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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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lírica

Improvisaremos.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy; como al principio, pero sin cintura.

Soy la misma extraña criatura pero sin pómulos, sin tobillos, sin miedo.

Nadie me avisó de que estaría por completo volcada en tu previa existencia, que mis cinco sentidos tratarian de percibir cada pequeño cambio de mi cuerpo al crear el tuyo, que no saldría tu imagen en blanco y negro de mi cabeza, que invadirías mis noches y mis dias sin dejar espacio a planificación alguna en otros campos de una vida que quedó pausada por completo ante el anuncio de tu llegada.

¿Y qué plan voy a urdir si no pienso en otra cosa que no sea en ti y en cumplir con lo que el mundo espera que yo sea?

Improvisemos.

¿Ves ese bosque frondoso en estado vaporoso, a nuestros pies?

Es así como se ve nuestro mundo del revés.

Te acostumbrarás.

No recordarás nuestras charlas pero espero te suene mi voz para que no sean en vano las horas que paso inventando escenarios y personajes, historias de reyes, princesas y pajes, de niños salvajes, de dragones, de enanos y de gigantes, como en los cuentos de antes.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy, sin cintura y sin miedo porque no dejo de pensar en ti.

Lo haga mejor o lo haga peor, tendrá que ser así.

Improvisaremos y no seremos como los demás esperan y eso será lo que nos haga especiales.

Tercos, valientes y reales.

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Escupiendo purpurina.

Podría escribir una cursilada sin sentido, diciendo moñadas que no van conmigo.
Podría adornar la verdad con promesas y nuevos propósitos hasta sonar como uno de esos libros de autoayuda que tanto detesto y así contentar a la mayoría.
Podría hacer de esto un discurso de año nuevo que nadie leería, clonando palabras muy bien elegidas.
Podría sumarme al resto y convertir este texto en una farsa, escupir purpurina, ser muy elegante, muy fina… muy mentirosa.
Pero soy más de espinas que de rosas , más de lamentar que de aparentar, más de existir que de fingir, más de arriesgar, más de equivocarme.
Una vez has cometido casi todos los errores es más fácil acertar.

Y ahora te hablo a ti, que formas parte de la larga lista de dudas que me acechan porque hay cosas de las que es mejor no hablar.
Tú que de tanto callar vas a tener que aprender a dibujar para expresarte, o hacer del silencio un arte y guardar las cuerdas vocales en un cajón que no pueda abrirse.
Tú que apareciste cuando menos te esperaba, y no es un decir.
¿Hasta cuando voy a tener que fingir que creo en las casualidades?
En una misma historia siempre hay dos realidades y, aunque podría escribir una cursilada sin sentido, de ésas que no van conmigo, hasta hacer de este texto una farsa, he preferido que sea una carta sin destinatario.
Ya he quemado todos los diccionarios para no caer en la tentación y perder algo que ha sobrevivido a tsunamis y terremotos.
Si no sale bien, me conformaré con mirar de vez en cuando aquellas fotos.
Ahora, para no escupir purpurina y ser elegante, fina y mentirosa, me quedo con las espinas y regalo la rosa, me guardo el secreto, me callo la boca, me salto las normas y escribo una carta que nadie leerá.

Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

Estoy entre ser loba o ser cordero degollado.

Estoy entre ser buena o ser lista y no me decido.

Quiero ser realista y no lo consigo y estoy a punto de cualquier cosa.

Me veo venir.

Soy la hija de un deseo por cumplir y estoy entre ser loba o ser cordero degollado.

Ciclotímica intermitente, descendiente de algún bucanero sin presente, sin pasado, sin futuro…

Sin nombre.

Nacida allí donde se esconden los secretos mejor guardados.

Crecida sin prisa pero sin pausa entre cientos de páginas por escribir.

¿Qué podría yo contarte a tí  de mí, a éstas alturas?

Sé cuando empieza y como termina el ciclo lunar y desconozco por completo en qué afecta ello a las mareas.

Tal vez por eso precisamente sea que, de lo que soy , a lo que veas, hay un abismo y nunca sepas quien lo habita.

Tal vez no te pierdas nada y de cada una de mis caras olvides su nombre en un suspiro.

En lo que tardas en bajarte las bragas hasta los tobillos, en lo que canta el gallo que vive en la terraza del vecino,…

En lo que dura un rezo.

El tiempo que tarden en ponerse de acuerdo tu intención y tus principios y dejen de hacer sombra a mi ciclotimia intermitente.

Tus valores son una leyenda a la que sobrevivo a trompicones. Y no siempre.

Estoy entre ser loba y ser cordero degollado y me contengo. Por miedo.

Miedo, más que a nada, a romper un día el silencio y ser el ojo del huracán.

Porque yo soy tierra y, ser aire, me sienta muy mal.

Son las diez de la noche de la víspera del día en que todo cambie. 

No voy a ser ojo ni voy a ser huracán, por ahora, porque tengo ropa tendida y hay un poco de mí en todo aquello que podría yo arrasar.

Puedo ser buena, ser lista, realista y cordero degollado.

Puedo lanzar la piedra y esconder la mano como tu lo harías. Sin despeinarte.

Estoy entre ser buena o ser lista y, mientras tanto, guardo tus dedos meñiques en un frasco y ensayo cada día la caligrafía con la que un día se escribirá una carta de despedida que desatará los huracanes que ya no podrán arrasarme.

Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

Volvió a temblar la Luna .

Sigo siendo el incómodo silencio entre tu nombre y el suyo.

Soy todavía el murmullo que puedes oir a tu paso cuando corres calle abajo queriendo ser normal y no lo consigues…
Una vez conté los adoquines que hay desde tu casa hasta la mía. Hoy la luz de la Luna me guiaría y es tan corto el camino…

Pero ahora somos el sonido que hacen las llaves cuando las dejas sobre el mueble del recibidor, dos versiones de una misma historia, los trescientos sesenta grados que gira una noria, pasar por debajo de una escalera…
image

Tiembla la luna y se quiebra.
Alguien vuelve a mirarse en el mismo retrovisor, me pierde, me asfixia, me alejo, le veo encondiendo la cabeza entre los hombros… y el ruido que hizo la Luna al quebrarse, rompió el espejo y dejó de nuevo una conversación a medias, te resumí en una palabra que no existía y, por culpa de la ironía, no me sobra, te juro que no me sobra… Precisamente…
Simpatía.

Lo + leído en 2015…

Me lo voy a tomar a risa.

Cada palabra tuya es una discreta despedida soltada al aire como globo de helio a la deriva.

Te pienso a menudo, pese a los silencios.
Sé exactamente en qué medida te descuadro. Te confundo y atraigo a partes iguales; soy más de lo que crees, menos de lo que esperabas, aveces me odias, a ratos me amas…
Dramas.
Ésa delgada línea roja entre la curiosidad y la enajenación mental, una inmadurez electa que a ti te afecta pero a mi me hace tan inmensamente libre…

Tan libre como para reconocer que encontré en tí un ancla y quise soldarla a mi inestable y ridícula piragua, que me inspiraste sobremanera y me sentí Gala peinando tus bigotes; observaba con ojos laicos sin más pretensión que compartir rarezas.
Tenía que pasar y no podía ser más que en ése preciso instante.
Limerencia.
Se alinearon los astros, cruzaron cientos de gatos negros y así la suerte iba y venía; jugando a bastos, haciendo trampa, queriendo ser también globo de helio, como nosotros, a la deriva.

Demasiado alto para quien teme desde arriba la caída.

Valentina Maleza

Como el rítmico goteo que marcaba el tiempo en una cueva con vistas al mar una noche de verano, suenan mis arterias bombeando un corazón mediocre que ni aprende ni se atreve a dar consejos .

https://valentinamaleza.wordpress.com/2016/02/23/poco-y-a-ratos/

Noctámbula.

Anoche, a ésas horas, aún no dormia, pero sé como de cortas son las patas de las mentiras y evitaba tener que improvisar una tan piadosa que, al ser yo también coja, me atrapara a medio camino, enrojecieran mis orejas y, con una orden de alejamiento, terminara antes de tiempo una historia que justo empieza a despertar. 

Ahora que vas cogiendo forma y hasta tienes una voz y un nombre, pongámosle banda sonora, aqui y ahora.

Serás el más valiente de los hombres cada vez que se te ocurra una manera de acortar la espera.

https://instagram.com/valentinamaleza

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