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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

@valentinamaleza

14 de frebrero.

Soy de las que no cree en flores, velas ni bombones a regalar, por cojones, un 14 de febrero. Soy de las que prefieren un “te quiero” , así, sin venir a cuento, al cruzarnos por el pasillo. Soy de las que cree en la lealtad sin fecha de caducidad. No creo en aniversarios ni en gestos protocolarios impuestos por un calendario que marca el ritmo de unos latidos que no son los nuestros. Siempre que al pensar en ti me falte el aire o me sobren las palabras te lo haré saber, porque soy de las que se suelen perder, pero a querer, no me gana nadie.

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Todas mis versiones.

Quiero hacer mil cosas a la vez; quiero ser todas mis versiones, subirme a todos los aviones, aprender, hablar tantos idiomas como culturas distintas llegue a conocer, comerme los libros que se acumulan en la buhardilla, cumplir mis promesas, ser la bruja y la princesa de mi propia película en versión original subtitulada, huir de una normalidad sobrevalorada en la que nunca he creído, tener un ejército de insensatos a mi alrededor, sobrevivir a la tormenta que hay entre la cocina y el comedor, ponerme a prueba y superar con creces las expectativas… Quiero ser todas mis versiones y hacer de cada herida una cicatriz preciosa que me recuerde que soy capaz de cualquier cosa.

Ahora te prefiero cuando no estás.

Te quise mucho.

Demasiado.

Con locura, diría.

Tanto te habré querido que me he enamorado de ti ya varias veces en mi vida.

Hasta sentirme perdida.

Y siempre es bonito mientras dura.

Pero aún conservo algo de cordura y sé apartar a quien no me hace bien.

Porque eres ese tren que sé que es mejor perder.

Porque prefiero tu sonrisa cuando es a otra a quien miente.

Porque prefiero ser tu amiga a ser un capricho que termina al encontrar en algún bar el sol que más te caliente.

Te prefiero cuando no soy la serpiente a la que quieres encantar.

Echo de menos la transparencia como esencia en toda personalidad.

Ahora te prefiero cuando no estás.

Fuí adicta a tus llamadas cuando no había nada que ocultar y tu voz era capaz de hacer temblar mis rodillas.

Creo que sigo algo perdida…

Me desorienté al creer por un instante que eras mi norte.

Ilusa.

Volviste a desaparecer y quedé tan confusa que aún busco las piezas que me faltan.

Con locura.

De eso puedo estar segura.

Ahora te prefiero envuelto en las sábanas de cualquier tonta que tú elijas.

Ahora necesito recuperar la dignidad que perdí entre tus piernas cuando renuncié a las mías.

Necesito olvidar tus manos frías ensuciándolo todo.

Ahora me necesito a mí.

Más que nunca.

Mejor que nunca.

Tranquila.

Sin nostalgia.

Sin dudas.

Sin pena.

Sin ti.

@valentinamaleza

Encontraré la manera

He conocido suficientes cobardes como para dudar de nuestra especie y tirar la toalla, maldecir un millón de veces sus huesos, ser impaciente, apretar la mandíbula hasta perder los dientes…

Ahora quiero conocer valientes que me acompañen todas las lunas crecientes como si fuera la primera, que sean capaces de pasar la vida entera bailando al ritmo de unos latidos que no sean los suyos, que puedan mirarme y ver lo que hay dentro, que no lleven una duda tatuada en la frente, que coincida lo que dicen con lo que sienten, que pueda tocar la verdad con mis manos al tenerles cerca, que me hagan reír cuando me pongo terca, que sean de arena y de viento cuando la mediocridad hace acto de presencia y busco el arte en todas partes para que me salve de ser como el resto.

Yo también era capaz de hacer hasta seis cosas imposibles antes de desayunar y no he perdido las ganas de conseguirlo.

Porque no soy la sombra de lo que fuí pero no me rindo.

No voy a desperdiciar mi tiempo con cualquiera y sé que encontraré la manera de volver al punto de partida, de ser mi mejor amiga… De no maldecir sus huesos.

He conocido tantos cobardes como estrellas hay en el cielo una noche de verano a las afueras, pero volveré a ser quien era y habrá valientes que me acompañen sin mentiras que empañen el cristal tras el que escondo una fragilidad que pocos intuyen.

Mi reflejo en una tapa de yogur recién lamida.

Paró la música y me quedé sin silla.

Hoy, desde aquella muralla china con francotiradores apuntando directamente a mi intuición femenina, me declaro un corazón insolvente.
Aquí dejo el arco con casi todas las flechas.

Renuncio también a mis privilegios por ser tu talón de Aquiles.

Abdico de mis funciones como amante intermitente y me voy sin romper ningún espejo, sin malgastar un sólo minuto más de mi tiempo en pedir, hasta en coreano, más peras al olmo.

Me despertaste y ahora soy un murciélago sin farola, el pez que muerde su cola, un escarmiento, un desvarío.

Todo terminaba en puntos suspensivos.

Todo era una duda constante, un problema de identidad delirante que se colaba de cama en cama.
Tú te perdiste y yo estoy buscándome y sé que tengo que estar por aquí cerca, en alguna parte.

Hubo un antes y un después de aquella tarde y habrá un a continuación del desastre.

Aquí dejaste una sonrisa torcida.

El cenicero hasta arriba, mi reflejo en una tapa de yogur recién lamida, una declaración prohibida y un teléfono al que no llamar en caso de urgencia.

Vuelvo siempre, por inercia, a pedirle a Robin que haga de Batman, a esperar que se cumplan promesas que no valen nada, como dirían Los Piratas en una canción que tomé prestada cuando lo que más me apetecia era salir a la calle armada.

Paró la música y me quedé sin silla pero, donde hubo acordes, amiga, siempre sonará la misma melodía.

Siempre la misma maldita melodía.

La misma puta melodía.

Casi comemos perdices

https://valentinamaleza.com/2015/12/15/cambiar-las-sabanas/

Podría algún día olvidar, pero me niego.

Quiero un cerebro sano que no sepa caminar a mi lado sin cogerme de la mano, quiero mis besos de buenos días, cambiar las sábanas, ser tu talón de Aquiles, subir de cientos a miles los versos, hacer las paces, recuperar el peso que perdí en plena guerra de egos y volver a reír, como si nada…

Sería perfecto pero es sólo una ilusión parvularia que nos llevaría, sin remedio, al punto de partida, cuando dejé de parecerte divertida y me cambiaste por cerveza.

Ni perdono ni olvido que me hayas vendido y caiga en mis hombros el peso de las excusas que inventaste en tu última huida hacia delante, que no te llevó a ninguna parte, más que al mismo portal de siempre; el mío.

Una vez me quisiste como se quiere en los libros y casi comemos perdices.

Podrías volver a leerlo y buscar un método, un antídoto a la ironía, un clavo ardiendo al que podamos agarrarnos para salvar lo que ya no queda.

Soy de las que suben a la noria por estar lejos del suelo, por sentirse a medio camino del cielo, ya lo sabes.

Podrías hacer tantas cosas y no haces nada más que meter el dedo en la llaga y salir corriendo….

La Elegancia del Erizo.

He vuelto a comprar La Elegancia del Erizo.

No he podido evitar cogerlo de la estantería en la que permanecía, por su apariencia, desde hacía largo tiempo a la espera de ser leído.

Cada vez que ha caido en mis manos, Muriel Barbery me ha acompañado dia y noche, a sol y a sombra, a todas horas, a todas partes.

Estoy devorando cada página como el primer día y siempre hay un fragmento que quiero subrayar.

…”a fin de cuentas, quizá la vida sea eso, mucha desesperación pero también momentos de indescriptible belleza, donde el tiempo ya no es igual.
Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo… un siempre en el jamás. (…)
A partir de ahora buscaré los siempre en los jamases.
La belleza de este mundo”

Y en ello estoy.

Hoy que he perdido un poco el norte y la esencia, voy a dedicar mi tiempo a dejarme absorver, como tantas otras veces, por esta mujer a la que admiro por hacer que olvide que a mi alrededor hay un ligero hedor a hipocresía.

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