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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

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Volveré cuando consiga juntar todas las piezas otra vez.

Mallorca

No soy nadie aún para juzgar la isla pero puedo ser honesta y decir que esperaba que fuera menos obtusa y más mágica. Porque supongo que busco la magia en todas partes y aquí tendrá que ser una tarea algo más exhaustiva de lo previsto, estoy perdiendo las ganas.

 Aquí en Mallorca, por ahora, puedo maravillarme ante sus playas pero al cruzar la calle no veo más que opulencia , avaricia y cemento.

Aún no he salido de Palma, entendedme. Juzgo la hipocresía de una ciudad que vende una imagen idílica pero, mires donde mires, donde no hay soberbia, hay pobreza y , en consecuencia, prostitución y delincuencia .

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La arena que nos separa del agua cristalina en la que se bañan, son tan suyas como nuestras. En mi ciudad hay una enorme montaña de piedra en la que se halló una virgen negra y los cafés no cuestan tres euros con noventa.

Por supuesto , no es así en todas partes y el centro tiene su encanto, especialmente de noche. Tal vez sea porque recién  llego de Marruecos y de allí me enamoró la sencillez y las aventuras que en ésta isla, dudo que se den. O puede que yo imaginara un ambiente mucho más relajado y al encontrar una ciudad clasista haya auto lesionado mis expectativas y algún que otro plan frustrado.

Tiempo al tiempo , dicen. Tal vez Mallorca me sorprenda si le doy una oportunidad. Por ahora, aquí ni siquiera huele a mar y no hay terraza con vistas en la que pueda yo sentarme a leer sin que una música electrónica demencial estropee el momemto.

Le daré una oportunidad al motivo que me haya traído hasta aquí y no a otro lugar, porque soy una cretina insaciable e insoportable que no parará hasta encontrar un lugar en el mundo en el que me apetezca de verdad alimentarme de la magia que busco y , sin la cual, no sería capaz de vivir.

Gema Albornoz

Las marcas en la piel son cada vez

más difíciles de hacer.

No es suficiente

un rasguño superficial

para que mi mano izquierda

palpe la hendidura

y quiera construir un puente.

Ya ni siquiera siente

aquellas cicatrices sanas —y salvas.

¿Qué haré para contarlas

si no puedo amontonarlas

en un solo jirón?

¿Qué haré cuando olvide

las batallas de las que me sacaron

y de las guerras que gané

—calada en mi propia sangre?

¿Qué haré cuando se apelmacen

y la sienta arruga en un trapo?

Las marcas en la piel

son cada vez más difíciles

de hacer

así como lo es despertar

y desperezarte,

estirazando

cada una de ellas.
Gema Albornoz.

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Tengo un humor de mierda, un armario lleno de ropa negra y doce libélulas histéricas surcan mi piel.

Te querré en todas las vidas en las que volvamos a nacer, porque hay algo en tí que sólo yo podría ver.

Y aunque tenga que atarme una piedra a los tobillos y arrastrar mi nombre por las calles de ésta ciudad, te quiero y te querré en todas las vidas tuyas y mías, porque eso es lo que hace un amor de verdad, de los que nunca mueren…

Mirar y esperar a que el tiempo, poniéndolo todo en su lugar, traiga promesas cumplidas y se lleve o borre las que ya nadie cumplirá.

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Soy la clase de persona que sacrifica su dignidad por un beso en la frente.

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En algún lugar hay alguien que puede verte desde todas las perspectivas y acepta cada centímetro cuadrado de la persona que eres.

Ahora que somos de arena y de viento.

Podrías volverte loco, dejarlo todo, ser menos cauto
y venir a llamar a mi puerta
con tus nudillos de artista incansable
un domingo de mercado, antes de las once.

Si tú quisieras y yo me dejara,
amaneceríamos siameses todas las mañanas, todos los días de la semana.
Te enseñaría a vivir del aire en un tutorial magistral
que será nuestro secreto mejor guardado,
cantaría contigo el estribillo de aquella canción
que sonaba en los 40 Principales cuando ni tu ni yo éramos de arena todavía.

Después de aquel atentado emocional
no he vuelto a inmolarme como antes lo hacía.
Ya no envuelvo el corazón en celofán,
ni duermo con los ojos abiertos
ni me duelen ya las costillas de amar en dirección prohibida.
Ahora soy. Ya no lo intento.

Ahora que somos de arena y de viento
dedica un momento a ser conmigo
la tormenta que todo lo cambie de sitio.
Ahora que ha pasado el tiempo
y tu voz sigue dibujando por todo mi cuerpo libélulas negras,
traigamos al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…
A través de tus pupilas siempre pude ver donde habitan todos tus monstruos.

Si tú quisieras y yo me dejara querer ésta vez,
observaría las constelaciones que dibujan los lunares en tu espalda
hasta que se nos curvaran los huesos,
hasta que el Sol de Mogador nos secara los sesos y no existieran para nosotros los inviernos…
Hasta traer al mundo una hija albina que herede tus talentos y mis manías.
Que tenga tus ojos…

Me levanto el castigo…

No puedo soportar su manera de pedir un respeto que nunca está de vuelta.

No puedo más con su bipolaridad permanente, con su manía de engañar a la gente,  con su mal humor y peores formas, con sus cabezas cuadradas de madera, barnizadas en un tono tan oscuro como sus miradas.

No creo una sola de sus palabras.

Ésta locura, no hay razón que pueda pararla.

A la misma velocidad a la que se destruye ésta casa, ellos terminan con toda una cultura, con sus tradiciones , con las paciencias , con las pasiones… Con todo.

Ni siquiera respetan la influencia de la luna en las mareas y a cada piedra que arrojan sobre sus tejados, se inunda y se hace cada vez más pequeña una ciudad de la no saldrán .

Si el viento pudiera decirles lo que piensa…

Si las mareas hicieran del romper de las olas  un lenguaje universal …

Si ellos se vieran desde fuera…

Ansían las estrellas, más sentados en la misma silla, sólo miran y esperan.

Mienten y esperan a ver quebrarse la madera, a oír sonar los tambores, a que tiemble el suelo.

Dejarían caer la casa si de ellos dependiera, pero voy a ser más de esta tierra que ellos mismos.

Voy a cerrar los ojos y a taparme oídos hasta que sean de cemento las conciencias .

No aguanto un minuto más tener que guardar las apariencias , ser amable…

Lo que tarda el agua en volver a su cauce, es el tiempo que tardaré en quemar las postales, salir corriendo, ser salvaje, como han sido ellos…

Haré una lista de todo lo desaprendido y, con un portazo, me despido.

Me levanto el castigo.

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