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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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prosa

Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

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Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

Un año de mierda lo tiene cualquiera.

Éste 2016 fué un frotarse los ojos con las manos al despertar de un largo letargo, tomar conciencia de la velocidad a la que se mueve el planeta en el infinito espacio, “sentir el corazón lleno de arena”, gastar toda la tinta ahogando en ella las penas y meterlas todas en una botella que lancé al Atlántico.

Como directora de mi propia película basada en hechos reales, puedo decir que éstos trescientos sesenta y cinco días han sido una revelación , doce meses de transformación, unas pupilas acostumbrándose a la luz… un año de mierda al fin y al cabo .

Pero de la mierda siempre se aprende o se crea algo.

Un año y medio encerrada en una buhardilla fué una parálisis en el corazón, un incendio, una explosión en el pecho cuando la casa estaba en silencio.

Los recuerdos dolían, las paredes se agrietaban, el suelo se abría y pude ver de verdad cuanta oscuridad aguarda allí abajo.

Cientos de cuervos negros me sobrevolaban, una manada de hienas me seguía a todas partes y fué un arte olvidarte, una suerte salvarme y casi un milagro salir del barro agarradita a aquella rama.

Hubo también un par de terremotos y un tsunami entre la cocina y el comedor. Una sombra habitaba en el pasillo y ni en el espejo más grande de la habitación lograba yo encontrarme cuando más me necesitaba.

Un desastre merecido, un ceño fruncido , una cojera, un desequilibrio…  una cicatriz que luciré para siempre con orgullo de excombatiente.

Y me despedí de mí tal y como me conocía , amaneciendo un día como si fuera el primero. Y me corté el pelo y me dejé las venas largas y , mientras crecían, yo renacía y me despedía a la vez.

Era como un pez fuera del agua que empezaba a pudrirse en su pecera. Si aquel no era mi sitio , habría alguno que lo fuera.

Volví a empezar, hice las maletas, guardé el miedo en el segundo cajón de la izquierda y en dos horas y media aterrizaba en otra ciudad .

Otra realidad y distintos colores.

Ni por un segundo esperé que alguien me entendiera. Sólo los locos y los suicidas dan un vuelco así a sus vidas sin despeinarse y, tras año y medio en aquella maldita buhardilla , poco importaba que me pidiesen de rodillas que me quedase.

Han pasado ya varios meses desde aquella resurrección que fué la mejor decisión que jamás tomase.

Podría ser normal pero tengo sueños por alcanzar  y, aunque no lo lograse, prefiero morir en el intento a ser la oveja que siguiendo al rebaño perdió de vista el firmamento.

No ha nacido pastor a cuyas normas yo pudiese acostumbrarme y yo no he nacido para agachar la cabeza y conformarme.

Así como mis rizos crecen, salvajes, hay algo de indomable en mí y renací el día que al fin hallé el coraje, ” fui loba y quebré con el rebaño hastiada del llano”.

El verano de los valientes. I

Bajo el sol de medio día, en una pequeña plaza ubicada en un antiguo barrio judío, hay un bar con terraza y allí, en una mesa sin sombrilla, tres hijos de los 90 fuman y beben cerveza y planean un viaje sin presupuesto.
Una cerveza y otra cerveza y el sol ardiéndonos en la cara.
De fondo suena La Flaca.
En la puerta, un señor muy vivaracho, viste un polo blaugrana y baila xibeca en mano. Agita los brazos animando a la gente a levantarse de sus sillas y abandonar sus mesas y unirse a él en esa coreografía trasnochada.
Un perro ladra y otro le sigue y se arma un escándalo.

La chica pelirroja de la esquina, sentada sola en una mesa con cinco sillas, no levanta la cabeza de su libro pero sonríe escondida detrás de sus enormes gafas como si en el fondo quisiera alzarse y brindar por la vida con ése desconocido que parece tan contento y contagia al resto.
Justo en frente de esa terraza tan concurrida, en un banco sentado como si con él no fuera la cosa, un punky legendario abre una lata de comida para perros, coge con sus manos ennegrecidas por el tiempo grandes trozos de carne, viscosos, los mete en su boca y se chupa después los dedos.
Uno que anda cerca descargando su vejiga para hacer sitio a otra litrona, lo mira y le espeta:
– ¿Que haces tío? No te comas eso.
– Está muy bueno. Prueba un poco.
– Que asco, joder. Estás loco.
Y en esas se sube la bragueta, hacer caer la lata de un manotazo y se aleja con el ruido de la lata rodando calle abajo.
La gente mira, curiosa.
He visto de todo en este barrio. Aquí suceden cosas bastante más interesantes que en los sitios elegantes.

El camarero de pelo canoso, patillas gruesas y cejas espesas, se mueve ajetreado entre las mesas. Otra ronda para los hijos de los 90.

En lo que se refiere a los tres tunantes que fuman y beben al sol y planean un viaje sin presupuesto, no puedo avanzar nada por el momento. Sólo diré que se estaban buscando y se han encontrado.
Éste será el verano de los valientes.
Según como se den los acontecimientos, éste libro tomará un rumbo u otro y prometo ser fiel en la descripción de los hechos que los caprichos del destino tengan a bien traer a éste pueblo que quiere volver a ser ciudad y no lo consigue.

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