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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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tiempo

Insensatos.

Una puerta tapiada en otro balcón al que ya nadie volverá a asomarse.

Te recordaba más guapo.
El tiempo cura o tortura según quien lo gaste y a mi me arden las horas en las muñecas.
De éste corazón entra y sale un ejército de insensatos.

Alma de cántaro en paro busca perro que le ladre.
Que más dará si está el vaso medio vacío o a medio llenar si tengo la boca seca y los labios cortados de sorber los restos del naufragio.
Pido más de lo que aprendí a dar.

A ratos sueño con unicornios que guían mi subconsciente las noches de insomnio y abro los ojos de par en par buscando un clavo ardiendo al que agarrarme.

Alguien robó la lealtad y dejó en su lugar un pañuelo blanco que tarde o temprano llenaremos de mocos.

Doy mucho más de lo que merece la mayoría.

Valentina Maleza

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Moderno melodrama.

Cuando reúnas el valor suficiente para gritarle al mundo que nada es lo que parece, que eres tú quien abre las heridas para después quejarse porque escuecen, que meter el dedo en la llaga es tu deporte favorito, que tu misión en la vida es mantenerme a la espera en tus idas y venidas, que me prefieres frágil, inquieta, jodida… ése día, mi pequeño mentiroso, podrás mirarme a los ojos sin que te tiemblen las rodillas, se irá la vergüenza por los pasillos en una corta despedida, verás dibujarse en mi cara la ansiada sonrisa en mitad de éste “moderno melodrama” y gritarás al mundo que nada es lo que parece, que llegaron otras pero me amaste siempre y, en un renuncio, tal vez me convenzas de que no fue crueldad sino una infantil tendencia a elegir la hipocresía por un absurdo miedo a marcar la diferencia.
Valentina Maleza

Casi comemos perdices

Podríamos hablar del tiempo y llenar el silencio, sólo por romperlo, por ponerle sonido a éste encuentro y que las miradas dejen de echarse de menos y el cuerpo haga el resto.

Puedo perdonar pero no olvido que he conocido el drama en todas sus formas, que he llorado en todos los idiomas y he vuelto a reír después, como si nada, como si pudieras volver a ser quien eras y borrar tu aroma en otras camas.

Quiero olvidar pero no puedo, ni quiero, ahogar mi dignidad en promesas que no van a cumplirse, ni por asomo.

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Te conozco como la palma de mi mano, la misma que bajaba por tu espalda de Judas Iscariote aquellas noches, recuerdas?
Podría algún día olvidar, pero me niego.
Quiero un cerebro sano que no pueda caminar a mi lado sin cogerme de la mano, quiero mis besos de buenos días, cambiar las sábanas, ser tu talón de Aquiles, subir de cientos a miles los versos, hacer las paces, recuperar el peso que perdí en plena guerra de egos y volver a reír, como si nada…
Sería perfecto pero es sólo una ilusión parvularia que nos llevaría, sin remedio, al punto de partida, cuando dejé de parecerte divertida y me cambiaste por cerveza.
Ni perdono ni olvido que me hayas vendido y caiga en mis hombros el peso de las excusas que inventaste en tu última huida hacia delante, que no te llevó a ninguna parte, más que al mismo portal de siempre; el mío.

Una vez me quisiste como se quiere en los libros y casi comemos perdices. Podrías volver a leerlo y buscar un método, un antídoto a la ironía, un clavo ardiendo al que podamos agarrarnos para salvar lo que ya no queda.

Soy de las que suben a la noria por estar lejos del suelo, por sentirse a medio camino del cielo, ya lo sabes.
Podrías hacer tantas cosas y no haces nada más que meter el dedo en la llaga y salir corriendo….

Valentina Maleza

Ella también se tatúa libélulas negras.

Ella también se tatúa libélulas negras por todo el cuerpo, deja mensajes secretos en los espejos, se hace el amor a versos…
Nunca siguió un rumbo concreto y va a la deriva varios metros por encima del resto.

Siempre confundió el hambre con las ganas, sabe que donde pone el ojo, pone la bala, sabe de casi todo, casi nada y se inventa el resto.

Es el centro de todas las miradas y da por hecho que en ésta vida eres lo que haces justo en este preciso momento.

Podrían llegar a parecerse, las más osadas, en un absurdo intento de abrir las alas y darse al viento una mañana clara.

Podrían sólo parecerse y nada más.

Te habré contado alguna vez, que tengo un lado siniestro, como todas, que paso mucho tiempo a solas y en un gesto heroico, en ocasiones, me dejo ver por los bares con la intención de mezclarme con otras personas.

No le gusta la gente, pero ella también se tatúa libélulas negras por todo el cuerpo, pierde a propósito el norte, infringe las normas de su propio universo paralelo…

Valentina Maleza

Podrías irte a por tabaco y no volver.

Piensas tan alto que puedo oírte.

Una pregunta incómoda dilata las pupilas de unos ojos curtidos en batallas de nuevos ombligos. Tan indecentes y tan fríos.

Lo que quieres, no es más que sexo entre cuatro paredes, hablar de nada…

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Cuando tú vas a por chicles, yo vuelvo haciendo pompas y no vas a ser mis domingos de resaca.
Llevo toda una vida desaprendiendo.
Ya me vestía sola antes que tú llegaras a revolverlo todo, a salir corriendo, a pintar de negro las paredes, a tentar de nuevo la suerte…

Podrías irte a por tabaco y no volver.

Que más dará, si lo poco que me queda está en esas dos viejas maletas y te tengo en frente, con esa cara que pones cuando te toca ser valiente y no sabes por donde empezar.

Él te diría que no hay una fina línea entre el amor y el odio, que hay una muralla china con francotiradores apuntando directamente a mi intuición femenina.

Piensas a gritos.

Valentina Maleza

Más tonta que nunca.

Sobre cimientos de plastilina se elevan torres de arena en días de viento.
Te espero sentada, sin prisa, pero agotada,
sintiendo arañarme la espalda el miedo
entre cientos de tontos mirando el dedo.
Sigo en aquel banco, discreta, casi borrada, como la dama de hierro forjada.
Te espero con los ojos cerrados y la puerta abierta; de par en par, ahora exprimida de la ignorancia todo su atrevimiento.
De tan lista, soy lerda; agotando paciencias, dejando ganar al tiempo,
tensando la cuerda que unía dos universos, que de tan parecidos, resultaron ser opuestos
y aquí en éste banco, alicatada, entre cientos de tontos mirando el dedo,
me siento más tonta que nunca pero lo soy mucho menos.
Porque “de buena soy tonta, pero de tonta, soy bastante hija de puta”.

Valentina Maleza

Siendo yo sin morir en el intento.

Llegar descalza a casa, respirando lluvia, calando olores… amontonándose las cosas pequeñas, de las que inspiran canciones.
Llegar a casa descalza y perversa, de saber que son sólo mías todas éstas anécdotas.
Mías y vuestras, pero sólo a medias, como la media sonrisa cuando, sin hablar, las miradas pesan.

Llego a casa descalza, siendo yo sin morir en el intento, abriendo las aguas como antes otros las abrieron, sintiéndome libre, sabiéndome guapa, resurgiendo de lodos que ahora son playas…

Algo ha cambiado y tal vez me calce, por vicio… Pero la huella que dejo ésta vez en la arena cuenta una historia que no va a borrarla ni la más alta de las mareas, ni la más trágica de las escenas.
Guardo éstos días como un alquimista, enfrascando detalles que seguro bañaré en tinta.

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Valentina Maleza

Tonta mía.

No te has dado cuenta, marinera, que no hay apartada orilla, que aquí no se juega a nada, que sólo apuesta el que gana, que hay silencios imperturbables, corazones inalcanzables y besos que no pueden esperar a mañana?

No te has dado cuenta, alma de cántaro, que el cerebro se deja en casa, que las ideas no se regalan, que hay mucha hiena entre el rebaño y aunque guardes tus secretos como oro en paño siempre hay un tonto en cada esquina, seres de mediocridad divina, que ocupan todo el día a ocultar su inanición y su naturaleza mezquina?

No te enteras, tonta mía, que se exhibe la hipocresía y se castiga todo aquello que molesta o incomoda pese a ser tanto o más cierto y hablar bajo juramento no te va a garantizar que se pueda eternizar en el tiempo tu verdad.

Nos fabrican en serie y te matarán de aburrimiento.

Valentina Maleza

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