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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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rarezas

Cierta tensión. 

Hay cierta tensión sexual no resuelta entre la cordura y la sensatez.

Hay un abismo de inmadurez bajo el colchón que no compartimos, entre las líneas de todo aquello que no nos decimos, bajo la alfombra, en los trazos que dibuja tu sombra sobre la acera, en el agua de la pecera en la que nadas, en las miradas que no hemos cruzado, en los mensajes borrados, en la absurda prudencia que deja en evidencia toda cobardía.

Hay cierta magia escondida en los secretos mejor guardados.

El reto al que aspira el enamorado se escapa de unas manos que son las mías.

Tal vez preferirías que fuera discreta, invisible, lejana…. que fuera lo que nunca pude ni quise ser, para no ofender, para no asustar, para rozar una normalidad en la que nunca he creído.
Hay un nudo en la garganta si cierro los ojos y, a la espera de una tregua merecida, estoy mucho más perdida que cuando te encontré y lo revolviste todo.

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Escupiendo purpurina.

Podría escribir una cursilada sin sentido, diciendo moñadas que no van conmigo.
Podría adornar la verdad con promesas y nuevos propósitos hasta sonar como uno de esos libros de autoayuda que tanto detesto y así contentar a la mayoría.
Podría hacer de esto un discurso de año nuevo que nadie leería, clonando palabras muy bien elegidas.
Podría sumarme al resto y convertir este texto en una farsa, escupir purpurina, ser muy elegante, muy fina… muy mentirosa.
Pero soy más de espinas que de rosas , más de lamentar que de aparentar, más de existir que de fingir, más de arriesgar, más de equivocarme.
Una vez has cometido casi todos los errores es más fácil acertar.

Y ahora te hablo a ti, que formas parte de la larga lista de dudas que me acechan porque hay cosas de las que es mejor no hablar.
Tú que de tanto callar vas a tener que aprender a dibujar para expresarte, o hacer del silencio un arte y guardar las cuerdas vocales en un cajón que no pueda abrirse.
Tú que apareciste cuando menos te esperaba, y no es un decir.
¿Hasta cuando voy a tener que fingir que creo en las casualidades?
En una misma historia siempre hay dos realidades y, aunque podría escribir una cursilada sin sentido, de ésas que no van conmigo, hasta hacer de este texto una farsa, he preferido que sea una carta sin destinatario.
Ya he quemado todos los diccionarios para no caer en la tentación y perder algo que ha sobrevivido a tsunamis y terremotos.
Si no sale bien, me conformaré con mirar de vez en cuando aquellas fotos.
Ahora, para no escupir purpurina y ser elegante, fina y mentirosa, me quedo con las espinas y regalo la rosa, me guardo el secreto, me callo la boca, me salto las normas y escribo una carta que nadie leerá.

…ahora un suspiro.

Aquí se agudiza el oído y se pierde el habla. 

Aquí una parte de mi se siente como en casa y la otra nada a contracorriente, con una duda siempre en la frente, el corazón encogido, ahora un suspiro, ahora aprieta fuerte los dientes…

Aquí todos los días son diferentes.

Las tardes de niebla son más que frecuentes tras una mañana calurosa y, en un abrir y cerrar de ojos, es otro mundo éste, aquí, tras la muralla. Hasta el clima improvisa en la ciudad del viento.

Cuando menos lo esperas, una tormenta llega y se queda y mañana será otro día.

Desde el primer relámpago hasta la última gota del agua que moja la ropa que cuelga de un cordel en la azotea, truena el cielo y moja la tierra que todos pisamos.

Una historia se forja al sol de Marruecos. La brisa borra deprisa los recuerdos, el mar curte la piel y ablanda los huesos que, a peso, venderé.

Aquí todos los primeros días de mi vida podrían juntarse y hacer una vida entera. Nueva. Para quien la quiera.

Tampoco eres cualquiera.

De momento, sólo llueve ahí fuera.

Mira la bombilla que parpadea en el callejón y le da un toque de misterio a esta noche sin luna.

Pasa y escucha la canción que inventé pensando en el ruido que haces con los nudillos sobre la mesa cuando te enfadas.

¿Puedes oír ésa guitarra?  Así sonaba tu risa cuando bajabas las escaleras de dos en dos, cuando observabas a la gente desde arriba cuando subías a la azotea.

Tu tampoco eres cualquiera.

Ésta canción era para ti pero no hay manera de decirle adiós, de dejarla ir…

Cierra ésa ventana. No hay forma humana de dormir en ésta habitación en la última planta de la casa más bonita de la medina.

Pon de nuevo ésa canción, llévala contigo y no te despidas.

Quédatela antes de que me arrepienta y borre la letra y desmonte la melodía.

Tú tampoco eres cualquiera y quiero soltarte pero ahora estoy aquí delante y, aunque quisiera, no hay manera.

Se agudiza el oído y se pierde el habla

La primero que vi al entrar en la habitación fué la mancha que decora la pared que se ve al otro lado de la ventana.La luz amarillenta de la farola define, uniendo las sombras, un rostro de mujer, a lo francés, muy bien peinada. Ojos enormes, nariz pequeña y afilada y una boca de piñón con las comisuras perfectamente dibujadas sobre la pared desconchada.

Ligeramente de perfil, observa con su catalejo, ensimismada, todo cuanto sucede en esa casa que, abierta de arriba abajo en sus entrañas, saluda al sol de Marruecos desde la azotea, guarda secretos tras los muros que levantan y sostienen las estancias y sólo un rostro que el tiempo dibujó en una pared encalada, observa y no pierde detalle de todo cuanto acontece, se habla y se calla también, a través de ésa ventana, en la habitación más bonita, de la casa con los habitantes de procedencia más variopinta, en el callejón más estrecho de la ciudad más olvidada.

Aquí se agudiza el oído y se pierde el habla.

Aquí una parte de mi se siente como en casa y la otra nada a contracorriente, con una duda siempre en la frente, el corazón encogido, ahora un suspiro, ahora aprieta fuerte los dientes…

Aquí todos los días son diferentes.

Las tardes de niebla son más que frecuentes tras una mañana calurosa y, en un abrir y cerrar de ojos, es otro mundo éste, aquí, tras la muralla. Hasta el clima improvisa en la ciudad del viento.

Cuando menos lo esperas, una tormenta llega y se queda y mañana será otro día.

Desde el primer relámpago hasta la última gota del agua que moja la ropa que cuelga de un cordel en la azotea, truena el cielo y moja la tierra que todos pisamos.

Una historia se forja al sol de Marruecos. La brisa borra deprisa los recuerdos, el mar curte la piel y ablanda los huesos que, a peso, venderé.

Aquí todos los primeros días de mi vida podrían juntarse y hacer una vida entera. Nueva. Para quien la quiera.

Así, de todos los pájaros que tengo en la cabeza, dejar mi país y venirme aquí, fue la mejor de las ideas.

Me prometí disfrutar de la experiencia, que no dejaría escapar una sola anécdota, que dejaría fluir todo lo que surgiera, por aquello de ser quien yo quiera y , de ésa manera, vivir la vida tan intensa como se presenta. 

Ahora suena un rezo que hace temblar la copa en la mesa y todos callan.

Ahora vendo cada hueso de mi cuerpo, a peso.

Los dientes y la piel también. A granel.

El resto es arena mojada y vino caliente. Lo de siempre.

Aquí dejo el arco, la última flecha, los ojos, la frente, un lunar y la tirita que usé cuando reparé mi ventrículo izquierdo.

Hay algo importante que quiero encontrar y no puedo cargar con todo ese peso.

Si es sólo un cuerpo y lo usaré un ratito, nada más…

Antes de que anochezca, dejaré el hígado y los pulmones en una cesta que no llevaré conmigo.

 

Decidí hacer de mi vida una anécdota entretenida.
Y lo logré.

Escribo desde Essaouira y aquí me quedo, por ahora, regando todo cuanto sembré, vendiendo a peso cada hueso de mi cuerpo.
Los dientes y la piel también.
A granel.

No necesito más de lo previsto para llegar a mañana. Así, despacio, se van haciendo los dias semanas en una ciudad que no es la nuestra pero nos recibe siempre con las mismas ganas.

Si me notan distinta, será que la brisa me secó las lágrimas, el mar me hizo ruda y los atardeceres y la luna me ablandaron y ya no soy tan testaruda en cuanto a mi misma.
En cuanto a los demás, tendré que practicar y aprender a empatizar, a perdonar… así me perdonaré yo también y tal vez encuentre la forma de ser quien quiero ser.

Efectos secundarios.

No aprendí a caer con dignidad pero me he dado la oportunidad de volver a intentarlo.
Paso del nihilismo a la obsesión en lo que dura un telediario, no metí la cabeza en el horno de milagro y cogí un tren sin preguntar de donde venía porque poco me importaba estar aquí o en un país inventado, sólo para mí, que oliera a recién estrenado.
La enfermedad de las mujeres que aman demasiado.

No sé qué intento aparentar si sé que, a pesar de los pesares, te querré hasta que se sequen los mares y así una sarta de patéticas cursilerías. Tú lo sabías.
Desde que sé de mis vértigos no me acerco a las cornisas.
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Perdí hasta la vergüenza.
Quise hacer de mi experiencia un ejemplo a no seguir, alguien a quien no admirar, una muestra más de los efectos secundarios de la insensatez temprana.

Ya he confesado todos mis pecados, le puse al karma la otra mejilla sin quejarme y aún curo heridas que de vez en cuando se abren.
Soy más intensa que la mayoría y eso no me hace más lista, sino más flaca.
Apenas 50 kg me sostienen.
Quería algo, no sabía muy bien qué; afecto creo que era, o hierba o un café. Ahora puedo contar las costillas que se marcan a través de la camiseta, me ato bien los cinturones para no perder los pantalones y éstos brazos, que parecen dos ramas secas, abrazan igual o más fuerte que los vuestros, todos mis secretos.
Estoy al borde de ser borde y me contengo.

Valentina Maleza

Me lo voy a tomar a risa.

Cada palabra tuya es una discreta despedida soltada al aire como globo de helio a la deriva.

Te pienso a menudo, pese a los silencios.
Sé exactamente en qué medida te descuadro. Te confundo y atraigo a partes iguales; soy más de lo que crees, menos de lo que esperabas, aveces me odias, a ratos me amas…
Dramas.
Ésa delgada línea roja entre la curiosidad y la enajenación mental, una inmadurez electa que a ti te afecta pero a mi me hace tan inmensamente libre…

Me siento tan libre como para reconocer que encontré en tí un ancla y quise soldarla a mi inestable y ridícula piragua, que me inspiraste sobremanera y me sentí Gala peinando tus bigotes; observaba con ojos laicos sin más pretensión que compartir rarezas.
Tenía que pasar y no podía ser más que en ése preciso instante.
Limerencia.
Se alinearon los astros, cruzaron cientos de gatos negros y así la suerte iba y venía; jugando a bastos, haciendo trampa, queriendo ser también globo de helio, como nosotros, a la deriva.

Demasiado alto para quien teme desde arriba la caída.

Valentina Maleza

Ser, oír y callar.

Gozar mucho,  liarla parda, reírse de todo, llorar por nada,
dejarse hacer, saber soltar, echar de más, ser de verdad,
dejarse ver, perder el miedo, romper barreras,
aprender a caer, ofrecerse a curar,
amortiguar golpes, construir, desaprender, inmadurar,
ser rarita, subir mentón, recompensar,
agradecer, arriesgar, saber perder,
aceptar, poner la otra mejilla, perdonar,
olvidar, ser, oír y callar.

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Valentina Maleza

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