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ValentinaMaleza

"ciclotimia intermitente"

Según…

Hay personas que inspiran y otras que están para admirar, imitar o criticar según se les dé pensar, según lo felices que sean, según suba o baje la marea, según sople el viento…

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De todas las libélulas, la que en su vuelo se quedó más quieta es la que más respetan. 

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Yo ya lo he hecho.

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Llego a grandes conclusiones y me acerco a la verdad, de puntillas, sin asustarla. Así, dejando que las letras me dicten a mí, es más fácil atraparla.

Lo que quedó tras nueve años de canciones.

Hay un latido que conserva la emoción de aquella canción que compuso la persona que ya no eres.

Un par de acordes unieron a dos seres que, de tanto amarse, gastaron un verbo que nadie jamás volverá a conjugar como ellos lo hicieron.

Y eso les hizo fuertes y los hizo eternos, o eso creían. 

De todo lo que se decían, sólo las fotografías guardan el respeto que todo corazón merece.

Una guitarra destartalada, una barba poco cuidada,  una americana gris y un alma tan pobre que sólo tiene dinero.

Eso es lo que quedó tras nueve años de canciones.

Ella es el resultado de un sinfín de decepciones y viste siempre de negra nostalgia, abrazando el latido que conserva la emoción de aquella canción que compuso la persona que él ya nunca será. 

Pero si el tiempo cura o tortura sólo el tiempo de nuevo lo dirá. 

Aquello que parecía indestructible se lo llevó el viento casi imperceptible que levantó aquel libro nuestro al ser cerrado con brusquedad.

No existe la historia perfecta ni la persona correcta en la que confiar.

Que el destino decida por nosotros y poco a poco saldrá la verdad.

Voy a contarlo.

Escritora frustrada en paro, futura madre soltera y actual embarazada confusa y asustada, residente en Palma mientras echa de menos Marruecos con toda su alma.

Esa soy yo.

Mi barriga es un milagro con el que no contaba y aún a estas alturas me cuesta creer que sea verdad. Pero es MI milagro y he decidido afrontarlo sola.

Aquí estamos, a por todas.

Tengo el tiempo justo para crear el mundo al que quiero verle llegar mientras veo mi cuerpo cambiar muy rápido y lucho contra mis hormonas para evitar que la inestabilidad emocional se interponga en mis planes.

Ardua tarea.

Es cierto que el embarazo es una experiencia única aunque de idílica no tenga nada y sé que muchas me vais a entender.

Y si no es así,  ya lo haréis…

Porque he pasado por las náuseas y la somnolencia sin poder pagarlo con nadie,  porque ya no me entra la ropa y en el espejo sólo encuentro una tripa enorme a la que mi pandero y mis muslos acompañan y no tengo a quien me mienta y me llame guapa, porque mi familia está lejos y lo poco que comparto con ellos es por whatsapp, porque tengo un humor de perros,  luego lloro de alegría y al rato quiero gritar porque no hay espárragos blancos en el supermercado, porque nadie me da la mano en las ecografías, porque estoy en paro y me pregunto quién va a contratar una inminente baja por maternidad, porque tengo miedo, porque tengo dudas y porque sé que no soy la única. 

Por todo eso he decidido contarlo, compartirlo y volver aquí de vez en cuando en busca aún no sé de qué. 

Pasé medio año en Marruecos,  llevo otro medio en Mallorca, mi familia está en Barcelona y yo no sé donde quiero vivir. No sé cómo quiero vivir. No sé cómo voy a organizame para seguir haciendo lo que me hace feliz y ser a la vez una buena madre. 

No sé por donde empezar a construir. 

Sin pretender que sea una entrada magistral, aquí dejo esta declaración para aportar algo de verdad al surrealismo que invade mis días y si de paso alguien se siente identificado, que me lo haga saber, que será agradable tener algo de apoyo virtual en ésta aventura que acaba de empezar. 

Aprendí a ser invisible cuando todos miran.

Porque tengo una sola vida, vísteme de loba y sácame del rebaño, que el puente mil veces cruzado lleva al estanque donde todos duermen.

Quiero estar bien despierta cuando el frío llegue y lo cambie todo.

Quiero ser muy consciente de aquello que digan los versos que surgen de los tropiezos de quien más veces se puso en pie. 

Allí donde perdí la dignidad encontré el sentido de las frases que, de tantas veces repetidas, llegaron a ser lo más parecido a la verdad.

Estaré, sin ser vista, en todas las canciones que hablen de libertad y entre las páginas de ése diario tan personal que cerraste con veinte candados justo antes de lanzar la llave al fondo del mar sin pararte un segundo a pensar si era la mejor de las ideas. 

Y puede que lo fuera.

Hacer borrón y cuenta nueva era una opción inteligente.

Barrer las cenizas, dejar un corazón hecho trizas en urgencias,  sacar a pasear todas las caras de la misma jodida moneda …

Aprendí a ser invisible cuando todos miran y allí,  al fondo a la derecha, clavé la flecha que habrás de arrancar.

Sobreviviré a todas las guerras que inventes.

Si hay que echarle un par, que cuenten conmigo. 

Si hay que combatir la crueldad con la indiferencia, veremos qué puedo hacer con la paciencia que agotó tu ausencia los días de miedo, historias tremendas…

Sobreviviré a todas las guerras que inventes con la excusa de defender tierras que nunca fueron tuyas.

Sobreviviré a tus locuras y a mis realidades, al frío abrazo de los desleales, al ruido de tus nudillos golpeando mi ventana, a los cuatro anormales que aplauden con las orejas a la oveja más tonta del rebaño. 

Porque no hay que ser ingeniero aeronáutico para saber que blanco y en botella es leche.

Porque no hay más que echarle un vistazo a tu expediente para ver que ni eres valiente, ni tienes dos dedos de frente, ni tu bandera es tuya ni es de nadie. 

Si hay que echarle un par, que no cuenten contigo.

Porque si hablo de principios y valores te suena a comida tailandesa y yo ya no aguanto a las mentes limitaditas, como las vuestras.

Si hay que echarle un par, que cuenten con nosotros, que podemos con esto, con lo que venga y con mucho más.  

Si hay que echarle un par, que griten mi nombre y verán de lo que soy capaz.

Si os contara el motivo de mi ausencia…

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