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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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viajes

Yo he perdido el norte y tú, la esencia. 

Si cojo ése avión, me iré tranquila. 

Porque, almenos, he sido honesta conmigo misma, he cumplido con cada palabra que te regalé cuando éramos de arena y de viento y he sido de verdad. Para bien, o para mal. 

Me he abierto en canal y te he entregado el corazón, aún palpitante. 

En  bandeja de plata.

Para que lo comáis los dos juntos.

De entrante.

He abierto la caja de Pandora y dejado que se oigan los tambores desde la otra orilla.

He cambiado mi dignidad por un beso en la frente.

He tragado el dolor, que se hace un ovillo en la garganta, y he hecho con él una enorme manta que lo cubre todo y esconde las ojeras, los temblores… las cicatrices.

He llegado hasta aquí, tan valiente y tan tonta como de costumbre.

He venido a saber si aún desprendes aquel encanto y, por una estrecha grieta en tu coraza, creí haberlo visto.

Pero no hablemos de tus mierdas, que me despisto.

No se si me voy o me quedo pero, por favor, no dejes nunca de ser aquel trovador.

No vendas tu alma por ser como esperan que seas.

Permítete ser especial como lo eras cuando con una mirada eras capaz de hacer temblar el cielo y la tierra.

Eras el duende que habita en mi mente y agita los recuerdos al compás de una guitarra que hoy ha sido olvidada en un salón.

Eres tan especial que con quererte no basta y dueles y hieres y amas…

Y entre tanto, te olvidas de ser quien eras.

Me duele la piel de echarte de menos teniéndote al lado y, aunque ya nunca vaya a recuperarte,  no voy a dejar de amarte hasta que, con mis propias manos, diga adiós a mi tiempo entre los humanos.

Si cogiera ése avión, estaría matando al duende, al trovador y casi diez años de un amor que nadie entiende.

Sería una mierda de final.

No se quién eres tú ahora, pero me niego a aceptar que  eres uno más, que yo he perdido el norte y tú la esencia …

Que eres como el resto; un coleccionista de bragas con mucho labia y poco criterio .

Me niego a dejar de creer en tí porque hasta ahora, es a tí  a quien reza una agnóstica aspirante a persona.

Porque eras lo más parecido al cielo en mi memoria, aunque te conviertas en un monstruo sin escrúpulos, ni empatia, ni conciencia, siempre veré en tí al trovador que revolvía  mis sueños al compás de una guitarra que hoy ha sido olvidada en un salón .

Te quiero y puedo decirlo sintiendo la fuerza de cada letra en el esternón .

Por eso te busco cuando tengo miedo aún estando lejos.

Ahora que estoy cerca, aprenderé a respetar tus mentiras, acariciaré tus miedos y tus pesadillas desde el otro lado de un corazón al que tengo el acceso denegado.

Estés donde estés  y con quién fuera, el  duende que eras, sigue conmigo .

Sea quien sea la persona en la que te has convertido , voy a ser fiel a mis promesas y a mis principios  porque son lo único que me queda.

Respiro a través de tus pulmones y aprenderé a cantarte a escondidas.

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Me levanto el castigo…

No puedo soportar su manera de pedir un respeto que nunca está de vuelta.

No puedo más con su bipolaridad permanente, con su manía de engañar a la gente,  con su mal humor y peores formas, con sus cabezas cuadradas de madera, barnizadas en un tono tan oscuro como sus miradas.

No creo una sola de sus palabras.

Ésta locura, no hay razón que pueda pararla.

A la misma velocidad a la que se destruye ésta casa, ellos terminan con toda una cultura, con sus tradiciones , con las paciencias , con las pasiones… Con todo.

Ni siquiera respetan la influencia de la luna en las mareas y a cada piedra que arrojan sobre sus tejados, se inunda y se hace cada vez más pequeña una ciudad de la no saldrán .

Si el viento pudiera decirles lo que piensa…

Si las mareas hicieran del romper de las olas  un lenguaje universal …

Si ellos se vieran desde fuera…

Ansían las estrellas, más sentados en la misma silla, sólo miran y esperan.

Mienten y esperan a ver quebrarse la madera, a oír sonar los tambores, a que tiemble el suelo.

Dejarían caer la casa si de ellos dependiera, pero voy a ser más de esta tierra que ellos mismos.

Voy a cerrar los ojos y a taparme oídos hasta que sean de cemento las conciencias .

No aguanto un minuto más tener que guardar las apariencias , ser amable…

Lo que tarda el agua en volver a su cauce, es el tiempo que tardaré en quemar las postales, salir corriendo, ser salvaje, como han sido ellos…

Haré una lista de todo lo desaprendido y, con un portazo, me despido.

Me levanto el castigo.

Si yo te contase…

Tú no les conoces y no me creerías si yo te contase.

Tú no sabes lo que es tener que andarse con ojo y que, con dos, no baste.

Tú eres sólo un visitante y vas y vienes y aquí paz y después gloria.

Tú te irás y sólo guardarás en tu memoria las puestas de sol.

Tú pasaste por aquí , y adiós. Buen viaje.

No llevarás en tu equipaje más que un bonito recuerdo .

Porque tú no has sentido temblarte los huesos de camino a casa cuando oscurece.

Tú no has tenido que hacerte respetar con uñas y dientes porque vas y vienes y aquí paz y después gloria , como decía .

Aquí llegan cientos como tú todos los días .

Tú no has visto la otra cara de una moneda que no vale nada y gira en el aire y no importa de qué lado caiga.

Tú, de sus mentiras y de sus trampas, no sabes nada ni lo sabrás y yo que me alegro .

Si sólo pasaste por aquí , no te habrá dado tiempo a sentir el miedo que da una mirada perdida cuando la mente que la domina se cierra con veinte candados.

Tú qué vienes y vas, nunca sabrás de qué pié cojean.

De entre todas tus fotografías, no habrá ninguna en la que veas lo que se esconde tras éstos muros.

Tú no tienes ni idea de lo que es estar aquí y no tener dos duros para comprar su sonrisa, casi siempre.

No sé qué tendría que pasar para que dejaran de inspirarme éstas vistas, pero tú que vas y vienes y sólo guardarás en tu memoria las puestas de sol, deja que te diga…

Aquí nada es lo que parece y sólo aquel que no enloquece se podrá salvar.

…ahora un suspiro.

Aquí se agudiza el oído y se pierde el habla. 

Aquí una parte de mi se siente como en casa y la otra nada a contracorriente, con una duda siempre en la frente, el corazón encogido, ahora un suspiro, ahora aprieta fuerte los dientes…

Aquí todos los días son diferentes.

Las tardes de niebla son más que frecuentes tras una mañana calurosa y, en un abrir y cerrar de ojos, es otro mundo éste, aquí, tras la muralla. Hasta el clima improvisa en la ciudad del viento.

Cuando menos lo esperas, una tormenta llega y se queda y mañana será otro día.

Desde el primer relámpago hasta la última gota del agua que moja la ropa que cuelga de un cordel en la azotea, truena el cielo y moja la tierra que todos pisamos.

Una historia se forja al sol de Marruecos. La brisa borra deprisa los recuerdos, el mar curte la piel y ablanda los huesos que, a peso, venderé.

Aquí todos los primeros días de mi vida podrían juntarse y hacer una vida entera. Nueva. Para quien la quiera.

Nada es lo que parece…

Si parece que me he ido, será porque vuelvo habiendo aprendido que no existe casualidad que el universo no tenga en sus planes.

Un morderse la lengua.

Ella nunca vio la nieve en toda su vida. Espero que éste año el clima sea generoso y le regale unos copos que desde el cielo, lleguen a caerle en el pelo y mojen sus rizos al deshacerse.

Hace días que no es conmigo lo que antes era; un suspiro de alivio una tarde de primavera, un morderse la lengua, una mano buscando lo que perdió entre las cuerdas de su guitarra, una carcajada rompiendo el silencio de esta casa , de madrugada, un beso en la frente…

Echo de menos ser para ella como la primera estrella que osa brillar, escandalosa, tras la tormenta.

De todas las notas de una canción que suena como salida de una gramola en una estación de tren cuando el último pasó hace horas, es la última nota la que se enreda en tu ropa, te acompaña calle abajo, trepa por tu espalda y, mientras tarareas el estribillo, salta cual invisible grillo hasta llegar a tu oído y allí se instala, para siempre.

Cantarás la misma canción hasta que se te caigan los dientes.

A veces quiero ser esa última nota para viajar con ella por toda Europa.

A veces prefiero terminar antes de empezar y así ahorrarme las despedidas.

Aveces olvido que los demás tienen sus propias vidas pero ayer me colgué un cartel en la espalda en el que está escrito en varios idiomas “prohibido hacerse querer”.

Prohibido hacerme creer que, tal vez, en algún lugar de cuyo nombre no conseguiré acordarme haya un rincón en el que el amor no sea sólo un plato de sopa fría a repartir entre los comensales.

Eso de dejarse llevar puede desencadenar el más predecible de los finales, secando mares que se reencarnan después en lágrimas que el viento seca en una azotea al sol de Marruecos.

La última nota de una canción como salida de una gramola en una estación de tren, cuando el último pasó hace horas, se enreda en mi ropa, me acompaña calle abajo, trepa por mi espalda y, mientras tarareo el estribillo, salta cual invisible grillo, se mete en mi oído y aquí se instala, para siempre.

Se agudiza el oído y se pierde el habla

La primero que vi al entrar en la habitación fué la mancha que decora la pared que se ve al otro lado de la ventana.La luz amarillenta de la farola define, uniendo las sombras, un rostro de mujer, a lo francés, muy bien peinada. Ojos enormes, nariz pequeña y afilada y una boca de piñón con las comisuras perfectamente dibujadas sobre la pared desconchada.

Ligeramente de perfil, observa con su catalejo, ensimismada, todo cuanto sucede en esa casa que, abierta de arriba abajo en sus entrañas, saluda al sol de Marruecos desde la azotea, guarda secretos tras los muros que levantan y sostienen las estancias y sólo un rostro que el tiempo dibujó en una pared encalada, observa y no pierde detalle de todo cuanto acontece, se habla y se calla también, a través de ésa ventana, en la habitación más bonita, de la casa con los habitantes de procedencia más variopinta, en el callejón más estrecho de la ciudad más olvidada.

Aquí se agudiza el oído y se pierde el habla.

Aquí una parte de mi se siente como en casa y la otra nada a contracorriente, con una duda siempre en la frente, el corazón encogido, ahora un suspiro, ahora aprieta fuerte los dientes…

Aquí todos los días son diferentes.

Las tardes de niebla son más que frecuentes tras una mañana calurosa y, en un abrir y cerrar de ojos, es otro mundo éste, aquí, tras la muralla. Hasta el clima improvisa en la ciudad del viento.

Cuando menos lo esperas, una tormenta llega y se queda y mañana será otro día.

Desde el primer relámpago hasta la última gota del agua que moja la ropa que cuelga de un cordel en la azotea, truena el cielo y moja la tierra que todos pisamos.

Una historia se forja al sol de Marruecos. La brisa borra deprisa los recuerdos, el mar curte la piel y ablanda los huesos que, a peso, venderé.

Aquí todos los primeros días de mi vida podrían juntarse y hacer una vida entera. Nueva. Para quien la quiera.

Así, de todos los pájaros que tengo en la cabeza, dejar mi país y venirme aquí, fue la mejor de las ideas.

Me prometí disfrutar de la experiencia, que no dejaría escapar una sola anécdota, que dejaría fluir todo lo que surgiera, por aquello de ser quien yo quiera y , de ésa manera, vivir la vida tan intensa como se presenta. 

Ahora suena un rezo que hace temblar la copa en la mesa y todos callan.

Ahora vendo cada hueso de mi cuerpo, a peso.

Los dientes y la piel también. A granel.

El resto es arena mojada y vino caliente. Lo de siempre.

Aquí dejo el arco, la última flecha, los ojos, la frente, un lunar y la tirita que usé cuando reparé mi ventrículo izquierdo.

Hay algo importante que quiero encontrar y no puedo cargar con todo ese peso.

Si es sólo un cuerpo y lo usaré un ratito, nada más…

Antes de que anochezca, dejaré el hígado y los pulmones en una cesta que no llevaré conmigo.

 

.

Desde el primer relámpago hasta la última gota del agua que moja la ropa que cuelga de un cordel en la azotea, truena el cielo y se moja la tierra que todos pisamos. 

Decidí hacer de mi vida una anécdota entretenida.
Y lo logré.

Escribo desde Essaouira y aquí me quedo, por ahora, regando todo cuanto sembré, vendiendo a peso cada hueso de mi cuerpo.
Los dientes y la piel también.
A granel.

No necesito más de lo previsto para llegar a mañana. Así, despacio, se van haciendo los dias semanas en una ciudad que no es la nuestra pero nos recibe siempre con las mismas ganas.

Si me notan distinta, será que la brisa me secó las lágrimas, el mar me hizo ruda y los atardeceres y la luna me ablandaron y ya no soy tan testaruda en cuanto a mi misma.
En cuanto a los demás, tendré que practicar y aprender a empatizar, a perdonar… así me perdonaré yo también y tal vez encuentre la forma de ser quien quiero ser.

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