Buscar

ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

Etiqueta

poesía

Volvió a temblar la Luna .

Sigo siendo el incómodo silencio entre tu nombre y el suyo.

Soy todavía el murmullo que puedes oir a tu paso cuando corres calle abajo queriendo ser normal y no lo consigues…
Una vez conté los adoquines que hay desde tu casa hasta la mía. Hoy la luz de la Luna me guiaría y es tan corto el camino…

Pero ahora somos el sonido que hacen las llaves cuando las dejas sobre el mueble del recibidor, dos versiones de una misma historia, los trescientos sesenta grados que gira una noria, pasar por debajo de una escalera…
image

Tiembla la luna y se quiebra.
Alguien vuelve a mirarse en el mismo retrovisor, me pierde, me asfixia, me alejo, le veo encondiendo la cabeza entre los hombros… y el ruido que hizo la Luna al quebrarse, rompió el espejo y dejó de nuevo una conversación a medias, te resumí en una palabra que no existía y, por culpa de la ironía, no me sobra, te juro que no me sobra… Precisamente…
Simpatía.

Anuncios

Lo + leído en 2015…

Me lo voy a tomar a risa.

Cada palabra tuya es una discreta despedida soltada al aire como globo de helio a la deriva.

Te pienso a menudo, pese a los silencios.
Sé exactamente en qué medida te descuadro. Te confundo y atraigo a partes iguales; soy más de lo que crees, menos de lo que esperabas, aveces me odias, a ratos me amas…
Dramas.
Ésa delgada línea roja entre la curiosidad y la enajenación mental, una inmadurez electa que a ti te afecta pero a mi me hace tan inmensamente libre…

Tan libre como para reconocer que encontré en tí un ancla y quise soldarla a mi inestable y ridícula piragua, que me inspiraste sobremanera y me sentí Gala peinando tus bigotes; observaba con ojos laicos sin más pretensión que compartir rarezas.
Tenía que pasar y no podía ser más que en ése preciso instante.
Limerencia.
Se alinearon los astros, cruzaron cientos de gatos negros y así la suerte iba y venía; jugando a bastos, haciendo trampa, queriendo ser también globo de helio, como nosotros, a la deriva.

Demasiado alto para quien teme desde arriba la caída.

Valentina Maleza

Un año de mierda lo tiene cualquiera.

Éste 2016 fué un frotarse los ojos con las manos al despertar de un largo letargo, tomar conciencia de la velocidad a la que se mueve el planeta en el infinito espacio, “sentir el corazón lleno de arena”, gastar toda la tinta ahogando en ella las penas y meterlas todas en una botella que lancé al Atlántico.

Como directora de mi propia película basada en hechos reales, puedo decir que éstos trescientos sesenta y cinco días han sido una revelación , doce meses de transformación, unas pupilas acostumbrándose a la luz… un año de mierda al fin y al cabo .

Pero de la mierda siempre se aprende o se crea algo.

Un año y medio encerrada en una buhardilla fué una parálisis en el corazón, un incendio, una explosión en el pecho cuando la casa estaba en silencio.

Los recuerdos dolían, las paredes se agrietaban, el suelo se abría y pude ver de verdad cuanta oscuridad aguarda allí abajo.

Cientos de cuervos negros me sobrevolaban, una manada de hienas me seguía a todas partes y fué un arte olvidarte, una suerte salvarme y casi un milagro salir del barro agarradita a aquella rama.

Hubo también un par de terremotos y un tsunami entre la cocina y el comedor. Una sombra habitaba en el pasillo y ni en el espejo más grande de la habitación lograba yo encontrarme cuando más me necesitaba.

Un desastre merecido, un ceño fruncido , una cojera, un desequilibrio…  una cicatriz que luciré para siempre con orgullo de excombatiente.

Y me despedí de mí tal y como me conocía , amaneciendo un día como si fuera el primero. Y me corté el pelo y me dejé las venas largas y , mientras crecían, yo renacía y me despedía a la vez.

Era como un pez fuera del agua que empezaba a pudrirse en su pecera. Si aquel no era mi sitio , habría alguno que lo fuera.

Volví a empezar, hice las maletas, guardé el miedo en el segundo cajón de la izquierda y en dos horas y media aterrizaba en otra ciudad .

Otra realidad y distintos colores.

Ni por un segundo esperé que alguien me entendiera. Sólo los locos y los suicidas dan un vuelco así a sus vidas sin despeinarse y, tras año y medio en aquella maldita buhardilla , poco importaba que me pidiesen de rodillas que me quedase.

Han pasado ya varios meses desde aquella resurrección que fué la mejor decisión que jamás tomase.

Podría ser normal pero tengo sueños por alcanzar  y, aunque no lo lograse, prefiero morir en el intento a ser la oveja que siguiendo al rebaño perdió de vista el firmamento.

No ha nacido pastor a cuyas normas yo pudiese acostumbrarme y yo no he nacido para agachar la cabeza y conformarme.

Así como mis rizos crecen, salvajes, hay algo de indomable en mí y renací el día que al fin hallé el coraje, ” fui loba y quebré con el rebaño hastiada del llano”.

Un morderse la lengua.

Ella nunca vio la nieve en toda su vida. Espero que éste año el clima sea generoso y le regale unos copos que desde el cielo, lleguen a caerle en el pelo y mojen sus rizos al deshacerse.

Hace días que no es conmigo lo que antes era; un suspiro de alivio una tarde de primavera, un morderse la lengua, una mano buscando lo que perdió entre las cuerdas de su guitarra, una carcajada rompiendo el silencio de esta casa , de madrugada, un beso en la frente…

Echo de menos ser para ella como la primera estrella que osa brillar, escandalosa, tras la tormenta.

De todas las notas de una canción que suena como salida de una gramola en una estación de tren cuando el último pasó hace horas, es la última nota la que se enreda en tu ropa, te acompaña calle abajo, trepa por tu espalda y, mientras tarareas el estribillo, salta cual invisible grillo hasta llegar a tu oído y allí se instala, para siempre.

Cantarás la misma canción hasta que se te caigan los dientes.

A veces quiero ser esa última nota para viajar con ella por toda Europa.

A veces prefiero terminar antes de empezar y así ahorrarme las despedidas.

Aveces olvido que los demás tienen sus propias vidas pero ayer me colgué un cartel en la espalda en el que está escrito en varios idiomas “prohibido hacerse querer”.

Prohibido hacerme creer que, tal vez, en algún lugar de cuyo nombre no conseguiré acordarme haya un rincón en el que el amor no sea sólo un plato de sopa fría a repartir entre los comensales.

Eso de dejarse llevar puede desencadenar el más predecible de los finales, secando mares que se reencarnan después en lágrimas que el viento seca en una azotea al sol de Marruecos.

La última nota de una canción como salida de una gramola en una estación de tren, cuando el último pasó hace horas, se enreda en mi ropa, me acompaña calle abajo, trepa por mi espalda y, mientras tarareo el estribillo, salta cual invisible grillo, se mete en mi oído y aquí se instala, para siempre.

Tarareo verdades.

Me odias porque tarareo verdades como puños de manos de gigante.

Me odias porque ahora soy feliz y eso a ti, no te conviene. 

Porque ahora que he olvidado el sonido de las agujas del reloj en aquella sala de espera, ya no quiero salvarte.

Me odias porque yo he recuperado la dignidad y tu duermes con ella por no masturbarte.

Sabes que guardo en un cajón todos los mensajes y te asusta que después de haber vendido mi papel de mala en todos ésos cuentos que ya nadie compra, alguien reconozca algún detalle y te pidan que devuelvas la corona.

Me odias porque te quise como tú nunca, jamás, querrás a nadie.

@valentinamaleza

Imagen cedida por @yaaaizamor

Como el rítmico goteo que marcaba el tiempo en una cueva con vistas al mar una noche de verano, suenan mis arterias bombeando un corazón mediocre que ni aprende ni se atreve a dar consejos .

https://valentinamaleza.wordpress.com/2016/02/23/poco-y-a-ratos/

Cuidado conmigo, amor mío.

Cuidado conmigo, amor mío. He aprendido a dormir con los ojos abiertos, a llorar hacia adentro, a estar allí sin ser vista… Como a la más veterana de las periodistas, llegan a mí las noticias sin preguntar siquiera porque, de entre todos los humanos, tú eres el único que aún no se ha enterado de que elegiste a la más tonta porque aún no me has olvidado.

Buscando lo más opuesto a lo que de mí te atrajo, diste con su encefalograma plano.

De todos los cerebros, el menos sano.

Aún puedes caer más bajo.

No sabes cuánto me alegro de tu medalla de bronce en los paralímpicos del amor. No sabes cuantas risas nos has proporcionado a los que, además de tener cerebro, también lo usamos para algo más que juzgar y fingir.

¿No decías que era una loca desquiciada ésta con la que ahora te haces fotos en la cama?

Somos todas unas desequilibradas.

Mi pequeño mentiroso, se ven tan pequeñas tus manos en las fotos… Son como las pezuñas de un puerco espín, pero cuidado conmigo, amor mío. Todos tus atentados me han servido para aprender a dormir con los ojos abiertos.

Sabes que ya no conozco el miedo, que hace tiempo que no te creo, que regresaste tantas veces como estrellas llenan el cielo una noche tranquila en mitad del desierto…

Cuidado conmigo, amor mío porque la caja de Pandora puede abrirse en cualquier momento.

Si escupes hacia arriba, siempre te caerá en la cara. Es una sencilla lección de vida y la tengo bien aprendida.

https://www.instagram.com/valentinamaleza

Un garabato y un mordisco.

Cuando se juntan las ganas de querer con el no poder dejar de hacer, te asalta una duda y enmudeces.

La realidad encontró a la ficción en un callejón y la superó con creces.

Hay que joderse. Cuanto más se de ti, menos se de mi y a veces, sólo a veces, creo haber encontrado la belleza en los silencios, en las pausas y en los tiempos que, contra mareas y vientos, se abren camino a besos y a codazos.

A versos y a codazos.

Antes de tí y después de aquel coleccionista de huesos, creí que nada volvería a coger forma, que nadie volvería a hablar jamás mi mismo idioma, que mi cuerpo se evaporaría y sólo me quedarían los sesos y, mira por donde, estoy aquí gracias a ellos.

Podría ser más alta, más guapa, tener más pecho y quedar mejor en las fotos pero no es el caso y, de hecho, si no eres tú, será otro quien me quiera siendo un garabato, un mordisco, un bicho raro…

Me alegro de haberte conocido y ser un suspiro de madrugada.

Fue cuando te conocí que me convertí en unicornio.
https://instagram.com/valentinamaleza

https://instagram.com/valentinamaleza

Efectos secundarios.

No aprendí a caer con dignidad pero me he dado la oportunidad de volver a intentarlo.
Paso del nihilismo a la obsesión en lo que dura un telediario, no metí la cabeza en el horno de milagro y cogí un tren sin preguntar de donde venía porque poco me importaba estar aquí o en un país inventado, sólo para mí, que oliera a recién estrenado.
La enfermedad de las mujeres que aman demasiado.

No sé qué intento aparentar si sé que, a pesar de los pesares, te querré hasta que se sequen los mares y así una sarta de patéticas cursilerías. Tú lo sabías.
Desde que sé de mis vértigos no me acerco a las cornisas.
image

Perdí hasta la vergüenza.
Quise hacer de mi experiencia un ejemplo a no seguir, alguien a quien no admirar, una muestra más de los efectos secundarios de la insensatez temprana.

Ya he confesado todos mis pecados, le puse al karma la otra mejilla sin quejarme y aún curo heridas que de vez en cuando se abren.
Soy más intensa que la mayoría y eso no me hace más lista, sino más flaca.
Apenas 50 kg me sostienen.
Quería algo, no sabía muy bien qué; afecto creo que era, o hierba o un café. Ahora puedo contar las costillas que se marcan a través de la camiseta, me ato bien los cinturones para no perder los pantalones y éstos brazos, que parecen dos ramas secas, abrazan igual o más fuerte que los vuestros, todos mis secretos.
Estoy al borde de ser borde y me contengo.

Valentina Maleza

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: