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ValentinaMaleza (@esttelaw)

"ciclotimia intermitente"

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valiente

Improvisaremos.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy; como al principio, pero sin cintura.

Soy la misma extraña criatura pero sin pómulos, sin tobillos, sin miedo.

Nadie me avisó de que estaría por completo volcada en tu previa existencia, que mis cinco sentidos tratarian de percibir cada pequeño cambio de mi cuerpo al crear el tuyo, que no saldría tu imagen en blanco y negro de mi cabeza, que invadirías mis noches y mis dias sin dejar espacio a planificación alguna en otros campos de una vida que quedó pausada por completo ante el anuncio de tu llegada.

¿Y qué plan voy a urdir si no pienso en otra cosa que no sea en ti y en cumplir con lo que el mundo espera que yo sea?

Improvisemos.

¿Ves ese bosque frondoso en estado vaporoso, a nuestros pies?

Es así como se ve nuestro mundo del revés.

Te acostumbrarás.

No recordarás nuestras charlas pero espero te suene mi voz para que no sean en vano las horas que paso inventando escenarios y personajes, historias de reyes, princesas y pajes, de niños salvajes, de dragones, de enanos y de gigantes, como en los cuentos de antes.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy, sin cintura y sin miedo porque no dejo de pensar en ti.

Lo haga mejor o lo haga peor, tendrá que ser así.

Improvisaremos y no seremos como los demás esperan y eso será lo que nos haga especiales.

Tercos, valientes y reales.

Voy a contarlo.

Escritora frustrada en paro, futura madre soltera y actual embarazada confusa y asustada, residente en Palma mientras echa de menos Marruecos con toda su alma.

Esa soy yo.

Mi barriga es un milagro con el que no contaba y aún a estas alturas me cuesta creer que sea verdad. Pero es MI milagro y he decidido afrontarlo sola.

Aquí estamos, a por todas.

Tengo el tiempo justo para crear el mundo al que quiero verle llegar mientras veo mi cuerpo cambiar muy rápido y lucho contra mis hormonas para evitar que la inestabilidad emocional se interponga en mis planes.

Ardua tarea.

Es cierto que el embarazo es una experiencia única aunque de idílica no tenga nada y sé que muchas me vais a entender.

Y si no es así,  ya lo haréis…

Porque he pasado por las náuseas y la somnolencia sin poder pagarlo con nadie,  porque ya no me entra la ropa y en el espejo sólo encuentro una tripa enorme a la que mi pandero y mis muslos acompañan y no tengo a quien me mienta y me llame guapa, porque mi familia está lejos y lo poco que comparto con ellos es por whatsapp, porque tengo un humor de perros,  luego lloro de alegría y al rato quiero gritar porque no hay espárragos blancos en el supermercado, porque nadie me da la mano en las ecografías, porque estoy en paro y me pregunto quién va a contratar una inminente baja por maternidad, porque tengo miedo, porque tengo dudas y porque sé que no soy la única. 

Por todo eso he decidido contarlo, compartirlo y volver aquí de vez en cuando en busca aún no sé de qué. 

Pasé medio año en Marruecos,  llevo otro medio en Mallorca, mi familia está en Barcelona y yo no sé donde quiero vivir. No sé cómo quiero vivir. No sé cómo voy a organizame para seguir haciendo lo que me hace feliz y ser a la vez una buena madre. 

No sé por donde empezar a construir. 

Sin pretender que sea una entrada magistral, aquí dejo esta declaración para aportar algo de verdad al surrealismo que invade mis días y si de paso alguien se siente identificado, que me lo haga saber, que será agradable tener algo de apoyo virtual en ésta aventura que acaba de empezar. 

Aprendí a ser invisible cuando todos miran.

Porque tengo una sola vida, vísteme de loba y sácame del rebaño, que el puente mil veces cruzado lleva al estanque donde todos duermen.

Quiero estar bien despierta cuando el frío llegue y lo cambie todo.

Quiero ser muy consciente de aquello que digan los versos que surgen de los tropiezos de quien más veces se puso en pie. 

Allí donde perdí la dignidad encontré el sentido de las frases que, de tantas veces repetidas, llegaron a ser lo más parecido a la verdad.

Estaré, sin ser vista, en todas las canciones que hablen de libertad y entre las páginas de ése diario tan personal que cerraste con veinte candados justo antes de lanzar la llave al fondo del mar sin pararte un segundo a pensar si era la mejor de las ideas. 

Y puede que lo fuera.

Hacer borrón y cuenta nueva era una opción inteligente.

Barrer las cenizas, dejar un corazón hecho trizas en urgencias,  sacar a pasear todas las caras de la misma jodida moneda …

Aprendí a ser invisible cuando todos miran y allí,  al fondo a la derecha, clavé la flecha que habrás de arrancar.

Sobreviviré a todas las guerras que inventes.

Si hay que echarle un par, que cuenten conmigo.

Si hay que combatir la crueldad con la indiferencia, veremos qué puedo hacer con la paciencia que agotó tu ausencia los días de miedo, historias tremendas…

Sobreviviré a todas las guerras que inventes con la excusa de defender tierras que nunca fueron tuyas.

Sobreviviré a tus locuras y a mis realidades, al frío abrazo de los desleales, al ruido de tus nudillos golpeando mi ventana, a los cuatro anormales que aplauden con las orejas a la oveja más tonta del rebaño.

Porque no hay que ser ingeniero aeronáutico para saber que blanco y en botella es leche.

Porque no hay más que echarle un vistazo a tu expediente para ver que ni eres valiente, ni tienes dos dedos de frente, ni tu bandera es tuya ni es de nadie.

Si hay que echarle un par, que no cuenten contigo.

Porque si hablo de principios y valores te suena a comida tailandesa y yo ya no aguanto a las mentes limitaditas, como las vuestras.

Si hay que echarle un par, que cuenten con nosotros, que podemos con esto, con lo que venga y con mucho más.

Si hay que echarle un par, que griten mi nombre y verán de lo que soy capaz.

Los días de mierda.

Los días de mierda salgo a buscar guerra donde no la hay.  

Hoy rompo todo lo que toco y, por si fuera poco, 

emulo a Bucay describiendo los amaneceres que me estoy perdiendo.

He vuelto a caer en el segundo asalto y ya no lo intento, 

Ya no soy de arena ni soy de viento.

Ahora soy la tormenta que, con sus truenos, asusta a los malos y advierte a los buenos

de una pesadilla en tres dimensiones. 

Porque estar hasta los cojones,  entra en contradicciones 

con el sosiego de las tardes de verano al sol, en ésta isla.

Los días de mierda aquí, en una ciudad que flota en mitad del mar, 

son sólo una jornada más entre bambalinas. 

Hago como si me diera igual.

Mezclo litro y medio de Brugal con una caja de aspirinas 

y salgo a buscar guerra donde no la hay;

A ver si me pierdo, a ver si me encuentras, a ver si me adivinas…

A ver si se terminan las reservas de paciencia del buen samaritano 

y puedo soltar su mano y echar a volar.

Porque yo era aire y, ser tierra, de siempre me sentó muy mal.

Por eso, los días de mierda, te salgo a buscar.

Como el rítmico goteo que marcaba el tiempo en una cueva con vistas al mar una noche de verano, suenan mis arterias bombeando un corazón mediocre que ni aprende ni se atreve a dar consejos .

https://valentinamaleza.wordpress.com/2016/02/23/poco-y-a-ratos/

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