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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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versos

Mira por dónde, asoma mi sonrisa.

¿Para qué iba yo a querer salvar al mismo que planificó mi lapidación con premeditación y tan torpe alevosía? Sabiendo cuánto dolería, él se echó a reír y yo me senté a esperar a que un día saliera la verdad y, solita, limpiara mi nombre.

En otra ocasión, puede que, en vez de echarnos entre nosotras a los leones, seamos todos más humildes y menos cabrones.

No me crecerán alas en la espalda ni lo pretendía pero, de todos mis defectos, la estupidez no es uno de ellos.

Y sabía, lo sabía, que no siempre basta con ser lista, que aveces hay que dejar que el tiempo ponga en su sitio a los héroes y a los villanos, que de tanto llorar se formarían pantanos a mis pies y alguien iba a ahogarse en uno de ellos.

Basta de mentiras, de historias para no dormir, de lucir disfraces…

Deja la capa y devuelve la corona.

Mira por donde asoma mi sonrisa, renovada, renacida, recién exprimida…

Creiste que nunca saldría de donde me encerraste y ahora me oyes gritar desde balcones a los que nadie tenía que volver a asomarse.

Creías que me lapidabas y no esperabas que volviera a levantarme.

Imagen: @yaaaizamor

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Ya no escuece.

El Verano de los Valientes. 3

Hace sólo una semanas que, teniendo que arrancarle las palabras de entre los dientes, pronunció al fin, aunque a trompicones, un “te quiero, pero ya no como antes”. Así decidió liberarme. Desde aquel momento, hace si llega, apenas un mes, bebo de otras fuentes cuando tengo sed.

Situémonos en el tiempo para entender a los héroes y a los villanos. Ni los buenos son, ni mucho menos, tan santos, ni los malos fueron siempre tan crueles. Dos años jugando al perro y al gato dan para desquiciar a cualquiera y, vosotras, las que cuando amáis, amáis con locura, como se amaba cuando quererse era escuchar su nombre y no poder respirar, ya lo sabréis .

Después de todo, aún no sé cómo se atrevió a volver la última vez pero más culpa tengo yo por abrirle la puerta a esas horas, por callarme las cosas, por cargar contra los demás cuando sacaban tarjetas amarillas. La culpa fue mía por dejar que una lealtad incondicional se convirtiera en una humillación pública tras otra pero no importa porque estoy en otra y ya no escuece.

Primero fuí Barbie Rambo, luego quise ser su amiga y ahora que estoy curada de espantos puedo ser quien me dé la gana. Puedo ser un koala si se me antoja y pasarme el día comiendo hojas o puedo ser una cobra y merendarme a tres como tú esta tarde.

El caso es que ahora, viendo un ejemplo de lo que espera él en una mujer, no puedo contener la risa y para que yo volviera a caer, tendría que volver a nacer.

Lo que más le molestó de mi reacción fué la sonora carcajada que solté al saber de quién se trataba esta vez. No es que me crea yo más lista que la mayoría pero, en ésta ocasión, sin caer en la exageración, se trata casi de una minusvalía. Yo también tengo las mias. En ella, es tan evidente que le falta una primavera, que entiendo que quiera cuidarla. Pobre diabla. Por más que le creciera el pelo, ésa mediocridad no hay melena que pudiera taparla.

Vi en ése mismo instante la famosa luz al final del túnel.

Para ser quien él quería que yo fuera, tendría que desaprender, olvidar, ignorar y lobotomizar, ser más simple que una zapatilla, tirar de apellido y dejar el cerebro al sol.

Y de aquí, de ésta revelación, parte la decisión más drástica de mi vida.

Un billete sólo de ida.

Escribiré a medida que encuentre las cosquillas que busco y tendrá que ser un cambio muy brusco porque, como dice la canción, quiero acción y aquí no pasa casi nada.

El fin del mundo también está en mi cabeza.

Escribo por no estallar en mil pedazos.
¿Sabes cuantos botes de mercromina se necesitan para curar un ventrículo izquierdo?

Escribo por la misma necesidad por la que respiro haciendo de cada suspiro una sutil porción de universo que por un instante es sólo mía y en su regreso al mundo lleva en ella algo de mí y en silencio lo comparte.

Desde que no duermes conmigo, hay un gato negro en el pasillo y un enjambre en el colchón. Desde que asaltas cunas, paso las noches despierta buscando excusas para no romperme del todo y, ni a grandes trazos, cuento aquello que mastico y trago por no incendiar el bosque que rodea el lago en el que ahogaste mi sonrisa aquella noche.
Escribo por no llorar y no siempre lo consigo.
El fin del mundo también está en mi cabeza; ¿acaso no has visto murciélagos desorientados salir de mis orejas?

Si desprendo nostalgia, será cuestión de tiempo, o cosa de magia, hasta que sienta firme el suelo bajo mis pies de plomo.
De momento, voy dejando que los libros me devoren, que salga lo malo y entre nuevo y lo bueno, si aparece, tal vez me lleve a bailar un tango con el enemigo, siendo yo el único testigo de algo tan parecido al holocausto.

Estoy entre la risa y la vehemencia y no me decido.
Escribo por no saber dibujar ni tengo otra habilidad más que la de rimar de vez en cuando, cantar en la ducha, liar cigarros, hacer pompas con un chicle que se deshace al masticarlo…
Escribo por gusto y por costumbre, evitando que se derrumben castillos de arena en días de viento.

Valentina Maleza

Poco y a ratos.

Como el rítmico goteo que marcaba el tiempo en una cueva con vistas al mar una noche de verano, suenan mis arterias bombeando un corazón mediocre que ni aprende ni se atreve a dar consejos .

Un día descubres que el destino parte de dentro a fuera  y sales al mundo con la tímida sonrisa de quien se sabe hoja arrastrada por el viento y está dispuesto a dejarse sorprender y, aunque la vida no tenga sentido, ser ellos mismos el latido que impulsa ésas ganas locas de estar en todas partes buscando motivos para volver.

Será que nos seduce lo imposible, que nunca lo es del todo y por eso, aún queriendonos como el perro y el gato, ya sabes, poco y a ratos,
aquí estamos tu y yo otra vez en un acto suicida, mucho más torpes que de costumbre.
Si nos perdemos de vista, la duda nos come como se comen los cuerpos los gusanos y cuando por rebeldía nos juntamos, arde Troya y lo nuestro es como intentar bañar al gato, un mal rato, una odisea, un dolor de muelas insoportable, tan adorable y contradictorio que nos une y nos separa y terminará por rompernos.

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Terminará, nos rompa o nos mantenga a salvo, porque ésta enfermedad que nunca fue eterna, por frágil e inocente que se presente el corazón que la enfrente, sólo necesita una buena excusa para volver por donde ha entrado y cambiar caricias por zarpazos.

De los manejos felinos que aprendí entre los arbustos, me llevo una lección de vida, mi cara de arpía y un saco de huesos, que antes fue un cuerpo sano y ahora está a medio camino entre ser y dejar de ser humano.

Valentina Maleza

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