lágrimas, el mar me hizo ruda y los atardeceres y la luna me ablandaron y ya no soy tan testaruda en cuanto a mi misma.
En cuanto a los demás, tendré que practicar y aprender a empatizar, a perdonar… así me perdonaré yo también y tal vez encuentre la forma de ser quien quiero ser.

Voy a seguir explotando de vez en cuando.

Reirán los mediocres a carjadas. 

Hasta que les duelan las caras.

Pero la verdad es la que és y sólo hay una. 

Amortiza la belleza que adorna tu cuerpo y pon el cerebro al sol, 

porque el día que repartieron las neuronas, está claro que a tí te pilló en Michael Kors… 

Se oye un eco y suenan trompetas cada vez que coges la coherencia y la revientas.

Con lo bonita que eres cuando cedes, silenciosa. 

Disfruta del verano y lee otra cosa. 

Yo cito a Bukowski, tú emulas a Coelho y tapas con tu pelo los restos de serrín en tus hombros. 

Supongo que me escribes en inglés porque el castellano no lo dominas.

Yo te contesto en cristiano y te doy un consejo.

No toques los enchufes con los pies mojados.

Tú a lo tuyo, yo a la mía…

Te agradecería, que cesaras en tu empeño de ser la protagonista de una comedia que inspiras con sólo  existir. 

Ponte los dibujos animados.

En versión original. Subtitulados. 

En cuanto a mí, voy a seguir explotando de vez en cuando.

Los que guardamos secretos de tales dimensiones en los cajones, estamos hechos de recuerdos.

Nos dejamos arrastrar por las emociones. Vamos… y volvemos. 

Pero siempre estamos. 

Nos quedamos.

Me lo tomo a risa porque, de escribir lo que mereces que escriba, te nacerían sapos en la barriga y el gato que vive abajo, treparía hasta la rama más alta del sauce que llora en el patio.

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