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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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marruecos

…ahora un suspiro.

Aquí se agudiza el oído y se pierde el habla. 

Aquí una parte de mi se siente como en casa y la otra nada a contracorriente, con una duda siempre en la frente, el corazón encogido, ahora un suspiro, ahora aprieta fuerte los dientes…

Aquí todos los días son diferentes.

Las tardes de niebla son más que frecuentes tras una mañana calurosa y, en un abrir y cerrar de ojos, es otro mundo éste, aquí, tras la muralla. Hasta el clima improvisa en la ciudad del viento.

Cuando menos lo esperas, una tormenta llega y se queda y mañana será otro día.

Desde el primer relámpago hasta la última gota del agua que moja la ropa que cuelga de un cordel en la azotea, truena el cielo y moja la tierra que todos pisamos.

Una historia se forja al sol de Marruecos. La brisa borra deprisa los recuerdos, el mar curte la piel y ablanda los huesos que, a peso, venderé.

Aquí todos los primeros días de mi vida podrían juntarse y hacer una vida entera. Nueva. Para quien la quiera.

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Se agudiza el oído y se pierde el habla

La primero que vi al entrar en la habitación fué la mancha que decora la pared que se ve al otro lado de la ventana.La luz amarillenta de la farola define, uniendo las sombras, un rostro de mujer, a lo francés, muy bien peinada. Ojos enormes, nariz pequeña y afilada y una boca de piñón con las comisuras perfectamente dibujadas sobre la pared desconchada.

Ligeramente de perfil, observa con su catalejo, ensimismada, todo cuanto sucede en esa casa que, abierta de arriba abajo en sus entrañas, saluda al sol de Marruecos desde la azotea, guarda secretos tras los muros que levantan y sostienen las estancias y sólo un rostro que el tiempo dibujó en una pared encalada, observa y no pierde detalle de todo cuanto acontece, se habla y se calla también, a través de ésa ventana, en la habitación más bonita, de la casa con los habitantes de procedencia más variopinta, en el callejón más estrecho de la ciudad más olvidada.

Aquí se agudiza el oído y se pierde el habla.

Aquí una parte de mi se siente como en casa y la otra nada a contracorriente, con una duda siempre en la frente, el corazón encogido, ahora un suspiro, ahora aprieta fuerte los dientes…

Aquí todos los días son diferentes.

Las tardes de niebla son más que frecuentes tras una mañana calurosa y, en un abrir y cerrar de ojos, es otro mundo éste, aquí, tras la muralla. Hasta el clima improvisa en la ciudad del viento.

Cuando menos lo esperas, una tormenta llega y se queda y mañana será otro día.

Desde el primer relámpago hasta la última gota del agua que moja la ropa que cuelga de un cordel en la azotea, truena el cielo y moja la tierra que todos pisamos.

Una historia se forja al sol de Marruecos. La brisa borra deprisa los recuerdos, el mar curte la piel y ablanda los huesos que, a peso, venderé.

Aquí todos los primeros días de mi vida podrían juntarse y hacer una vida entera. Nueva. Para quien la quiera.

Así, de todos los pájaros que tengo en la cabeza, dejar mi país y venirme aquí, fue la mejor de las ideas.

Me prometí disfrutar de la experiencia, que no dejaría escapar una sola anécdota, que dejaría fluir todo lo que surgiera, por aquello de ser quien yo quiera y , de ésa manera, vivir la vida tan intensa como se presenta. 

Ahora suena un rezo que hace temblar la copa en la mesa y todos callan.

Ahora vendo cada hueso de mi cuerpo, a peso.

Los dientes y la piel también. A granel.

El resto es arena mojada y vino caliente. Lo de siempre.

Aquí dejo el arco, la última flecha, los ojos, la frente, un lunar y la tirita que usé cuando reparé mi ventrículo izquierdo.

Hay algo importante que quiero encontrar y no puedo cargar con todo ese peso.

Si es sólo un cuerpo y lo usaré un ratito, nada más…

Antes de que anochezca, dejaré el hígado y los pulmones en una cesta que no llevaré conmigo.

 

.

Desde el primer relámpago hasta la última gota del agua que moja la ropa que cuelga de un cordel en la azotea, truena el cielo y se moja la tierra que todos pisamos. 

Decidí hacer de mi vida una anécdota entretenida.
Y lo logré.

Escribo desde Essaouira y aquí me quedo, por ahora, regando todo cuanto sembré, vendiendo a peso cada hueso de mi cuerpo.
Los dientes y la piel también.
A granel.

No necesito más de lo previsto para llegar a mañana. Así, despacio, se van haciendo los dias semanas en una ciudad que no es la nuestra pero nos recibe siempre con las mismas ganas.

Si me notan distinta, será que la brisa me secó las lágrimas, el mar me hizo ruda y los atardeceres y la luna me ablandaron y ya no soy tan testaruda en cuanto a mi misma.
En cuanto a los demás, tendré que practicar y aprender a empatizar, a perdonar… así me perdonaré yo también y tal vez encuentre la forma de ser quien quiero ser.

Y ahora estoy aquí… y aquí, no pasa nada.

Ya regresé del viaje que empezó en aquella plaza, en aquel país, a aquellas horas…

Nada más llegar, fuimos dos catalanas, un sevillano, una ecuatoriana, un madrileño y una italiana, bebiendo whisky irlandés, bailando salsa y hablando de la vida y del karma, en Marrakech, en una terraza. Hasta las tantas.

Así nos recibió la ciudad más ruidosa jamás visitada y, hasta el último momento, fué todo tan intenso que me costaría relatarlo de forma ordenada.

Un día allí, nos pareció una semana.

Fueron más de dos, ésta vez. 

Hemos hecho autoestop bajo la lluvia en una carretera olvidada, hemos dormido en cuevas, caminado durante horas para encontrar agua…

He aprendido a escucharme, he conocido a personas que me oyen sin que les hable, he sacado escorpiones de mis zapatos, hemos pedido tantos deseos como estrellas fugaces cruzaron el cielo…

Hemos conversado durante horas con un reportero alemán, hemos tenido curiosos compañeros de asiento en los autobuses, hemos corrido por callejuelas sin orden, siguiendo a un hombre, cuyo nombre, ya no recuerdo .

Hemos sobrevivido a varios ataques de risa, perdiendo la ropa que se llevó una ráfaga de viento en las montañas….Hemos vivido con sus familias, en sus casas…

Y regresé. 

Regresé. Y ahora estoy aquí… y aquí, no pasa nada.

Valientes en Marruecos. 2

Hoy tengo el día tonto y hago la maleta como si en vez de viajar a otro país, me mudara a otro planeta.

Porque tengo la cabeza allí, porque siento crecer algo en mí que cambiará mi vida, porque éste viaje es un sueño y estoy decidida a dejarme los dientes, a crear lazos permanentes y hacerme oír, desde el desierto hasta aquí, compartiendo con mis Valientes, historias ambientadas entre doradad dunas y eternas playas.

Porque si nadie me ve, claro que existo, como existen ellos, aunque los ignoremos y nos dediquemos a mantener nuestras cuentas corrientes al día, a plancharnos el pelo, a hacernos fotos en parajes exclusivos sin soltar la pulsera… Que eso no es viajar, es ver un anuncio a tiempo real y es casi inmoral pasar por el mundo sin dejar en él algo de tí.

Hago la maleta y me despido de mí, tal y como me conozco. Sé que al volver, si es que vuelvo, tendré la oportunidad de agradecer de alguna forma a toda ésa gente que se ha implicado en éste proyecto, su generosidad y su optimismo, por sus ideas, por sus consejos y por todo el tiempo que han dedicado hasta casi dejarse también los dientes.

Valientes en Marruecos.

​No sé por donde empezar así que escribiré como si se tratara de una carta que envío al desierto lanzándola al mar. 

Así de imposible parecîa hace apenas unos dias.

Me enamoré de Marruecos hace tres años, cuando lo visité por primera vez. Fué tan inexplicablemente emocionante que no queria marcharme y dejar sóla la playa que tanto me dió sin pedir nada a cambio.
Una vez de vuelta a España, no la sentía ya como mi casa y me costó volver a adaptarme a la hipocresía, el egoísmo, las prisas, los ceños fruncidos y el consumismo absurdo que aquí nos absorbe y nos somete.

Me cambió en todos los sentidos y la lección humana que allí recibí y que me hizo mejor persona, fué la misma que me llevó a elegir un camino del que de verdad pudiera sentirme orgullosa.

Volví a Marruecos con mi hermana poco después y me conmovió sobremanera ser recordada por las personas que había conocido allí, cuando descubrí el país. 

El año pasado acompañé de nuevo a una amiga en una escapada algo más larga y regresé, en ésa ocasión, con una horrible sensación de estar aquí, donde no debía, de dejar atrás la opción de quedarme allí donde sentía que podía ser útil, donde mi existencia tenía un sentido, donde cada día era distinto porque, en Marruecos, las personas son personas y no autómatas que siguen siempre el mismo recorrido con los ojos cerrados. Porque en Marruecos se reza al Sol, al mar y a la vida y lo que aquí llamamos vida, no es más que una pantomima que,  de tantas veces repetida hemos aceptado, la mayoría, como verdad inquebrantable.

Llegué a la conclusión, en ése momento, de que si quería algún día encaminar mis pasos hacia lo que realmente quería hacer con el tiempo que se me ha concedido aquí, sea más corto o más largo, tenía que prepararme para la aventura. 

No podía cambiar el mundo pero tal vez podría formar parte de ésa minoría comprometida con los principios y los valores que tanto echaba de menos cada vez que volvía de compartir experiencias tan humanas, tan mágicas… Tan abrumadora la amabilidad y la generosidad que allí siempre te recibe.

Y esperé un poco, confié en mi suerte y una mañana… Una idea.

@valentinamaleza

Fotografía de @yaaaizamor

Allí.

Algo tendrá que ver el color rojizo de su atardecer con la sensación de volver a nacer, allí, en la playa en la que quiero bañarme desnuda cada noche con la misma luna.

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