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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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verdad

Improvisaremos.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy; como al principio, pero sin cintura.

Soy la misma extraña criatura pero sin pómulos, sin tobillos, sin miedo.

Nadie me avisó de que estaría por completo volcada en tu previa existencia, que mis cinco sentidos tratarian de percibir cada pequeño cambio de mi cuerpo al crear el tuyo, que no saldría tu imagen en blanco y negro de mi cabeza, que invadirías mis noches y mis dias sin dejar espacio a planificación alguna en otros campos de una vida que quedó pausada por completo ante el anuncio de tu llegada.

¿Y qué plan voy a urdir si no pienso en otra cosa que no sea en ti y en cumplir con lo que el mundo espera que yo sea?

Improvisemos.

¿Ves ese bosque frondoso en estado vaporoso, a nuestros pies?

Es así como se ve nuestro mundo del revés.

Te acostumbrarás.

No recordarás nuestras charlas pero espero te suene mi voz para que no sean en vano las horas que paso inventando escenarios y personajes, historias de reyes, princesas y pajes, de niños salvajes, de dragones, de enanos y de gigantes, como en los cuentos de antes.

Yo que, ingenua, me propuse dedicar los meses de espera a urdir el plan perfecto, aquí estoy, sin cintura y sin miedo porque no dejo de pensar en ti.

Lo haga mejor o lo haga peor, tendrá que ser así.

Improvisaremos y no seremos como los demás esperan y eso será lo que nos haga especiales.

Tercos, valientes y reales.

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Lo que quedó tras nueve años de canciones.

Hay un latido que conserva la emoción de aquella canción que compuso la persona que ya no eres.

Un par de acordes unieron a dos seres que, de tanto amarse, gastaron un verbo que nadie jamás volverá a conjugar como ellos lo hicieron.

Y eso les hizo fuertes y los hizo eternos, o eso creían. 

De todo lo que se decían, sólo las fotografías guardan el respeto que todo corazón merece.

Una guitarra destartalada, una barba poco cuidada,  una americana gris y un alma tan pobre que sólo tiene dinero.

Eso es lo que quedó tras nueve años de canciones.

Ella es el resultado de un sinfín de decepciones y viste siempre de negra nostalgia, abrazando el latido que conserva la emoción de aquella canción que compuso la persona que él ya nunca será. 

Pero si el tiempo cura o tortura sólo el tiempo de nuevo lo dirá. 

Aquello que parecía indestructible se lo llevó el viento casi imperceptible que levantó aquel libro nuestro al ser cerrado con brusquedad.

No existe la historia perfecta ni la persona correcta en la que confiar.

Que el destino decida por nosotros y poco a poco saldrá la verdad.

Adictiva-mente insoportable 

Soy tu problema favorito y si en vez de escribirlo, lo grito, sabrás que es verdad.

Soy tu mejor enemiga y eso puedo firmarlo ante notario o declararlo, habiendo jurado antes con la mano sobre la biblia, en un tribunal. 

Como un animal, sigo mi instinto y desmonto tus planes de amante empírico en mitad del ciclo lunar.

Trepo por tu espalda, arremangándome la falda, hasta mi pedestal.

Soy tu bicho preferido y te dejas ver conmigo para alardear de tu azaña al domesticar una fiera tal como la que yo he sido.

Lo siento, mi amor, pero no soy normal. No haberme elegido.

Jugar conmigo es jugar con fuego y a veces anhelo un incendio que apagar. 

Como un ave rapaz sobrevuelo el perímetro de seguridad que establecimos cuando eras capaz de soñar con los ojos abiertos.

Ahora estás demasiado despierto, aburres a los muertos y ya no quiero cazarte aunque muriera yo de hambre en mi liberadora condición. 

Visto piel de serpiente los días festivos y sigo siendo tu bicho preferido pero, conmigo, no vuelves a jugar. Nunca más. 

Querido dueño mío, siento decirle que ni soy suya ni soy mía siquiera. 

Soy una fiera salvaje,  una loba, un cervatillo, un ave rapaz y un enemigo tenaz cuando se trata de los míos. 

Trepo por tu espalda y no oigo queja alguna. Será que al llenarse la luna no eres tan valiente y ante la gente prefieres callar.

Sobrevuelo el perímetro de seguridad que establecimos aquella vez, cuando fuimos salvajes los dos, justo antes de convertirte en el alcornoque que a medias tintas vive y se deja trepar porque, por no saber, ni sombra sabe dar.

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